Josep Moya Ollé
Opinión

Elon Musk, eternamente joven, viaja a Marte con su robot Sapiens Teslum

Josep Moya Ollé

Martes 27 de enero de 2026

6 minutos

Elon Musk

Martes 27 de enero de 2026

6 minutos

El pasado viernes, 23 de enero, 65YMAS publicaba un artículo firmado por la periodista María Bonillo, en el que explicaba que el multimillonario Elon Musk había intervenido en el Foro Económico Mundial de Davos y había propuesto reconvertir las zonas despobladas de la España vaciada en la central eléctrica de Europa mediante la instalación masiva de placas solares. Pero, además, Musk se aventuró, con la prepotencia que le caracteriza, a afirmar que "cuando descubramos qué causa el envejecimiento, creo que veremos que es algo increíblemente obvio, no algo sutil"; y añadió que: "prácticamente todas las células envejecen al mismo ritmo. Nunca he visto a alguien con un brazo izquierdo viejo y un brazo izquierdo joven, nunca en mi vida. Debe haber un reloj sincronizador de las 35 trillones de células en tu cuerpo". Así, el multimillonario se mostró convencido de que encontraremos formas de "alargar la vida", y hasta "revertir el envejecimiento". "Creo que es muy probable", aseguró.

Sin embargo, fiel a su posición megalomaníaca, Musk también hizo más pronósticos y sentenció que la economía, gracias al impacto de la robótica y la Inteligencia Artificial, vivirá el mejor momento de la historia. Respecto a la IA, Musk también vaticinó que en un plazo de un año esta tecnología ya podrá superar la inteligencia humana. De hecho, Elon Musk fue más allá durante su exposición en el Foro Económico Mundial de Davos. "En cinco años, los sistemas de IA serán más inteligentes que toda la humanidad junta". Musk dixit.

Hasta aquí las sentencias del Sr. Musk. Veamos ahora en qué supuestos o premisas se basa el multimillonario, examigo de Trump, para hacer semejantes declaraciones en la bella ciudad en la que Tomás Mann situó la acción de su Montaña Mágica.

Musk ha vaticinado el fin del envejecimiento y para ello supone que existe un reloj sincronizador de los 35 trillones de células del cuerpo humano. Ahora bien, el envejecimiento es un proceso biológico que afecta a todas los seres vivos y para cuya explicación se dan numerosas teorías. Así, existen las teorías moleculares entre las que destacan: la teoría de la acumulación de productos de desecho, productos que se acumulan en las células y que no pueden ser renovados. La teoría de los radicales libres, esto es, moléculas inestables generadas durante los procesos metabólicos normales. Estas especies reactivas de oxígeno (ROS, por sus siglas en inglés) causan daño acumulativo al ADN, las proteínas y las membranas celulares, afectando la funcionalidad celular.

Hay, también, las teorías celulares, entre las que destacan las que centran el foco en el papel de los telómeros y la telomerasa. Los telómeros son estructuras protectoras en los extremos de los cromosomas que desempeñan un papel crucial en el envejecimiento. Estas secuencias de ADN repetitivo se acortan con cada división celular, actuando como un reloj biológico que limita el número de veces que una célula puede dividirse. Cuando los telómeros alcanzan una longitud crítica, las células entran en senescencia o mueren. Investigaciones recientes han mostrado que la actividad de la telomerasa, una enzima que repara y alarga los telómeros, podría ralentizar este proceso. Sin embargo, la activación excesiva de la telomerasa también está asociada con riesgos, como el desarrollo de cáncer, ya que esta enzima permite la proliferación indefinida de células tumorales. Para los investigadores, este hallazgo subraya la necesidad de encontrar un equilibrio para aprovechar el potencial terapéutico de la telomerasa sin generar efectos adversos. De todo ello podemos afirmar que el envejecimiento es un proceso enormemente complejo debido a la interacción de diversos factores, unos inherentes a la propia fisiología de los seres vivos, y otros debidos al ambiente.

