Sociedad

Segunda ola de coronavirus: cómo ha bajado el perfil de edad y por qué afecta a menos mayores ahora

Pablo Recio

Martes 18 de agosto de 2020

1 minuto

Los mayores siguen siendo grupo de riesgo aunque se contagien menos

Perfil de contagiado en la segunda ola: más jóvenes pero sigue siendo más grave en mayores

Desde que comenzaron a producirse brotes​ tras la desescalada, el perfil del contagiado por coronavirus -al que se le realiza PCR y se notifica como tal- ha cambiado radicalmente. Según datos del Ministerio de Sanidad y de las Comunidades Autónomas, la mayoría de positivos son adultos jóvenes. De esta manera, la media ronda los 38 años, según el último estudio del Instituto de Salud Carlos III (aunque depende de las regiones), y de entre los contagiados, un 60% son asintomáticos, cuando se detectan. 

Así lo destacaba el director del Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, este lunes. "La edad media es cada vez más baja. Tenemos una media de alrededor de los 40 años", comentaba. En concreto, se ha situado en 37 años para hombres y 39 para mujeres, con datos del 13 de agosto.

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Fuente: Instituto de Salud Carlos III. 

 

Con todo, aunque se detecten más casos en jóvenes, los mayores de 50 años siguen siendo los que más síntomas graves desarrollan, tanto durante la primera ola como actualmente, en la segunda ola, que muchos ciéntificos piensan que ha empezado ya. Además, se trata del segmento de edad -sobre todo para los que tienen más de 70- donde hay un mayor número de decesos. 

¿Por qué se contagian menos los mayores ahora?

Existen varias teorías de por qué se contagian menos los mayores desde la desescalada. Algunos expertos apuntan a que esta menor incidencia tiene que ver con que el colectivo toma más medidas de precaución en su vida social (incluyendo aquí a los mayores que viven en residencias, donde la mayoría de brotes, por ahora, registran pocos casos, salvo excepciones).

Otros, sostienen que se debe también, en parte, a que se detectan más casos que durante la primera ola, cuando la mayoría de pruebas se hacían únicamente a ingresados en hospitales. 

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Fuente: Instituto de Salud Carlos III. 

 

Pese a todo, esta tendencia no significa que las personas de más edad no se puedan contagiar, sobre todo si en sus contactos sociales con miembros más jóvenes se descuidan las normas de seguridad, tanto por una parte como por otra. 

Así lo entiende el delegado en SUMMA 112 del sindicato médico AMYTS (@amytsmedicos), Óscar Rodríguez, que destaca que los mayores actualmente "son muy responsables".

Además, asegura, "mantienen un pseudo-confinamiento, llevan mascarillas y evitan las reuniones manteniendo la distancia social", unas medidas que, según el médico, influyen en que se contagien menos.  

Por ello, a su parecer, esta tendencia a infectarse menos no debería cambiar, a no ser que "los hijos dejen a los nietos con los abuelos tras la vuelta al colegio".

Un factor, que también preocupa al investigador y médico, Salvador Macip, que asegura a 65Ymás que "cuantos más casos haya, más difícil es evitar el contagio. La reapertura de los colegios puede ser un punto problemático".

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Fuente: Instituto de Salud Carlos III.

 

Otro factor podría ser el grado de inmunización y las medidas de protección, aislamiento y prevención que existen actualmente en las residencias -donde viven más de 300.000 mayores en España y que han sido uno de los espacios más castigados por el virus durante la primera ola-. 

"En algunas, cuando han hecho las serologías, el 70% habían pasado el coronavirus. Puede ser una de las razones", opina María José Barrera Gómez, médico del Centro de Atención a Personas con Discapacidad de Getafe (Comunidad de Madrid).

"Los contagios son más entre gente joven, por las fiestas nocturnas, los botellones... La agresividad es menor, hay muchos asintomáticos. Respecto a la gente mayor, se cuidan más. Respetan más las normas. Pero el virus sigue siendo igual de letal. Cada vez hay más contagiados y más ingresos. En el clínico de San Carlos había 44 COVID ingresados por neumonía y en la UCI, 3 o 4. También hay gente joven. La media de edad de ingresos es de unos 40 años ahora", comenta la médico de familia y delegada de Atención Primaria de AMYTS, María Justicia.

