Las teles suelen hacer reportajes sobre jóvenes que se van a vivir con personas mayores con intención benéfica: ayudarles y hacerles compañía. Si, de paso, obtienen habitación gratuita, magnífico para ambas partes. Pero hoy El País descubre otra realidad: mayores que ceden habitaciones para obtener unos pequeños ingresos que complementen su pensión. Cuando se entere la autoridad fiscal, seguro que les pide cuentas. Lo mismo lo consideran pisos turísticos y los ingresos, dinero negro. Pero no escribo esta anotación para eso. La escribo para mostrar esta evidencia: si una persona mayor prescinde de su privacidad y rompe la intimidad de su hogar para complementar su pensión, es que su pensión no es suficiente para vivir. Espero que eso también lo vea la autoridad.

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