Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

El prodigioso laboratorio del hígado

Ramón Sánchez-Ocaña

Jueves 21 de enero de 2021

ACTUALIZADO : Lunes 25 de enero de 2021 a las 17:10 H

3 minutos

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Jueves 21 de enero de 2021

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Pildoras

 

Filtra, reparte, separa, divide, multiplica y engrasa, como dice Pablo Neruda en su Oda. Y mucho más hace el hígado, el órgano interno más grande del cuerpo. Por ejemplo, si el corazón es el motor, si el cerebro es el que gobierna, el hígado (y sus auxiliares páncreas y vesícula) es el que nutre, alimenta y mantiene el equilibrio químico que nos permite vivir. Facilita la asimilación de lo que comemos y, entre otras muchas funciones, si necesitamos un aporte extra de energía, nos la da. Porque en su despensa tiene el glucógeno, que  es como una hucha para necesidades importantes. Es, en definitiva, el órgano que mantiene en su niveles correctos la glucosa y el que prepara los principios inmediatos para que puedan ser absorbidos por el intestino. Por si fuera poco, es el almacén de sustancias nutritivas esenciales, por si en un momento determinado se necesitan.

Al hígado se le asignan más de 500 funciones distintas en las que participa de manera más o menos directa. Y es, sobre todo, el filtro de la desintoxicación, porque sus enzimas son las que degradan los tóxicos que llegan al organismo, sea alcohol, sea una droga, sea un fármaco... Cada minuto pasa por el hígado más de litro y medio de sangre. Almacena glucosa, es un banco de vitaminas, es la fábrica de colesterol, elabora proteínas para la sangre, produce las sales biliares que actúan como detergente para las grasas; es la depuradora más perfecta, produce coagulantes y, además, es almacén de sangre, como una esponja. En definitiva es una perfecta factoría química a la que obligamos con demasiada frecuencia a hacer horas extras

Como todo órgano por el que pasan muchas sustancias, está también expuesto a numerosos ataques. Para dar una idea: las hepatitis son las enfermedades infecciosas más frecuentes en el mundo. El virus infecta y destruye la célula hepática, con lo que la función del hígado se altera. Dependiendo de cómo y cuánta sea la infección, así se padecerá.

La célula del hígado produce y guarda unas enzimas que se llaman transaminasas. Por eso, cuando la célula se destruye, las transaminasas, quedan libres. Medir las transaminasas es una forma indirecta de conocer la infección. También se  hace un diagnóstico por marcadores de virus en la sangre para conocer  el tipo de virus que infecta y la posible solución. Cuando un virus ataca al hígado, produce primero unos síntomas inespecíficos: malestar general, pérdida de apetito, cansancio... Pero deben distinguirse porque la acción de unos es muy distinta a la de otros. 

Los virus A y E se transmiten por vía fecal-oral, agua o alimentos contaminados. Están en zonas deprimidas y países de condiciones higiénico-sanitarias malas. El E es el más frecuente en países subdesarrollados. Causan grandes epidemias por contaminar el agua potable. Se manifiestan en forma aguda y no evolucionan hacia hepatitis crónica.

Los virus B,C,D y G se transmiten a través de sangre (inyecciones, cirugía, transfusiones…). Si no se trata su infección puede evolucionar hacia la cirrosis o cáncer de hígado.

Los virus B y D se transmiten también por vía sexual y por vía vertical (de madre a hijo durante el parto). El  virus D es defectuoso y necesita el B para poder infectar. Lo más grave es que hay cientos de millones de personas en el mundo que pueden ser portadores del virus B sin padecer hepatitis, con lo que pueden transmitir  el virus sin estar enfermos.

Sobre el autor:

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) es miembro del Comité Editorial de 65Ymás. Estudió Filosofía y Letras y es licenciado en Ciencias de la Información. Fue jefe de las páginas de Sociedad y Cultura de El País, y profesor del máster de Periodismo que este periódico organiza con la Universidad Autónoma de Madrid. 

En 1971 ingresa en TVE. En una primera etapa se integra en los servicios informativos y presenta el programa 24 horas (1971-1972). Entre 1972 y 1975 continúa en informativos, presentando el Telediario. No obstante, su trayectoria periodística se inclina pronto hacia los espacios de divulgación científica y médica, primero en Horizontes (1977-1979)​ y desde 1979 en el famoso Más vale prevenir, el cual se mantiene ocho años en antena con una enorme aceptación del público.

Tras presentar en la cadena pública otros dos programas divulgativos, Diccionario de la Salud e Hijos del frío, fue fichado por Telecinco para colaborar primero en el espacio Las mañanas de Telecinco y posteriormente en Informativos Telecinco.

Es colaborador habitual de radio, periódicos y revistas, y autor de una veintena de libros, entre los que destacan Alimentación y nutrición, Francisco Grande Covián: la nutrición a su alcance, El cuerpo de tú a tú: guía del cuerpo humano, Guía de la alimentación y Enciclopedia de la nutrición

En 2019 entró en el Comité Editorial del diario digital 65Ymás, en el que colabora actualmente.

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