Las buenas maneras… ¡Ay… las buenas maneras!

A medida en que recorremos nuestro trayecto vital, vamos valorando cada vez más lo que de bueno nos depara la vida. Nos paramos más a contemplar la belleza de un amanecer o un apuesta de sol, disfrutamos de una buena cocina, de una conversación… y sobre todo damos más valor a buena educación, al trato cercano… vamos…, a las buenas maneras.

Las buenas maneras, lo son todo en la vida, es lo que de bueno vamos aprendiendo desde que nacemos. A medida que vamos creciendo, el entorno y las costumbres van modelando en profundidad el carácter y la personalidad de cada uno. En ése transcurso observamos que nos encontramos mejor entre personas educadas, en las que un por favor, un disculpe o una sonrisa son poderosos instrumentos para una grata convivencia, lo contrario se convierte en aliado idóneo hacia la soledad.

Las emociones nos traicionan a menudo y en el momento menos indicado, por lo que deben ser controladas debido a las consecuencias que conlleva el no actuar correctamente ante una situación emocional adversa. Emoción vine de “emotio”, algo que se mueve, por lo tanto las emociones reflejan conductas y decisiones que en muchos casos cuyos resultados pueden ser negativos.  

Decía Pascal,  “… El corazón tiene razones que la razón no comprende”, lo que demuestra que no van de la mano la emoción de la razón. Daniel Goleman, conocido científico y periodista autor de “Emotional Intelligence”, recalca que un alto conocimiento intelectual no garantiza éxito en la vida, personas menos inteligentes, pero con un mejor manejo de las emociones suelen tener un mejor desempeño en todos los ámbitos.

Las habilidades emocionales se adquieren a la vez que nos formamos y las vamos modificando, adaptando y controlando.  Para ello es necesario controlar las emociones mediante “ejercicios” ante los problemas, de ésta forma activamos una parte de nuestro cerebro para resolver de una forma “creativa” cualquier situación.

En síntesis, este ejercicio, consiste en analizar el problema, predecir las consecuencias, tratar de calmarse y retomar el dialogo, es la mejor forma de dejar asomar emociones de las que nos podamos después arrepentir.

En estos momentos de “confinamiento”, tenemos, a flor de piel las reacciones de las emociones negativas, bloqueando la razón por lo que es necesario que se “enfríen” para poderlas aflorar.

Por eso, las buenas maneras son… un estilo de vida.


Miguel Ángel Martínez Coello
Responsable de prensa y comunicaciones de Fegaus (Federación Gallega de Estudiantes Universitarios Senior) y Caumas. Alumno Senior de la U-Vigo Campus de Ourense, Artista, columnista e investigador en periodismo

 

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