Fisioterapia

¿Sabías que el fisiopilates puede ayudar a tu cuerpo? Conoce sus beneficios

Victoria Herrero

Foto: Bigstock

Lunes 15 de julio de 2019

2 minutos

Estos ejercicios se basan en el método pilates y cuentan con el asesoramiento de un fisioterapeuta

Los beneficios del fisiopilates

El concepto no admite duda. Se trata de una técnica que combina los ejercicios del pilates con la fisioterapia. Una estupenda formar de mejorar nuestra salud y ganar en equilibrio corporal gracias a los beneficios que suman ambas disciplinas. Así, estos movimientos se basan en el método pilates, pero se hacen contando con el apoyo y asesoramiento de un fisioterapeuta que marca las pautas adecuadas para las necesidades de cada persona. Y sin perder de vista una respiración consciente a la hora de acompañar esas posturas

De esta manera, con estas sesiones de fisiopilates los pacientes con ciertas patologías a nivel corporal notan cómo se va recuperando poco a poco su movilidad, mejora su fuerza muscular y se restablece la funcionalidad de su anatomía. Esto último es especialmente importante cuando hablamos de personas mayores ya que supone un punto positivo a la hora de prevenir caídas y atenuar los episodios de dolor asociados a su musculatura o articulaciones. Y todo ello se hace en un clima que favorece la conexión entre el cuerpo y la mente, algo que invita a la reflexión y a la relajación. 

Los beneficios del fisiopilates

Ejercicios de fisiopilates

Si quieres practicar alguna rutina de fisiopilates te adelantamos algunos de sus movimientos. Comenzamos: 

  • Tumbados en el suelo sobre una esterilla flexionamos las rodillas y apoyamos los pies en el suelo. A continuación, inspiramos y al soltar el aire subimos despacio la cadera hacia el techo todo lo que podamos. Las manos y los pies no se despegan del suelo. Mantenemos arriba unos segundos al tiempo que nos llenamos de aire y bajamos lentamente a la posición inicial mientras por nuestra boca sale el aire muy lentamente. 
  • En esa postura inicial, acostados en el suelo con las piernas flexionadas, levantamos la cabeza y el cuello como mirando a las rodillas. Los brazos, que están estirados a lo largo del cuerpo, se levantan unos centímetros y los empezamos a mover de arriba a abajo con cierta velocidad. Vigila que el cuello no sufra, para evitar lesiones en esa zona cervical. 
  • También tumbados, nos colocamos de lado con los pies juntos y la cabeza recostada sobre la mano y el codo apoyado en la esterilla. Inspiramos y levantamos lentamente una pierna varios centímetros de la otra. Mantenemos unos segundos y volvemos a bajar para juntarla con la otra pierna. Repetimos colocándonos del lado contrario. 
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