Fernando Ónega
Opinión

Un país subvencionado

Fernando Ónega
Un país subvencionado
Onega Fogonazos

 

El gobierno presentó con esmero, aparato publicitario y sin mascarillas el plan de ayuda al sector del automóvil: subvenciones a la compra de coches que oscilarán entre los 400 y los 4.000 euros. No es una medida nueva, pero sí necesaria, porque el sector atraviesa una crisis agobiante. Habrá muchas más subvenciones: al sector turístico, clave de la economía del país; a quien las solicite si justifica interés general y estratégico; los ERTE, que son otra subvención y se prolongarán hasta septiembre o más, si hay acuerdo social. Miles y miles de millones para tratar de que la economía remonte y la tragedia sea un poco menor y dure un poco menos. No tengo nada que oponer: si el Estado tiene recursos para ese gasto y si esa es la forma de despegar, bien gastado estará. Lo único importante es que ese dinero tenga finalidad productiva, que al final cree puestos de trabajo y que cree un ambiente de optimismo en medio de la depresión general. El dinero público está para eso. E incluso el endeudamiento, aunque las cifras empiezan a ser inquietantes. Solo tengo una duda que algunas veces se aplicó a los gobiernos: un gobierno –o una economía– que hay que sostener es un gobierno –o una economía– que se cae.

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