Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

Gingivitis, cuando se inflaman las encías

Ramón Sánchez-Ocaña
La gingivitis y el alzhéimer, enfermedades estrechamente relacionadas
Pildoras

 

Como en griego encía se dice gingiva, los especialistas hablan siempre de gingivitis. Y es, tras las caries, lo que más preocupa en torno a la boca. Es un proceso que afecta de manera directa al soporte del diente, es decir a las estructuras en las que el diente se asienta. Por eso se llama también enfermedad periodontal.

De lo que debemos ser conscientes es de que no es algo que surja de golpe, sino que se trata de un proceso que parte de la placa bacteriana; es decir, de la especie de red que las bacterias forman en la superficie de las piezas dentales para atrapar los restos de comidas y nutrirse. Una vez instalada la placa, es donde influyen otros factores que determinan si va a evolucionar hacia la gingivitis. Porque son las bacterias que anidan en los recovecos de la dentadura las que van poco a poco minando el soporte del diente. Cuando llega al estadio final suele hablarse de piorrea.

El diente se fija con la raíz, como un arbolito al suelo. La placa afecta al tejido que lo soporta. Si la acción de las bacterias es pequeña, se contrarresta con los mecanismos de defensa del organismo y con la higiene. Se suele establecer entonces un equilibrio entre las agresiones que recibe y los cuidados que se le prestan. Pero ese equilibrio se puede romper. Puede haber un aumento de agresión, porque hay poca higiene para tanta placa bacteriana; o simplemente, porque el individuo tiene menos defensas, ocupadas quizá en contrarrestar algún otro germen. 

El resultado es que poco a poco aparece cierta holgura, y ahí va a comenzar el depósito de restos de comida, de nuevas bacterias, de más agentes agresivos. Esa holgura entre el diente y su soporte se hace cada vez mayor. Hasta que la pieza dental se cae.

La enfermedad periodontal es la causa del 50% de las pérdidas dentales totales después de los 15 años. Las caries se responsabilizan del 38 por 100. El resto de las pérdidas dentales se deben a razones protésicas o de accidente.

Lo que agrava la circunstancia es que no suele considerarse como enfermedad si no hay una caída prematura de los dientes. Puede decirse que a los 35 años se entra en la fase inicial de la enfermedad y que veinte años después, el proceso llega a su punto culminante. Pero insistimos: se puede prevenir desde la infancia. Y simplemente recordando una regla de oro: las encías sanas no sangran.

No es por el cepillo sea muy duro; si sangra visite al odontólogo.

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