Miguel Ángel Martínez Coello
Opinión

De la envidia a la soledad: apuntes sobre la soledad no deseada

Miguel Ángel Martínez Coello
De la envidia a la soledad: apuntes sobre la soledad no deseada

La herencia genética es el conjunto de informaciones mediante los cromosomas que recibimos de nuestros padres y transmitimos a nuestros hijos. Durante la vida, desarrollamos este estado de conocimiento sobre el exterior y el interior de uno mismo en un ambiente de cambios constantes que nos conducen a una auto-reflexión que a su vez determina un comportamiento o emoción.

Analizando la idiosincrasia de los pobladores humanos, se observa claramente cómo el deseo de posesión se desarrolla como método de evolución y consecución del poder.

El deseo en sí de poseer las cualidades intelectuales, bienes, dinero, belleza o habilidades no es lo malo, la parte negativa son las emociones que producen una profunda alteración del ánimo al no poder conseguirlo. No solo por la emoción que siente el que envidia cuando el envidiado sufre un mal momento, sino que también por la que disfruta cuando el otro pierde.

La envidia impide la creatividad y el desarrollo del propio estilo o autoestima. La persona creativa es original y fiel a sí misma. La persona que experimenta envidia quiere ser el sujeto al que envidia o tener lo que él tiene, pero nunca lo logra. 

Las consecuencias inmediatas se traducen en:

  • Limitaciones de la capacidad creativa y autoestima.
  • Escaso desarrollo de las relaciones sociales, familiares o profesionales.
  • Trastornos mentales de ansiedad o depresivos.
  • Conflictos interiores y de relaciones comunitarias.  
  • AISLAMIENTO.

Consecuencias de la envidia: La baja autoestima 

Uno de los males silenciosos que recibimos por herencia genética alimentado y creando un constructo durante la vida de la persona es precisamente la utilización de la envidia como arma publicitaria de consecución inmediata de las cosas.

Estos métodos de información, adaptados a los nuevos tiempos, nos indican un camino rápido para conseguir un bien, anulando la conciencia que es la que nos lleva a razonar. Un estudio demostró que las personas que sufren las consecuencias emocionales de la soledad, con más frecuencia quieren comprar algo, están enfocadas en las cosas materiales para llenar el vacío espiritual. Por cierto, es posible que tu amigo no sea adicto a las compras, como pensaste, sino que se siente solo.

La otra cara de la moneda es que esta carrera de envidia se convierte en patológica al no conseguir nunca los propósitos, porque lo que se propone no es tanto el conseguir el bien sino que el envidiado no lo tenga.

Históricamente se demostró la fuerza de la envidia como arma de poder desde la época de las cavernas, hasta las últimas contiendas en las que se demostró que nada bueno es aquello que sólo causa mal sin beneficio alguno.

Esto se traduce en un miedo al qué dirán y depender de tener demasiado en cuenta la opinión de los demás. De eso se encargan constantemente las redes sociales creando dependencia y manipulando decisiones. De ahí que el resultado sea un comportamiento manipulado por una comunicación mediática programada por grupos de otros intereses.

Vemos constantemente cómo la idea que venden es muy distinta a la realidad que ocultan. Por ejemplo, una compañía de comunicación o un banco te ofrecen y casi te regalan un producto, pero en cuanto tienes alguna duda, pregunta o problema, ves la realidad del engaño en el que te conviertes en víctima en vez de beneficiado por el producto adquirido.

Todo ello conduce a una desconfianza cada vez más enérgica, rechazando cualquier tipo de elogio ante un comportamiento positivo, buscando una invisibilidad social para no llamar la atención por el miedo al fracaso. El resultado es el autoaislamiento, sobrealimentación, insomnio y la convicción de que la soledad es nuestro destino

La soledad, imperio de la consciencia

En “El caudillo de las manos rojas” perteneciente a la obra “Leyendas”, Gustavo Adolfo Bécquer, en su reflexión indica que ese imperio llamado soledad es el encuentro absoluto de uno mismo con su yo consciente con el estamos solos y nadie nos puede acompañar.

Aunque estar a solas, a veces, suele ser positivo, sentirse solo es una de las peores sensaciones que puede experimentar el ser humano. Según un estudio de la Brigham Young University, publicado en la revista Perspectives on Psychological Science, el sentimiento de soledad incrementa el riesgo de muerte en un 26%. Este porcentaje aumenta en un 32% en los casos en los que el aislamiento social.

El período de soledad prolongada suele ir acompañado de depresión, cuando ya nada complace a la persona. Estás convencido de que la soledad es tu destino. Es necesario salir de este estado lo más rápido posible. 

Hay que tener presente que: “Ningún sentimiento es definitivo”. Toda persona atrapada en su soledad tiene una habilidad curiosa: Se vuelve más atenta. Es decir, la soledad reajusta el cerebro al estado de hipervigilancia.

No tener ganas de dedicar tiempo a uno mismo. Las personas que solo viven para ellas, a menudo no saben cómo administrar su tiempo, por eso sufren y se desaniman fácilmente porque no saben cómo evitar los pensamientos negativos.

Salir de la zona de confort de la soledad

Salir no es fácil. Cuesta mucho dar el primer paso hacia el cambio, pero cuanto más se tarda, más aislado quedarás. Tratar de emprender algo nuevo, distinto, o cambiar de hábitos, sin duda te ayudará. Quizás sea la ocasión de llamar a un viejo amigo, a un ser querido que te ayudarán a desahogarte y seguramente te sentirás mejor y ya no te sentirás tan solo y no te sentirás innecesario.

Cuando nos damos cuenta de que realmente estamos solos es cuando más necesitamos a los demás. Valoramos a la gente que teníamos a nuestro lado cuando ya no están.

Sobre el autor:

Miguel Ángel Martínez Coello

Miguel Ángel Martínez Coello

Miguel Ángel Martínez Coello, alumno de los PUM de la Universidad de Vigo Campus de Ourense y Responsable de Prensa y Comunicaciones de FEGAUS.

 

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