¿Cuántas veces ha oído a alguien que no puede leer una página como ésta porque siente que tiene todas y cada una de las enfermedades que se tratan? Si citáramos ahora diez síntomas de cáncer, posiblemente nos encontraríamos por lo menos cinco. Pero ¿qué es lo que distingue a un aprensivo del que no lo es?

Si buscamos una definición habría que decir que aprensión es un temor excesivo a estar enfermo. Y eso nos lleva a dos preguntas: qué es estar enfermo, y dónde empieza un temor a ser excesivo.

Es difícil decir claramente qué es la aprensión; pero resulta fácil decir quién es aprensivo.

El aprensivo quiere saber quién es el mejor especialista para aquello que cree que tiene. Y como no lo sabe, quiere obtener información. Va continuamente al “Dr. Google” en busca de términos que más o menos le suenan. Y en cuanto tiene una mínima información acude a todo tipo de consultas. En definitiva, va de un especialista a otro buscando no lo que el médico le dice, sino lo que él quiere que le diga. El problema es que ellos sufren seriamente, aunque se tienda a su caricatura. No pueden desarrollar una vida normal porque están obsesionados por su salud.

Al preguntar los por qué, los especialistas hablan de varias causas. Por ejemplo, socioculturales. Todavía tenemos la idea de que la vida es un “valle de lágrimas”. Y por eso tenemos una cierta conciencia negativa para disfrutar de la vida. Solo decirlo, parece que conlleva conceptos peyorativos, como si no se pudiera disfrutar de la vida de una manera honrada y honesta.

La información puede ser también una fuente notable de aprensiones. Y es que una información de tipo médico que sea defectuosa puede ocasionar -y de hecho ocasiona- más problemas que beneficios. Ojalá supiéramos dar siempre la información exacta, medida, sin salidas de tono, y que además fuera útil.

Para muchos especialistas es la familia el nudo de todo esto. Y afirman categóricamente que en casa de un niño aprensivo, hay siempre una madre, un padre, un abuelo o una abuela aprensivos. Alguien que cuida o ha cuidado al niño ha proyectado sobre él los temores excesivos a la enfermedad.

Normalmente, es una madre sobreprotectora que teme cualquier acción del niño por las consecuencias que pueda tener. Y en cuanto aparece el más mínimo signo de malestar, la protección es tan grande que el niño llega a creer que, en efecto, esa minúscula afección es sumamente seria.

Qué hacer

Hay que partir del reconocimiento del problema, saber que se tiene y que se padece. Muy poca gente es consciente de que es aprensiva. Y si uno no sabe que es aprensivo, es difícil que intente ponerle remedio.

Después hay que distinguir entre los tipos de aprensivos. Generalmente, el aprensivo es un individuo egocentrista. No egoísta, sino egocentrista. Todo el mundo gira alrededor de él ,como si fuera consciente de que el ser humano es el rey de la creación y por tanto, identifica la supervivencia con el bienestar corporal.

El aprensivo, el que tiene miedo a padecer algo concreto, el que sospecha, el que leyó en una revista cualquier enfermedad y se encuentra algún síntoma, tiene una fácil solución: IR AL MEDICO. Pero una norma que deben de cumplir a rajatabla todos los aprensivos es no salir NUNCA de la consulta del médico sin haber aclarado TODAS sus dudas.

Una razón de la aprensión, del temor excesivo a la enfermedad está en  pensar que la enfermedad es un castigo. Y no. Los virus, bacterias, o accidentes saben poco de moral.

Recuérdese que la vida es la vida, que esto no es un valle de lágrimas y que se puede disfrutar de los años. Todavía hay gente que dice eso de "Me esta saliendo todo muy bien; algo malo me tiene que pasar...", como si alguien siempre estuviera dispuesto a castigarnos.

Y no tiene por qué.

Sobre el autor:

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) es miembro del Comité Editorial de 65Ymás. Estudió Filosofía y Letras y es licenciado en Ciencias de la Información. Fue jefe de las páginas de Sociedad y Cultura de El País, y profesor del máster de Periodismo que este periódico organiza con la Universidad Autónoma de Madrid. 

En 1971 ingresa en TVE. En una primera etapa se integra en los servicios informativos y presenta el programa 24 horas (1971-1972). Entre 1972 y 1975 continúa en informativos, presentando el Telediario. No obstante, su trayectoria periodística se inclina pronto hacia los espacios de divulgación científica y médica, primero en Horizontes (1977-1979)​ y desde 1979 en el famoso Más vale prevenir, el cual se mantiene ocho años en antena con una enorme aceptación del público.

Tras presentar en la cadena pública otros dos programas divulgativos, Diccionario de la Salud e Hijos del frío, fue fichado por Telecinco para colaborar primero en el espacio Las mañanas de Telecinco y posteriormente en Informativos Telecinco.

Es colaborador habitual de radio, periódicos y revistas, y autor de una veintena de libros, entre los que destacan Alimentación y nutrición, Francisco Grande Covián: la nutrición a su alcance, El cuerpo de tú a tú: guía del cuerpo humano, Guía de la alimentación y Enciclopedia de la nutrición

En 2019 entró en el Comité Editorial del diario digital 65Ymás, en el que colabora actualmente.

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