Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

¿Por qué tenemos antojos de ciertos alimentos?

Ramón Sánchez-Ocaña
El motivo por el que comemos dulces cuando estamos tristes
Pildoras

 

Muchas veces cuando el organismo necesita un determinado nutriente lo solicita. Otras veces, sin saber por qué, tenemos capricho de algún alimento concreto. ¿Es un simple antojo? ¿Debemos obedecer ese sentimiento inicial? No se puede creer que toda apetencia, todo capricho, obedezca a una carencia y a una necesidad. Dicho esto, se pueden establecer una serie de curiosas relaciones.

Dulce: Es sin duda la apetencia más generalizada y está demostrado que puede ser un sedante de situaciones de nerviosismo o de estrés. Se describe ya el síndrome de la pasión por el dulce y se sabe que se da más en otoño, en mujeres y en estados de ansiedad. Lo curioso es que se produce en todos los países y en las mismas épocas. Más en otoño-invierno, que en primavera-verano; más en mujeres que en hombres; más entre  las que padecen tensión premenstrual; más en quienes tienen un estado que podríamos llamar emocionalmente inestable, entre quienes son más lábiles; y más en ciertas familias en las que hay más de una persona que tiene pasión por el chocolate.

Chocolate: Resulta el alimento más adictivo, sobre todo entre las chicas. Seguramente produce una liberación de endorfinas ( as mismas que se liberan cuando se hace deporte) que provocan un cierto bienestar. No se puede olvidar tampoco que muchos psiquiatras hablan de que el chocolate podría ser el bisabuelo del prozac. Suele acudirse a él en situaciones de ansiedad

Dulce en el embarazo: En etapa de gestación la mujer suele acudir al dulce con mucha frecuencia. La creencia popular llega a decir que cuando una embarazada tiene ansia de dulce es que le falta azúcar. Y, sin embargo, todo parece indicar que es la alteración hormonal la que favorece la ingestión de hidratos y, entre ellos, el azúcar. Y por la misma razón muchas embarazadas prescinden de alimentos grasos 

Frutos secos: Es otro de los alimentos que más adicción crean hasta el punto de que hay mucha gente que prefiere no probarlos a tomar solo una mínima cantidad. Si de verdad hubiera una razón de carencia o necesidad para acudir a ellos, pensaríamos en la falta de magnesio, en la falta de determinados ácidos grasos y también, en la necesidad de compensar la ansiedad. 

Pan, pasta, arroz: Es la forma de proporcionar al organismo los hidratos de carbono que necesita. Seguramente se debe a un  estado de ansiedad, de apatía o de  cansancio.

El bajón de media mañana: Una situación muy curiosa y que todos hemos vivido es el bajón de media mañana y la ansiedad por comer algo; lo que sea: un café, un canapé, una galleta... Algo. Se debe a un deficiente desayuno y por tanto a una disminución en los niveles de azúcar. El organismo reclama su nutriente básico y sobre todo el cerebro. Es cuando el organismo nos pide una fruta.

Queso: Hay auténticos viciosos del queso. Si de pronto hay una tentación invencible, es posible que el organismo necesite ácidos grasos esenciales. Se puede comer. Pero con cuidado. El queso es un alimento sumamente graso.

Arroz blanco: ¿Y cuando de pronto, pensando en la comida se le aparece ante los ojos un plato de arroz blanco? Seguramente tiene algún problema digestivo. Y el arroz blanco lo tiene asimilado a la dieta que le ponían cuando tenía diarrea. Porque también es cierto que muchas veces asociamos un alimento a una determinada situación y tendemos a repetir el mismo esquema.

Yogur frío: Seguramente es un deseo propiciado por alguna molestia digestiva.

Frutas, ensaladas: No es un capricho seguramente, sino una necesidad de aligerar las comidas, necesidad de líquidos porque hay un cansancio grande o porque se viene de una etapa de ingestiones excesivas.

Sal: Tomamos demasiada sal, mucha más de la necesaria. Pese a esta costumbre, cuando echamos de menos algo salado –no tienen porqué ser necesariamente patatas fritas– seguramente es porque necesitamos minerales, como nos demuestra el cansancio o la falta de atención.

No hay razón científica alguna para creer que los antojos en el embarazo obedecen a una carencia. Si una embarazada tenía antojo de bacalao,  el saber popular dictaminaba que necesitaba sal y pescado. Como el niño que se comía la tiza y decían que era por falta de calcio. Para los antojos no hay más razón  que los cambios hormonales que hacen desear, casi siempre, dulces.Lo dicho:no se puede confundir deseo con necesidad.