Josep Moya Ollé
Opinión

La salud mental de los mayores

Josep Moya Ollé

Foto: Fotograma de la película 'Amor'

Martes 16 de diciembre de 2025

6 minutos

La salud mental de los mayores

Foto: Fotograma de la película 'Amor'

Martes 16 de diciembre de 2025

6 minutos

Este domingo, día 14 de diciembre, 65YMAS publicaba un interesante artículo titulado De qué mueren los españoles (y de qué enferman): principales enfermedades, que firma Miriam Gómez. La autora resalta, en el encabezamiento, un dato crucial: el peso creciente de la salud mental y el repunte de las enfermedades respiratorias marcan el panorama sanitario. Me centraré en el primero: la salud mental, y más específicamente, la de los mayores.

Es innegable que las cuestiones referentes a la salud mental van interesando cada vez más al público en general y a la clase política en particular. Van quedando lejos aquellas actitudes según las cuales era necesario ocultar el sufrir algún tipo de proceso mental mórbido. No sólo eso, estamos en un momento de la historia en el que casi queda bien decir, en público, que se padece algún tipo de trastorno mental.

En ocasiones, los pacientes se presentan en la consulta autodiagnosticándose: “soy un esquizofrénico”, “soy autista”, “soy bipolar”. Adviértase el uso del verbo “ser” en sustitución del verbo “tener”. No obstante, también hay que señalar que en otros casos sí se emplea el “tener”, por ejemplo, “tengo una depresión” o “tengo ansiedad”. Parecería, por tanto, que hay algunos trastornos mentales que se tienen mientras que en otros se es o se está.

La etiqueta diagnóstica puede llegar a ser más importante incluso que el nombre propio. Hay personas que cuando solicitan por teléfono una primera cita con un especialista, psiquiatra o psicólogo, se presentan afirmando lo que supuestamente son (depresivo, psicótico, bipolar) pero se olvidan de decir su nombre.

Veamos ahora algunos datos. La Organización Mundial de la Salud, en un informe publicado el 8 de octubre del 2025 señala los siguientes datos:

• En 2030, una de cada seis personas en el mundo tendrá 60 años o más.

• La soledad y el aislamiento social son factores de riesgo cruciales para las afecciones de salud mental en etapas posteriores de la vida.

• Uno de cada seis adultos mayores sufre malos tratos, a menudo por parte de sus propios cuidadores.

• Aproximadamente el 14 % de los adultos de 70 años o más tienen un trastorno mental.

• Los trastornos mentales en los adultos mayores de 70 años o más representan el 6,8 % del total de años vividos con discapacidad para ese grupo etario.

El informe de la OMS añade otros datos, también muy significativos:

Las afecciones de salud mental más frecuentes en los adultos mayores son la depresión y la ansiedad.

Las estimaciones mundiales de salud 2021 muestran que, a escala mundial, alrededor de una sexta parte de las muertes por suicidio (16,6 %) se producen en personas de 70 años o más.

En cuanto a los factores de riesgo, la OMS explica que a edades más avanzadas, la salud mental viene determinada no solo por el entorno físico y social, sino también por los efectos acumulativos de experiencias vividas y los factores estresantes específicos relacionados con el envejecimiento. La exposición a la adversidad, la pérdida considerable de capacidad intrínseca y una disminución de la capacidad funcional pueden provocar malestar psíquico.

Detengámonos un momento en la cuestión de los mencionados efectos acumulativos de experiencias vividas. Parece claro que en función de cómo han sido y son esas experiencias la persona mayor va a tener una determinada visión de la vida. Así, si esa persona ha ocupado un lugar digno en su contexto familiar, ha sido respetada y amada, ha sentido que sus opiniones se tenían en cuenta y, además, su trayectoria vital ha transcurrido acorde con sus expectativas es más que probable que se podrá enfrentar a las vicisitudes del envejecimiento en mejores condiciones subjetivas que aquella otra que haya sido humillada, ya sea por su entorno laboral, el familiar o ambos, maltratada, o que considere que su devenir en la vida ha estado marcado por una vivencia de fracaso. Se envejece como se ha vivido, es una expresión clásica, y no le falta razón.

