Vestir santos

Antes de la pandemia, la sola idea de recurrir a los servicios que ofrecen las residencias para la atención de personas mayores con alguna condición de dependencia o discapacidad generaba muchos conflictos a las familias españolas. Imagina ahora, el dilema al que se enfrentan tras haber conocido las desgarradoras cifras de fallecimientos en estos centros.

Desde que la mujer se incorporó de pleno al mundo laboral, los cuidados a nuestros padres y abuelos, se han visto delegados a estos espacios de cuidados de manera mayoritaria; pero esto siendo la generalidad, es oportuno que hablemos de otras mujeres sin las cuales la historia de este país hubiese sido bien diferente.

La situación no siendo fácil, esa culposa decisión se venía retrasando a costa de las solteras (sin trabajo remunerado) de la familia que soportaban, a veces con gusto, con este mandato que las condenaba a la marginalidad y a la invisibilidad. Pero los tiempos han cambiado y los roles familiares, también.

Visto lo visto (y padecido), el momento presente nos debería hacernos reflexionar sobre el frágil sistema de cuidados y preguntarnos qué deseamos para nuestro futuro próximo, si ya no contamos con aquellas garantías y las pensiones suficientes, tal y como se prevé, que serán cada vez más escasas. La solución que me aplico es el ahorro y la previsión de fondos para que mi vejez sea vivida en el hogar, con apoyos profesionales y con su justa remuneración.

Solo así, todos, también los solteros, no tendremos que "quedarnos para vestir santos", como así indica y estigmatiza el dicho popular, y tampoco, el de asumir exclusivamente las competencias de los cuidados de los más mayores de la familia.

El mundo ha cambiado, por suerte, también para los que hemos elegido la soltería como el último acto reivindicativo y apuesta firme por la libertad.


Francisco Olavarría Ramos (@OlavarriaRamos), licenciado en comunicación y activista en favor de los derechos de personas mayores y personas con discapacidad.

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