Y es que, el factor miedo, según Ana Giménez, médico de familia y de Urgencias del hospital Infanta Leonor y miembro de AMYTS, juega un factor determinante. "El riesgo de morirse de coronavirus si tienes menos de 30 años es muy inferior a si tienes más de 65. Y eso, de alguna forma, está condicionando la distinta actitud y cuidado de los grupos de población", considera. 

Por su parte, la vocal de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (@seggeriatria), María Isabel Galvá, entiende asimismo que se ha producido un cambio en las costumbres de la población más mayor, lo que ha derivado en menos contagios. "Durante el confinamiento y la desescalada las personas de edad avanzada han sido muy responsables. Incluso, cuando se permitieron las salidas, por miedo o por respeto, les ha costado reiniciar su vida normal", explica. 

"Quiero pensar que la población general también ha aprendido el riesgo que supone no llevar mascarilla cuando estamos cerca de una persona mayor", añade por su parte el Dr. José Ramón Arribas, miembro de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (@SEIMC_), que comparte con sus compañeros que los mayores están siendo más responsables.

Los hombres mayores, más proponesos a sufrir un cuadro grave 

Aun así, el estudio COVID-19@Spain, promovido por la SEIMC, corrobora que los mayores siguen siendo uno de los principales grupos de riesgo. Sin embargo, actualmente, sin un colapso sanitario comparable al de la primera ola y con acceso a PCRs (que permiten un diagnóstico precoz), se ha reducido la tasa de mortalidad para este colectivo, según datos del Ministerio de Sanidad. 

Respecto al estudio COVID-19@Spain, la foto fija y hallazgos de la cohorte nacional analizada (estudia los primeros 4.035 pacientes con COVID-19 ingresados desde el inicio de la epidemia hasta el 17 de marzo de 2020) muestra que la edad media fue de 70 años y el 25% tenía más de 80 años.

Así, el 61% eran hombres. Más del 70% tenía alguna enfermedad subyacente y más del 25% padecía al menos tres enfermedades de base. Las más frecuentes fueron hipertensión arterial, cardiopatía crónica, diabetes, EPOC y obesidad.

Los síntomas más comunes fueron fiebre, tos, malestar general y dificultad para respirar. Durante la hospitalización, uno de cada tres pacientes desarrolló síndrome de distrés respiratorio agudo, el 18,5% ingresaron en UCI y el 15,5% fueron sometidos a ventilación mecánica. Fallecieron el 28% de los pacientes y la muerte ocurrió como media 10 días después del ingreso. La mortalidad fue del 59,3% en los pacientes con distrés respiratorio, del 54.9% en aquellos con edad igual o superior a 80 años, del 47,7% en aquellos que tenían tres o más enfermedades subyacentes, del 45,7% de aquellos sometidos a ventilación mecánica y del 42,4% de aquellos ingresados en UCI.

El análisis estadístico, que ha sido publicado en la revista Clinical Microbiology and Infection, puso de manifiesto la existencia de 17 variables que se asociaron con mayor riesgo de muerte, el más determinante de los cuales fue la edad. También se asociaron con mayor riesgo de muerte el sexo masculino, la presencia de algunas enfermedades subyacentes (hipertensión arterial, obesidad, cirrosis hepática, enfermedad neurológica crónica, cáncer activo y demencia), algunas características clínicas como dificultad respiratoria o disminución de la conciencia, la baja oxigenación de la sangre y algunas pruebas de laboratorio como el cociente neutrófilos/linfocitos y la función renal.

Merece la pena resaltar que no hubo diferencias en la mortalidad ajustada por gravedad entre las diferentes zonas geográficas, lo que habla a favor de la homogeneidad en la calidad asistencial en el país.

Hasta la fecha, según la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, se han publicado tres cohortes nacionales de pacientes hospitalizados con COVID-19, dos de China y una del Reino Unido. En todas ellas se hizo una descripción más o menos pormenorizada de los pacientes, la enfermedad y la evolución; sin embargo, en ninguna de las tres se examinó el papel de las pruebas de laboratorio en el pronóstico de la enfermedad.

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