Las mesas municipales de la salud
Recientemente escribí un artículo dedicado al tema de la prescripción social y lo finalizaba haciendo referencia a la necesidad de constituir las mesas municipales de la salud, como los instrumentos idóneos para incidir en todos aquellos aspectos y circunstancias que configuran los espacios en los que las personas nacen, crecen, trabajan. viven y envejecen.
La Organización Mundial de la Salud ha señalado que nuestra salud está determinada en gran medida por circunstancias fundamentales ajenas a la medicina, que incluyen una educación de calidad, el acceso a alimentos nutritivos y unas condiciones de vivienda y trabajo dignas.
Además, cabe incluir entre estas fuerzas más amplias, las políticas y los sistemas económicos, los programas de desarrollo, las normas y políticas sociales, y los sistemas políticos. Abordar los determinantes sociales de la salud no solo ayuda a prevenir enfermedades, sino que también promueve la equidad y unas vidas más sanas.
En otras palabras, una política que tenga como objetivo promover la salud de la población ha de tener en cuenta no solo los aspectos técnicos y profesionales directamente vinculados con la medicina (profesionales sanitarios, centros de salud, hospitales de día, hospitales generales, servicios de urgencias, farmacia, etc.) sino que ha de incluir también todo un conjunto de medidas que contribuyan al bienestar de la población. En este marco, las Mesas Municipales de Salud son, como he señalado, los instrumentos más adecuados para conseguir esos objetivos.
¿Cómo se constituye una Mesa Municipal de Salud?
La Mesa Municipal de Salud ha de estar constituida por todos aquellos actores implicados directa o indirectamente en los temas de salud. Una posible composición sería:
- Departamento municipal de Salud
- Departamento de personas mayores
- Servicios sociales
- Centro de Salud
- Centros cívicos o casales
- Departamento de Cultura
- Departamento de Deportes
- Policía local
- Agentes privados de residencias o centros de día
- Asociaciones de personas mayores
- Tejido asociativo del municipio
- Farmacia
- Voluntariado
El trabajo colaborativo de todos estos agentes ha de posibilitar la elaboración de un Plan Estratégico Municipal de Salud que de respuesta a las necesidades –diversas– de los diferentes colectivos del municipio.
En el caso concreto de las personas mayores, la Mesa Municipal de Salud (MMP) ha de realizar un diagnóstico de la situación global de este colectivo, tanto en la vertiente de salud como en la social. Para ello, el centro de salud puede aportar los datos epidemiológicos pertinentes (problemas de salud más prevalentes, consumo de fármacos, factores de vulnerabilidad, personas con deterioro cognitivo, etc.). Por otro lado, los servicios sociales pueden aportar datos sobre personas en situación de dependencia, de soledad no deseada, viviendas insalubres, etc.).
Un aspecto muy relevante es el que se refiere a la salud mental. Es sabido que las personas mayores son más proclives a sufrir problemas de salud mental debido, entre otros factores, a las limitaciones impuestas por diversas patologías, a la soledad, al duelo por la pérdida de seres queridos, etc.).
Una vez realizada la fase diagnóstica ya se está en condiciones de elaborar el Plan General de Salud que comporta, entre otros elementos, el compartir los casos detectados desde cada servicio para establecer una estrategia conjunta y el poner en común las necesidades que se vayan detectando entre las personas mayores.
Un ejemplo de colaboración entre el centro de salud, los servicios sociales y el centro cívico es la constitución de un voluntariado que dé soporte a las personas mayores que sufren soledad no deseada. Desde el centro de salud se puede dar la formación necesaria a los voluntarios y voluntarias y desde los servicios sociales se pueden llevar a cabo intervenciones dirigidas a mejorar la calidad de vida de aquellas personas. Las reuniones de la MMP permitirán analizar los resultados de las intervenciones del voluntariado y corregir aquellos elementos susceptibles de mejora.
Otro ejemplo de intervención es la constitución de encuentros entre generaciones en los que poder compartir experiencias, historias personales y conocimientos. Estos encuentros sirven, además, para contrarrestar los efectos de discursos perversos según los cuales los mayores somos los culpables de los déficits sociales de los jóvenes.
No quiero finalizar sin antes aclarar que todo lo propuesto no es una utopía, sino que es ya una realidad en muchos lugares. Todo depende de la voluntad política y, sobre todo, de la ciudadanía.
