Alimentación

Principales recomendaciones dietéticas para personas mayores con insuficiencia renal

Mariola Báez

Foto: Bigstockphoto

Domingo 11 de agosto de 2019

2 minutos

Una alimentación apropiada es una medida efectiva a la hora de frenar el avance de la enfermedad

Dieta insuficiencia renal

La principal función de los riñones es eliminar el exceso de líquidos, sustancias de desecho y toxinas. Además, filtran la sangre para que esta pueda cumplir la misión de llevar el oxígeno y los nutrientes a los distintos órganos y tejidos. Cuando no consiguen hacerlo al 100%, se habla de una enfermedad renal.

Tal y como explica la Federación Nacional de Asociaciones para la Lucha contra las Enfermedades del Riñón (@FNALCER), se puede hablar de enfermedad renal cuando los riñones funcionan a menos del 50% de su capacidad. A medida que el riñón deja de trabajar correctamente, la patología se puede ir agravando, hasta el punto de convertirse en una insuficiencia renal crónica, ante la cual puede llegar a ser necesario un tratamiento de diálisis e incluso un trasplante.

Las claves de la dieta si sufres enfermedad renal

Una alimentación adecuada es básica a la hora de impedir el avance de una patología renal. El objetivo de este tipo de dietas, que siempre deben ser personalizadas, es evitar el exceso de toxinas en el organismo para no sobrecargar al riñón.

Cualquier persona que sufra insuficiencia renal debe seguir una dieta equilibrada, pero teniendo en cuenta algunas recomendaciones importantes, como las que indica la Unidad de Nefrología-Diálisis del Hospital Universitario Donostia (@osakidetzaEJGV). Este señala que, desde el momento en el que la enfermedad es diagnosticada, es fundamental tomar una serie de medidas para que los alimentos sean los mejores aliados de tu salud.

Recomendaciones dietéticas para la insuficiencia renal

Las proteínas cumplen la función de construir y renovar las células y los tejidos, por lo que su ingesta no debe descuidarse. Debes optar, al menos en un 50%, por proteínas de alto valor biológico como las que contienen la carne, el pescado, los lácteos o los huevos. Las cantidades van a depender de la situación de cada paciente.

Los hidratos de carbono, preferiblemente de absorción lenta, y las grasas, mejor insaturadas, también han de formar parte de la dieta en la proporción adecuada según cada caso.

Las vitaminas y los minerales son esenciales, pero debes tener en cuenta algunas precauciones. El sodio es peligroso si se padece una enfermedad renal. Eliminar del organismo su exceso supone un esfuerzo extra para los riñones. Hay que evitarlo con medidas sencillas como no añadir sal de mesa a las comidas, eliminar de la dieta las sopas de sobre o el caldo en “cubitos” y reducir la ingesta de alimentos que contengan cantidades importantes de sal, como los embutidos, las conservas o los ahumados.

Además, es básico controlar los niveles de potasio, presente en frutas, verduras y hortalizas. Un truco para eliminar su exceso en algunos alimentos como, por ejemplo, las patatas, es ponerlas en remojo unas horas antes de cocinarlas y prepararlas hervidas, pues parte del potasio quedará en el agua. El cacao, algunos frutos secos y determinados mariscos también han de tomarse con moderación o, directamente, eliminarlos de la dieta.

Por último, la ingesta correcta de otros minerales como el fósforo y el calcio, esenciales para el buen estado de los huesos y el sistema nervioso, influye a la hora de mantener la funcionalidad del riñón. El calcio no eliminado convenientemente puede provocar problemas de calcificación que pueden evitarse siguiendo las recomendaciones marcadas por el médico y los nutricionistas, según el grado de deterioro que presenten los riñones.

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