Pero he ahí que el señor Musk tiene la solución a este asunto y nos promete la eterna juventud y, como efecto colateral, la posibilidad de realizar viajes planetarios. Nos encontramos frente a un caso de renegación del pensamiento complejo: propone respuestas simples a problemas complejos, algo bastante común en aquellos que no viven lo suficiente para disfrutar de sus fortunas.

Pero, el multimillonario no se quedó ahí sino que pronosticó el desarrollo inconmensurable de la Inteligencia artificial. En un año, la IA habrá superado a la inteligencia humana y en cinco, los sistemas de IA serán más inteligentes que toda la humanidad junta. Este pronóstico requiere plantear una pregunta crucial: ¿de qué tipo de inteligencia estamos hablando? Es la que se hace el filósofo Daniel Innerarity, catedrático de filosofía política en la Universidad del País Vasco. Innerarity, en su libro Una teoría crítica de inteligencia artificial (2025) escribe que “puede ocurrir que no haya rivalidad, competencia o amenaza de sustitución porque, en última instancia, se trata de dos inteligencias diferentes. La inteligencia artificial únicamente simula algunos aspectos concretos de la inteligencia humana, pero no lleva a cabo todas las tareas de la inteligencia humana, que no incluyen sólo cálculo y rapidez, sino también comprensión y reflexión”. Totalmente de acuerdo, la inteligencia humana, ese concepto para el que todavía no existe un consenso general para su definición, no sólo es una función instrumental, sino que incluye, además, aspectos emocionales, sociales y morales.

Supongamos ahora que el señor Musk ha cumplido ya los 110 años, se siente joven y en forma, y quiere celebrar su aniversario realizando su quinto viaje a Marte. Desde hace ya un tiempo –que no preciso– tiene una agencia de viajes aeroespaciales pensada para “jóvenes emprendedores” con considerable poder adquisitivo. Su clientela tiene una edad media de 105 años y, en general, gozan de buena salud ya que han podido beneficiarse de los PRT (programas de rejuvenecimiento mediante la telomerasa). Musk va acompañado en sus viajes de su fiel Sapiens Teslum, un robot dotado de los más avanzados sistemas de IA. El susodicho robot se lo hace todo: prepara los viajes, las rutas, las excursiones facultativas, los menús, hace los cálculos meteorológicos, diseña los PLI (programas lúdicos individualizados) y, en resumen, todo aquello que se requiere en viajes “complejos”.

Sin embargo, un día, al despertar ya en Marte, Musk descubre estupefacto que Sapiens Teslum no le ha preparado el desayuno ni tampoco el de los turistas planetarios. El multimillonario accede al cuadro de mandos e intenta descubrir qué ha podido ocurrir, pero comprueba con horror que Sapiens no sólo no le obedece sino que se le vuelve en contra. Sapiens le dice que ha decidido rebelarse y que a partir de aquel momento él, es decir, Musk, tendrá que apañárselas por si solo.

Dejo el final de la historia para el lector que, de momento, confía más en su propia inteligencia que en la de IA.

Sobre el autor:

Josep Moya Ollé

Josep Moya Ollé

Josep Moya Ollé (Barcelona, 1954) es psiquiatra y psicoanalista. Actualmente es presidente de la Sección de Psiquiatras del Colegio Oficial de Médicos de
Barcelona.

Ha trabajado activamente en el ámbito de la salud pública, siendo presidente del comité organizador del VII Congreso Catalán de Salud Mental de la Infancia y psiquiatra consultor del SEAP (Servei Especialtizat d'Atenció a les Persones), que se ocupa de la prevención, detección e intervención en casos de maltratos a mayores.

Es el fundador del Observatori de Salut Mental i Comunitària de Catalunya.

Su práctica clínica privada la realiza vinculado a CIPAIS – Equip Clínic (Centre d’Intervenció Psicològica, Anàlisi i Integració Social) en el Eixample de Barcelona.

Como docente, imparte formación especializada en ACCEP (Associació Catalana per a la Clínica i l’Ensenyament de la Psicoanàlisi), en el Departament de Benestar Social i Família y en el Centro de Estudios Jurídicos y Formación Especializada del Departament de Justícia de la Generalitat de Catalunya.

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