Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

Síndrome de visión del ordenador

Ramón Sánchez-Ocaña
Síndrome de visión del ordenador
Pildoras

 

Independientemente de las medidas protectoras que se tomen, quien se mantenga durante horas ante un ordenador terminará sufriendo pérdida de visión, tarde o temprano. Así de rotunda es la conclusión de los optometristas americanos. Los expertos lo llaman ya "síndrome de visión del ordenador" y entre sus síntomas cabe destacar la visión borrosa, una cierta sensibilidad excesiva a la luz, dolores de cabeza, fatiga de cuello y de espalda. La población de mayor riesgo es la que trabaja ante la pantalla más de dos horas diarias. Y  el Instituto Nacional de Seguridad Ocupacional de Estados Unidos sostiene que un 88% de las personas que trabajan con ordenadores más de tres horas diarias, sufren las consecuencias de este esfuerzo visual.

Revisiones

Un conocido investigador de los problemas visuales declaró en Estados Unidos que más del 15% de todas las revisiones de ojos que se hacen cada año en el país son el resultado directo del uso del ordenador.

Parece ser que el  fulgor y los reflejos que emite la pantalla nos fuerza a  trabajar con la vista mucho más de lo habitual y por tanto de forma poco confortable. Cuando la situación se nos hace poco agradable, intentamos, inconscientemente, forzar mucho más los ojos. Y eso es lo que causa  mayor perjuicio para la vista y  para los hombros, el cuello y la espalda.

Fatiga distinta

Para los expertos españoles consultados, la situación no plantea especiales problemas porque la pantalla es un tubo de rayos catódicos  que está bajo control dese hace muchas décadas. Se ha utilizado en laboratorios de física elemental en la televisión, en las pantallas de radar, como herramienta de trabajo... No tiene ningún problema de tipo óptico. Sin embargo, hay que tener en cuenta que estar concentrado sobre una pantalla, es un trabajo que exige gran atención. La visión se ejerce sobre un campo pequeño lo que obliga a estar en una tensión considerable. Quizá de ahí se derive una fatiga distinta y más general que la que se puede producir en cualquier otro trabajo.

No crea defectos, los denuncia

Es evidente, por otra parte, que hay un cambio permanente de intensidad luminosa entre la pantalla con su propia luz y todo lo que se sitúa alrededor. Todo ello obliga a disponer de una información previa. Las condiciones de trabajo son distintas y por tanto quien va a someterse a ellas debe conocer perfectamente su situación personal y los datos oportunos del lugar donde va a trabajar para disponer de la corrección precisa. Porque de lo que no cabe duda es de que el ordenador no crea nuevos problemas visuales, pero hace presentes o evidencia alguno de los que teníamos y hasta ese momento nos habían pasado desapercibidos.

Al trabajar con el ordenador, además, cambiamos mucho nuestra postura de trabajo y nuestro empleo visual. Cuando trabajamos sobre una mesa, miramos de arriba a abajo. Con el ordenador miramos en un plano horizontal. Hay también una distancia de trabajo y un ángulo distinto. En la distancia es donde más diferencia suele plantearse porque aunque estemos a unos 50 centímetros, si pudiéramos nos situaríamos a un metro. Eso significa que debemos llevar la corrección oportuna para esa distancia y no la que llevábamos hasta entonces. Debe decirse así de claro. Y en efecto, esos cambios de distancia y de ángulo van a hacer presentes problemas visuales que antes se desconocían pero que, con ordenador o sin él, estaban ahí.

Estudiar las necesidades visuales

De todo esto se deduce que lo primero que debe hacerse es estudiar cuáles son las necesidades visuales para la tarea que se va a desempeñar. Y después recordar  la norma elemental de que ninguna fuente de luz debe estar dentro del ángulo de 45 grados que forman la visión y el plano donde trabajamos. En el trabajo habitual nunca entra una luz en ese ángulo. Sin embargo, cuando miramos a la pantalla es muy posible que todas las luces que estén alrededor entren también en nuestros ojos. 

Todo aquel que trabaje  en estas condiciones debe hacerse una revisión visual advirtiendo además que se va a trabajar ante un ordenador. Después debe conocer el problema de la convergencia  que es serio; porque cuando miramos hacia abajo se favorece la vista; pero al levantarla, disminuye la capacidad. Si hay ese problema, debe corregirse. Y por último, deben eliminarse las luces parásitas y los reflejos que haya en la pantalla.

En general, este tipo de revisiones debe hacerse siempre que se inicia un nuevo trabajo, siempre que uno va a desempeñar una nueva función. 

Los expertos, admitiendo a priori la relación entre visión, seguridad y productividad, recomiendan el análisis visual del personal y un seguimiento, por lo menos cada dos años. Y con una especial atención a partir de los 40 años, que es  cuando empieza a fallar la acomodación. Y es imprescindible analizar no sólo la cantidad de luz, sino también la calidad.

Sobre el autor:

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) es miembro del Comité Editorial de 65Ymás. Estudió Filosofía y Letras y es licenciado en Ciencias de la Información. Fue jefe de las páginas de Sociedad y Cultura de El País, y profesor del máster de Periodismo que este periódico organiza con la Universidad Autónoma de Madrid. 

En 1971 ingresa en TVE. En una primera etapa se integra en los servicios informativos y presenta el programa 24 horas (1971-1972). Entre 1972 y 1975 continúa en informativos, presentando el Telediario. No obstante, su trayectoria periodística se inclina pronto hacia los espacios de divulgación científica y médica, primero en Horizontes (1977-1979)​ y desde 1979 en el famoso Más vale prevenir, el cual se mantiene ocho años en antena con una enorme aceptación del público.

Tras presentar en la cadena pública otros dos programas divulgativos, Diccionario de la Salud e Hijos del frío, fue fichado por Telecinco para colaborar primero en el espacio Las mañanas de Telecinco y posteriormente en Informativos Telecinco.

Es colaborador habitual de radio, periódicos y revistas, y autor de una veintena de libros, entre los que destacan Alimentación y nutrición, Francisco Grande Covián: la nutrición a su alcance, El cuerpo de tú a tú: guía del cuerpo humano, Guía de la alimentación y Enciclopedia de la nutrición

En 2019 entró en el Comité Editorial del diario digital 65Ymás, en el que colabora actualmente.

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