Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

La longevidad, de ser un logro a ser un riesgo

Ramón Sánchez-Ocaña
El estado puede jugar un papel clave en la felicidad y bienestar de los más mayores, según Marta Miret.

La capacidad de asombro es infinita. Cuando todo parece indicar que nuestra esperanza de vida es uno de los grandes logros de nuestra civilización, viene (¡otra vez!) el Fondo Monetario Internacional a aguarnos la fiesta. Me explico: el fondo llama la atención sobre la preocupación creciente de los países occidentales por que sus economías no van a poder hacer frente al riesgo de longevidad. Es decir, que vivir más de lo previsto es un riesgo serio. Porque eso supone que no habrá fondos para atender a una población anciana cada vez más numerosa. Y las cifras no les fallan: dicen que si en 2050, el promedio de vida fuera de 3 años mas de lo que es actualmente (lo que es mas que probable) los costes aumentarían hasta en un 50 por 100 lo que no podría ser asumido por la economía del país. Pero de ningún país, ya que cuanto mas desarrollado esté, mayores son sus prestaciones.

Es el problema de traducir todo a números. Las cuentas no cuadran. Cuando nos llega la jubilación, recibimos pensión sin producir riqueza; y además somos los mayores consumidores de los servicios de salud y de productos farmacéuticos.  Es duro decirlo así; pero es la realidad.

Porque, además, las propuestas de los economistas para paliar el problema no pueden ser más frustrantes: jubilarse más tarde, cotizar más, recortar las pensiones y animar a la población para que ahorre para el futuro

Todo encaja. Menos la idea que teníamos de que la longevidad era un logro. Ahora, parece ser, solo es un riesgo.

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