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Opinión

Reflexión sobre las residencias de mayores

Yayoflautas Cartagena
Reflexión sobre las residencias de mayores

Las residencias de mayores son uno de los mejores negocios que tienen, en nuestro país, los fondos privados ingleses y franceses, y algunas grandes empresas españolas, gracias a los incrementos constantes de personas dependientes. DomusVi, Orpea, Amavir, Ballesol, Caser, Clece... son algunas de las empresas que copan alrededor del 75% de las residencias de mayores y dependientes españolas, que apuestan por el negocio de las residencias de mayores porque existe una enorme demanda potencial (9 millones de mayores hoy, 15 millones en 2050) y saben que es un negocio “cautivo”, por la inexistencia de una oferta pública de residencias, que no se construyen apenas desde antes de la crisis. Y también saben que es un negocio muy “rentable”, por los contratos leoninos con casi todas las administraciones públicas, y porque pueden poner altos precios al cliente por la creciente necesidad del servicio y la falta de plazas en muchas ciudades y regiones, que se incrementará en el futuro: harán falta 250.000 plazas adicionales para 2030 y más de 500.000 para 2050, según algunas consultoras. Por nuestra parte, poco a poco hemos ido normalizando la subasta del bienestar de nuestros mayores al mejor postor que han hecho las administraciones autonómicas: al que más barato salía, al que menores y peores servicios les daba, al que mantenía unas ratios más bajas por residente…

¿Cuándo dejamos de darle valor a la vida de nuestros padres o abuelos para permitir que las residencias donde vivían fueran simples negocios, propiedad de grandes magnates o de los bancos, sólo interesados en aumentar sus cuentas de resultados? Ahora les lloramos por miles, sin haber podido ir siquiera a sus entierros.

Desde hace mucho tiempo, algunos estudios y muchas asociaciones y colectivos hemos apostado fuertemente por la desprivatización de la dependencia y de las residencias (como también de la sanidad y de la educación) y por su humanización, frente a la ola privatizadora y de venta por parcelas del estado del bienestar, sin demasiado éxito hasta ahora.

Desgraciadamente, el COVID-19 y su pandemia ha venido a darnos la razón (también en la Sanidad, por cierto), y han tenido que fallecer más de 10.000 ancianos residentes, a fecha de hoy, para que los que nos criticaban y hasta ridiculizaban hayan tenido que guardar silencio ante la evidencia.

Este maldito bicho ha venido para quedarse algunos años, según los especialistas epidemiológicos, y nos atacará por oleadas. Asimismo, aparecerán otros tipos de coronavirus, por miles según estos mismos especialistas, y por muy diversos motivos o por todos juntos: altísima contaminación de extensas zonas habitadas; el cambio climático está generando un deshielo de vastas zonas del planeta, muy poco habitadas y estudiadas, con afloramiento de microorganismos hibernados, inexistentes hoy en día; industria ganadera masivamente tratada con antibióticos y poco higiénica en muchos casos, incluido el apartado alimentario; agroindustria hiperfertilizada, saturada químicamente y modificada genéticamente; una mayor exposición a ondas electromagnéticas, etc. ¡Vamos a oírlos de una vez!

Tendremos que estar preparados para todo ello desde las trincheras de las áreas públicas más dañadas por nuestro propio abandono y el de los gobiernos autonómicos con responsabilidades “olvidadas” (sanidad y dependencia), porque no hemos exigido nuestras necesidades y las de l@s nuestr@s y no hemos votado pensando en lo que más nos convenía, con la cabeza fría y sin fanfarrias que nos aturullan y emborronan la realidad. Además, deberemos luchar para intentar darle la vuelta a un sistema de vida que nos lleva a la hecatombe más pronto que tarde. Porque lo que está pasando estaba avisado, pero le hicimos oídos sordos empezando por los medios de comunicación.

Qué se debería hacer

Desde todos los ámbitos relacionados con las residencias de mayores ya se reconoce que hay que repensar mejor las necesidades, que básicamente se resumen en (1) una mejor atención, más personalizada y mejor medicalizada sin tratar de convertir las residencias en hospitales, ya que es obvio que hablamos de hogares residenciales y de centros de convivencia; (2) más espacios y más diáfanos con la posibilidad de habilitar zonas específicas separadas del resto, lo que resulta imposible en las nuevas fórmulas residenciales de cohousing y urbanizaciones de viviendas comunales; (3) una mejor alimentación con atención definida a los casos concretos y, sobre todo, (4) dejar de pensar en la asistencia a la dependencia y a l@s mayores como un negocio, para pasar a hacerlo como un servicio y, si queremos pensar egoístamente, que TOD@S NECESITAREMOS y que debemos cuidar.

En Cartagena llevamos algún tiempo reivindicando, junto a UP, MC y otros colectivos, la conversión del Hospital Naval en Residencia PÚBLICA de Mayores y Dependientes, Centro de Día y Clínica Geriátrica como mejor solución a todas estas necesidades que algunos preveíamos y que ya están confirmadas, amén del aumento de 350 plazas residenciales para Cartagena y Comarca. Las instituciones regionales y locales deben tomar muy en consideración este recurso habitacional para nuestros mayores, olvidar de una vez las fórmulas privatizadoras, revertir los convenios lo antes posible y, como mínimo, intensificar las inspecciones en los centros residenciales y comprobar que se cumplen las condiciones que, además, deben endurecerse.

A esto hay que añadir la necesidad, también demostrada, de disponer del Rosell al 100x100 y de potenciar la sanidad PÚBLICA, pero esto será motivo de otra nota, dada la importancia del tema.


Yayoflautas Cartagena (@YayosCartagena)

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Chuspi Hace 5 meses
Que tendrá que ver desprivatizar con el mal servicio que se presta. Artículo ideológico de la izquierda más rancia. Que las administraciones presten un servicio público a través de una empresa privada se ha demostrado que es la mejor gestión que se puede hacer y como no mejorar. Mejorar en especial premiando la calidad y no solo el precio. Vean las estadísticas de contagio y muerte de las residencias gestionadas por Clece, una de las que nombran, y probablemente alguna más, no tod