Veamos ahora el peso de la exposición a la adversidad y la disminución de la capacidad funcional. Por ejemplo, una persona que ha ejercido una actividad básicamente intelectual y sufre, de manera progresiva, una pérdida de la visión que la conduce a la ceguera. Esta persona ha invertido horas y horas en la lectura de libros y artículos, ha dado numerosas conferencias, tiene una biblioteca con miles de documentos pero, a partir de un momento, no podrá utilizarlos. Cuando se le pide que imparta una charla tendrá que “tirar de lo que recuerdo” ya que no puede consultar la mayor parte del material que ha ido acumulando a lo largo de los años. Esa pérdida de visión le provoca considerables limitaciones en la realización de las actividades de la vida cotidiana pero, sobre todo, merma e incide negativamente en lo que ha sido el principal motor de su existencia, de su lugar en el mundo.

Parece claro que los adultos mayores tienen y tenemos más probabilidades de experimentar eventos adversos como el duelo, una reducción de los ingresos o un menor sentido de propósito con la jubilación. Hace unos días, un paciente, dirigente de una importante empresa, me decía que sentía angustia y tristeza al pensar que pronto se jubilará y ello comportará una intensa vivencia de pérdida. “Yo he creado esta empresa, he dedicado toda mi vida a ella, ¿qué haré después?”. Este hombre sufre un duelo anticipado, se angustia por lo que sabe que va a perder, y se entristece anticipadamente por ello.

Finalmente, para no extenderme demasiado, el tema del suicidio. No me referiré a las frías estadísticas ni a los factores de riesgo. Les recomiendo únicamente una película: Amor (título original francés Amour), una película del año 2012, escrita y dirigida por Michael Haneke, y protagonizada por Jean-Louis Trintignant, Emmanuelle Riva e Isabelle Huppert. La película narra la historia de dos profesores de música retirados (Georges y Anne), interpretados por Trintignant y Riva. Una mañana, mientras estaba desayunando, Anne sufre un episodio vascular cerebral y poco tiempo después pierde la capacidad del habla. La situación se va deteriorando hasta que un día, Georges, la asfixia con la almohada. Acto seguido, Georges sella las puertas y ventanas del piso y abre el gas. Quiero añadir que en la película no se insinúa para nada que Georges sufriera algún tipo de trastorno mental, pero sí deja muy claro que no pudo soportar ver a su pareja, que otrora había sido una famosa pianista, en un estado catatónico. Podría parecer algo contradictorio que una película titulada Amor acabe con un crimen y un suicidio, sin embargo, el relato está marcado por un vector profundamente amoroso y su desenlace es la consecuencia de un imposible de soportar.

Como médico he podido comprobar cómo muchas personas ancianas que sufren diversos procesos patológicos mueren sin que ninguno de estos sea lo suficientemente grave para explicar el desenlace fatal. Una geriatra me dio una respuesta: mueren de tristeza.

Sobre el autor:

Josep Moya Ollé

Josep Moya Ollé

Josep Moya Ollé (Barcelona, 1954) es psiquiatra y psicoanalista. Actualmente es presidente de la Sección de Psiquiatras del Colegio Oficial de Médicos de
Barcelona.

Ha trabajado activamente en el ámbito de la salud pública, siendo presidente del comité organizador del VII Congreso Catalán de Salud Mental de la Infancia y psiquiatra consultor del SEAP (Servei Especialtizat d'Atenció a les Persones), que se ocupa de la prevención, detección e intervención en casos de maltratos a mayores.

Es el fundador del Observatori de Salut Mental i Comunitària de Catalunya.

Su práctica clínica privada la realiza vinculado a CIPAIS – Equip Clínic (Centre d’Intervenció Psicològica, Anàlisi i Integració Social) en el Eixample de Barcelona.

Como docente, imparte formación especializada en ACCEP (Associació Catalana per a la Clínica i l’Ensenyament de la Psicoanàlisi), en el Departament de Benestar Social i Família y en el Centro de Estudios Jurídicos y Formación Especializada del Departament de Justícia de la Generalitat de Catalunya.

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