La prescripción social: una excelente alternativa a la medicalización de la vida cotidiana
Josep Moya OlléMartes 28 de abril de 2026
4 minutos
Martes 28 de abril de 2026
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En diversas ocasiones, 65YMAS ha abordado la cuestión del consumo de fármacos, en general, y de psicofármacos en particular, por parte de la población general y, muy especialmente, por las personas mayores. En estos artículos se han señalado, entre otros, el progresivo aumento de la polimedicación, así como el consumo de ansiolíticos y antidepresivos. En este contexto, se debe recordar que España es uno de los primeros países del planeta en el consumo de psicofármacos y, frente a este fenómeno social, cabe preguntarse si es que somos más ansiosos que los ciudadanos del Perú, India o Finlandia, entre otros; y si así fuese nos deberíamos plantear las causas de esta supuesta alta prevalencia.
Es sabido que determinadas circunstancias sociales o económicas provocan un incremento de los casos de ansiedad y depresión en la población general. Es algo que ocurre en las epidemias, las crisis económicas y los conflictos bélicos. Sin embargo, ninguna de estas circunstancias se da en la actualidad en nuestro país, por tanto, ¿por qué consumimos tantos psicofármacos?
Pienso que no existe una única respuesta, sino que inciden diversos factores, entre ellos, la debilidad de la atención primaria de salud, sometida a una progresiva presión asistencial que no permite un tiempo de escucha adecuada del malestar de la vida cotidiana. Pero, existe un factor que, en opinión de muchos profesionales de la salud, juega un papel decisivo: la medicalización de la vida. En efecto, vivimos en una sociedad en la que cada vez más las experiencias de la vida cotidiana son categorizadas como los síntomas y los signos de enfermedades concretas. Es obvio que el día a día nos confronta a todos con situaciones que nos generan intensos malestares. Ya sea en el ámbito laboral, en el familiar, en la pareja o en la sociedad, el malestar está omnipresente y ello se traduce en ansiedad, tristeza, irritabilidad o insomnio; pero, hay que decirlo claro, ello no implica necesariamente la existencia de una enfermedad o de un trastorno mental. Sentir ansiedad las tardes de los domingos cuando pensamos que el lunes nos tendremos que enfrentar con un trabajo ingrato, o con un jefe o jefa que no reconocen nuestra labor, no nos hace tributarios de la prescripción de un ansiolítico o de un antidepresivo; y si nos duele la espalda a consecuencia de una contractura muscular, motivada por los factores mencionados, tampoco es preciso recurrir, de manera automática, a un antiinflamatorio o un relajante muscular. Existen otras opciones. Una de las más interesantes es la prescripción social.
¿Qué es la prescripción social?
Aunque existen diversas definiciones, podemos decir que la prescripción social es el proceso mediante el cual los profesionales de la salud, más específicamente, del centro de salud, recomiendan a la persona que acude a consulta servicios, recursos o actividades disponibles en su comunidad y que podrían ser beneficiosos para mejorar su salud y bienestar. En un artículo publicado en la Revista Clínica de Medicina de Familia, en octubre del 2023, y firmado por profesionales de atención primaria de Aragón, Madrid y Londres, se definen cuatro tipos de actores implicados: El Consejo de activos comunitarios, la Recomendación de un activo específico, la Recomendación de activos facilitada y, finalmente, la Recomendación de activos avanzada.
El primero consiste en una recomendación muy genérica que se le hace a un paciente que acude a consulta sobre las diferentes actividades que se realizan en su comunidad. Ello implica que el centro de salud disponga de un listado de actividades comunitarias y es el paciente el que elegirá la que considera más adecuada para él o ella.
La Recomendación de un activo específico consiste en que el profesional sanitario recomienda una actividad concreta. Por ejemplo, si se trata de una persona de 75 años, que refiere sentirse sola, se le puede sugerir que acuda al centro cívico o al casal de personas mayores.
El tercer activo es la Recomendación de activos facilitada, que consiste en la contratación de un facilitador que hace de nexo de unión entre el centro de salud y las entidades comunitarias.
Finalmente, el cuarto activo es la Recomendación de activos avanzada. Consiste en una integración casi total entre el centro de salud, la comunidad, los servicios sociales y salud pública.
Pero, para que todo este conjunto de activos funcione es necesario que exista un entramado, una red bien articulada entre todos los actores implicados: salud, servicios sociales, ayuntamiento, entidades y recursos comunitarios. No se trata solo de que el dispositivo sanitario disponga de un listado de recursos de la población, sino que es imprescindible que exista un Plan Estratégico de Salud Comunitaria, con un especial énfasis en la salud mental comunitaria. Y este Plan Estratégico puede facilitarse mediante la constitución de la Mesa Municipal de Salud. Pero ésta requiere ser tratada en un artículo monográfico.



