Libros, pantallas y demencias
Este pasado domingo, 65YMÁS publicaba el artículo “Los beneficios de leer por placer: mejora la salud mental y previene la demencia”, firmado por el periodista Stefano Traverso.
En el artículo se señala que leer por placer, bien sea un clásico de Jane Austen o devorar una novela gráfica de Heartstopper, está relacionado con una mejor salud mental, una mayor empatía y un menor riesgo de demencia, según defienden expertos de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) en un artículo publicado en la revista Psychological Medicine. La Dra. Barbara Sahakian, una de las autoras de la publicación, detalla: "La lectura es una excelente manera de cuidar nuestra salud cerebral, desarrollar importantes habilidades cognitivas y mejorar nuestro bienestar. Es algo que deberíamos fomentar desde temprana edad, dada la creciente evidencia de sus beneficios, especialmente para los niños, pero en realidad, nunca es tarde para empezar, y puede aportar beneficios a lo largo de toda la vida, incluso en la vejez".
Que la lectura, como hábito regular, es un factor que ayuda a prevenir demencias, como la enfermedad de Alzheimer, es algo que viene siendo señalado por diversos investigadores y neurocientíficos. Así, en uno de los estudios más exhaustivos realizados hasta la fecha, Taiwan Longitudinal Study on Aging, publicado en el año 2020, un equipo de investigadores, liderado por el dr. Chang (Chang et al. 2020), llevó a cabo un estudio longitudinal en el que observaron cómo aquellas personas que presentaban un hábito lector fueron quienes presentaron menos probabilidades de desarrollar deterioro cognitivo, en comparación con aquellas personas que leían menos.
En efecto, leer todos los días –o casi todos los días– se relacionó con un menor riesgo de desarrollar demencia. Además, los beneficios de la lectura se encontraron independientemente del nivel educativo. Tras 14 años de estudio, se pudo observar cómo la lectura es un factor protector que benefició a todos los sujetos que tenían un hábito lector, incluso en aquellos que tenían un nivel educativo bajo o que no recibieron educación formal.
Más recientemente, la doctora América Morera, responsable de la Unidad de Atención Diurna de Ace Alzheimer Center Barcelona, ha explicado que la lectura estimula la actividad cerebral y fortalece las conexiones neuronales, por lo que es capaz de preservar la función cognitiva y prevenir enfermedades como el alzhéimer. Y ha añadido que, el cerebro, para mejorar sus funciones e incrementar la rapidez de respuesta, necesita mantenerse activo y que lo ejerciten. En este sentido, una de las mayores aportaciones que brinda la lectura es que ayuda a incrementar la reserva cognitiva, un “concepto clave” que explica cómo el cerebro es capaz de compensar y tolerar mejor los cambios provocados por determinadas patologías, haciendo posible que las personas “conserven sus habilidades cognitivas a pesar de las alteraciones cerebrales asociadas a la edad o a enfermedades neurodegenerativas”.
Parece, por tanto, que la práctica regular de la lectura es indispensable para todas las franjas de edad. Sin embargo, es también claro que los libros tienen una competencia feroz: las pantallas. Si viajamos en medios de transporte públicos constataremos que la mayoría de las personas tienen la mirada fijada en algún tipo de pantalla, predominantemente, los móviles. Es muy raro encontrar a alguien que esté leyendo un libro, aunque pueda estar sentado y tener ante sí un largo recorrido que le permita hacerlo. La escena más habitual es la siguiente: una persona entra en el vagón y, automáticamente, saca su móvil del bolsillo o bolsa, y se pone a “navegar” ávidamente, pasando de un tema a otro. En ocasiones, sonríe al escuchar un chiste o al visualizar una escena supuestamente cómica o, para decirlo sin ambages, absolutamente estúpida.
Aceptemos, no obstante, que leer a través de una pantalla es un ejercicio mental equivalente a la lectura de un libro, pero, ¿es así? Johann Hari, en su libro El valor de la atención, publicado en el año 2023, hace referencia a un estudio realizado por la Dra. Anne Mangen, de la Universidad de Stavanger, en Noruega, en el que se dividió a los participantes en dos grupos. A uno se le proporcionó información en un libro impreso, al otro, esa misma información en una pantalla. A continuación, se les preguntó sobre lo que habían acabado de leer. Lo que se descubrió fue que las personas entendieron y recordaron menos lo que absorbieron a partir de pantallas. Este fenómeno ya ha sido bautizado: “inferioridad de pantalla”. Es la brecha en la comprensión entre libros y pantallas.
¿Qué podemos concluir de todo esto? La respuesta es obvia: leer libros no es únicamente una fuente de placer, es, también, la mejor manera de estimular la atención, la memoria y, sobre todo, de prevenir el deterior cognitivo que se da con el paso de los años y que, en algunos casos, acaba manifestándose en forma de demencia. ¡Leamos!
