Fernando Ónega
Opinión

Presunción de inocencia

Fernando Ónega
El Rey Juan Carlos
Onega Fogonazos

 

Lo digo con esta claridad: de los asuntos de la gran política o la gran Justicia, nada me duele más que ver al rey Juan Carlos investigado por el Tribunal Supremo o por cualquier otro tribunal. Es cierto que, si hay indicios de algún comportamiento irregular, y no digamos delictivo, la ley es igual para todos y no distingue rangos ni apellidos, ni excluye a quien ha prestado históricos servicios al Estado y al país. Pero me da mucha pena ver que quien trajo la democracia, quien pilotó una transición ejemplar de la dictadura a la democracia, vea empañada la última etapa de su vida por hechos que manchan su figura y quién sabe si pondrán en peligro nuestro edificio constitucional. Y me daría mucha más pena que el monarca bajo cuyo reinado España vivió el periodo más largo de prosperidad y de mejor convivencia pase a la historia como un hombre que no supo combatir las debilidades de la carne, porque todo surge, si se confirma, de debilidades de la carne. Por eso aplazo cualquier consideración hasta que hable la Justicia y conozcamos la defensa de Su Majestad. Y aplico dos principios que debieran regir la ética periodística y política: no a los juicios paralelos, y sí a la presunción de inocencia. Y esto vale igual para un rey que para un delincuente vulgar.  

 

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