Fisioterapia

¿Sabías que el fisiopilates puede ayudar a tu cuerpo? Conoce sus beneficios

Victoria Herrero

Foto: Bigstock

Lunes 15 de julio de 2019

3 minutos

Estos ejercicios se basan en el método pilates y cuentan con el asesoramiento de un fisioterapeuta

Los beneficios del fisiopilates
Victoria Herrero

Foto: Bigstock

Lunes 15 de julio de 2019

3 minutos

El concepto no admite duda. Se trata de una técnica que combina los ejercicios del pilates con la fisioterapia. Una estupenda formar de mejorar nuestra salud y ganar en equilibrio corporal gracias a los beneficios que suman ambas disciplinas. Así, estos movimientos se basan en el método pilates, pero se hacen contando con el apoyo y asesoramiento de un fisioterapeuta que marca las pautas adecuadas para las necesidades de cada persona. Y sin perder de vista una respiración consciente a la hora de acompañar esas posturas

De esta manera, con estas sesiones de fisiopilates los pacientes con ciertas patologías a nivel corporal notan cómo se va recuperando poco a poco su movilidad, mejora su fuerza muscular y se restablece la funcionalidad de su anatomía. Esto último es especialmente importante cuando hablamos de personas mayores ya que supone un punto positivo a la hora de prevenir caídas y atenuar los episodios de dolor asociados a su musculatura o articulaciones. Y todo ello se hace en un clima que favorece la conexión entre el cuerpo y la mente, algo que invita a la reflexión y a la relajación. 

Los beneficios del fisiopilates

Ejercicios de fisiopilates

Si quieres practicar alguna rutina de fisiopilates te adelantamos algunos de sus movimientos. Comenzamos: 

  • Tumbados en el suelo sobre una esterilla flexionamos las rodillas y apoyamos los pies en el suelo. A continuación, inspiramos y al soltar el aire subimos despacio la cadera hacia el techo todo lo que podamos. Las manos y los pies no se despegan del suelo. Mantenemos arriba unos segundos al tiempo que nos llenamos de aire y bajamos lentamente a la posición inicial mientras por nuestra boca sale el aire muy lentamente. 
  • En esa postura inicial, acostados en el suelo con las piernas flexionadas, levantamos la cabeza y el cuello como mirando a las rodillas. Los brazos, que están estirados a lo largo del cuerpo, se levantan unos centímetros y los empezamos a mover de arriba a abajo con cierta velocidad. Vigila que el cuello no sufra, para evitar lesiones en esa zona cervical. 
  • También tumbados, nos colocamos de lado con los pies juntos y la cabeza recostada sobre la mano y el codo apoyado en la esterilla. Inspiramos y levantamos lentamente una pierna varios centímetros de la otra. Mantenemos unos segundos y volvemos a bajar para juntarla con la otra pierna. Repetimos colocándonos del lado contrario.