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Adamuz: un pueblo solidario, el hogar del pensionista y nietos buscando desesperados a sus abuelos

Pablo Recio

Martes 20 de enero de 2026

7 minutos

Los vecinos respondieron "desde el primer minuto y de forma masiva"

Adamuz: un pueblo solidario, el hogar del pensionista y nietos buscando desesperados a sus abuelos
Pablo Recio

Martes 20 de enero de 2026

7 minutos

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4.416 habitantes, el 19% mayores de 65 años, según el INE. Así es Adamuz, el municipio cordobés que la tarde del fatídico domingo 18 de enero se convirtió en ejemplo de solidaridad.

Sus vecinos fueron los primeros en llegar a la zona cero de la tragedia ferroviaria –que ha dejado al menos 40 muertos, más de un centenar heridos y varias decenas de desaparecidos–, los primeros en ayudar a los heridos usando sus coches como ambulancias improvisadas y los primeros en atender y dar apoyo a los familiares que, angustiados, llegaban a la localidad, desesperados por conseguir información sobre sus seres queridos.

Visiblemente emocionado y agotado tras toda una noche en vela de horror y dolor, el alcalde de la localidad, Rafael Ángel Moreno, destacaba "la solidaridad espontánea e inmediata ante el horror de esta catástrofe, respondiendo desde el primer minuto y de forma masiva". 

EuropaPress 7229215 caseta municipal adamuz donde atendido victimas accidente ferroviario

Un pueblo solidario

Así lo confirma también el párroco de la localidad, Rafael Prados. Según cuenta a 65YMÁS, sin dudarlo, la localidad se volcó y no hizo falta que nadie organizase nada de antemano. 

"Todos bajaron inmediatamente. Incluso hubo personas que ofrecían sus casas por si alguien tenía que pasar la noche. Otros bajaban con agua, mantas, bocadillos e incluso colchones", comenta. 

"Los heridos eran atendidos por sanitarios, y a los que estaban físicamente bien, los derivaban con nosotros", comenta. Y conforme llegaban, añade, les "íbamos acogiendo". 

En concreto, detalla, como ya había caído la noche y hacía frío, llevaron a los supervivientes a una nave que tenía el Coro Romero de la Virgen del Sol de Adamuz, en la que había una estufa, para que pudiesen estar resguardados y en un lugar caliente.  

"Diría incluso que, en algunos momentos, había demasiada gente queriendo ayudar", reconoce a este diario Ana, presidenta de la Asociación de Mujeres de la localidad y miembro del Coro Romero.

En su caso, tuvo que quedarse en casa cuidando de sus dos hijos, que estaban enfermos, pero el resto de su familia se volcó desde "primerísima hora". "No había distinción de edad, jóvenes y mayores, todo el que pudo bajó", comenta. "La verdad, fue una noche horrible", afirma. 

El relato de las víctimas

Allí, en la nave en la que les acogieron, los vecinos pudieron conocer de primera mano la situación de las víctimas que, por suerte, habían salido ilesas o con pocos daños del accidente, algunas de las cuales eran mayores. 

"Había una señora, pobrecita, que se mostraba muy preocupada. Ella estaba relativamente bien, aunque iba con el brazo en un cabestrillo, pero sólo decía: '¿Y mi maleta y mi medicación?'", relata el párroco –la había perdido en el tren a raíz del accidente–. 

"Nosotros les intentábamos ayudar en lo material y les escuchábamos", comenta. "No hay nada que digas que reporte consuelo; lo único es dejar que la persona se desahogue y ser un poquito el bálsamo en medio del dolor", afirma.

"Nos contaban historias de todo tipo. Había personas que cogieron el tren por casualidad y no lo tenían planeado así, una pareja que volvía recién prometida de Madrid o algunos que estaban angustiados tratando de encontrar a sus familiares", señala. 

Incluso, asegura, presenció como "dos niños" buscaban "a sus abuelos" y, finalmente, "gracias a Dios, pudieron localizarlos".

Familiares en el hogar del jubilado

Y en paralelo, en el Hogar del Jubilado de Adamuz, un equipo multidisciplinar de profesionales asistía a los familiares, que iban llegando de distintas partes de España, para buscar a sus seres queridos –posteriormente, se les trasladó a Córdoba–.

Amalia León, trabajadora social de Cruz Roja y vecina del municipio, estuvo acompañándoles en este centro, donde se les proporcionó "un ambiente tranquilo y ordenado", garantizando "que no le faltase a nadie un abrigo o alimento", mientras esperaban a tener información sobre sus allegados. 

"Hemos dado todo el apoyo y el calor humano que hemos podido", sostiene. Y no estuvieron solos, apostilla. Allí también contaron con la ayuda de los vecinos, que les llevaron "víveres, calzado...". 

Ahora bien, no será fácil de olvidar o digerir el drama vivido en este pequeño municipio, puntualiza por su parte el párroco Rafael Prados. "Es inevitable. Esta mañana todavía me encontraba a señoras que lloraban al decir dos palabras sobre el tema. Pero estoy muy orgulloso de la gente de mi pueblo, por cómo han reaccionado ante una catástrofe así sin necesidad de que nadie pidiera ayuda. Te queda esa 'espina en el corazón' por haber conocido tantos rostros e historias, pero también el consuelo de haber hecho lo que se debía", valora.

Sobre el autor:

Pablo Recio

Pablo Recio

Pablo Recio es periodista especializado en salud y dependencia, es graduado en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid y comenzó su carrera profesional en el diario El Mundo cubriendo información cultural y económica. 

En 65Ymás, ha contado el drama vivido en las residencias durante la pandemia y ha sacado diferentes exclusivas de impacto como 81 menús de residencias de mayores, a examen: "Baja calidad nutricional y abuso de procesados"que fue citado en una comisión de investigación en la Asamblea de Madrid. 

Además, fue cofundador de la radio online Irradiando y cuenta con un máster en Gobernanza y Derechos Humanos por la Universidad Autónoma de Madrid y otro en Periodismo por el CEU San Pablo/Unidad Editorial. 

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