Miriam Gómez Sanz
Salud
La presión del "nuevo yo" en 2026: cómo fijar propósitos sin autoexigencia ni ansiedad
El cambio rápido y las rutinas idealizadas distorsionan las expectativas y generan comparaciones
"Ir al gimnasio todos los días", "no volver a fumar ni a beber nunca más" o "aprender un idioma en pocos meses" son algunos de los propósitos con los que muchas personas arrancan el 2026. Buena parte de ese afán por "reinventarse" en enero se alimenta hoy desde las redes sociales, donde abundan mensajes de cambio rápido, disciplina sin fisuras y bienestar permanente. Pero esa narrativa, tan atractiva como exigente, no siempre juega a favor de la salud emocional.
Esta presión, especialmente intensa al inicio del año, puede acabar generando ansiedad, frustración y abandono temprano de los objetivos, sobre todo cuando se plantean como transformaciones globales e inmediatas. "Enero concentra muchas expectativas y una fuerte presión por mejorar, pero cuando los propósitos se formulan como transformaciones globales o inmediatas, se activa un patrón de autoevaluación constante que incrementa la ansiedad y reduce la motivación a medio plazo", señala María Calle, psicóloga de Blua de Sanitas.
Las redes sociales amplifican este fenómeno al mostrar versiones parciales y cuidadosamente seleccionadas de la realidad, donde el esfuerzo, las dudas o los retrocesos rara vez aparecen. La comparación constante con esos modelos puede deteriorar la autoestima y generar la sensación de no estar nunca a la altura.
"El problema no está en proponerse cambios, sino en hacerlo desde estándares externos, poco realistas y no adaptados a la vida de cada persona. Cuando el foco se sitúa en cumplir una imagen ideal, física o personal, se prioriza la validación externa frente a las necesidades propias. Ese desplazamiento incrementa el malestar emocional y favorece el abandono temprano de los objetivos", advierte Calle.
Frente a esa dinámica, los especialistas insisten en la importancia de rebajar la exigencia y ganar flexibilidad, especialmente en una etapa del año en la que confluyen cansancio acumulado, rutina laboral y compromisos familiares.

Propósitos más amables y sostenibles
Los expertos de Sanitas recomiendan cambiar el enfoque clásico de los propósitos y apostar por hábitos realistas, pensados para encajar en la vida cotidiana. No se trata tanto de grandes resultados como de pequeños pasos sostenidos en el tiempo.
Entre las claves destacan formular objetivos centrados en hábitos y no en resultados, aceptar que el cambio no es lineal y que los retrocesos forman parte del proceso y priorizar el autocuidado frente a la perfección. Ajustar las metas a la energía disponible y reservar espacios de descanso suele ser más eficaz que imponerse rutinas rígidas.
Otra recomendación fundamental es revisar la relación con las redes sociales. Limitar la exposición a contenidos que generan comparación, silenciar cuentas que refuercen estándares poco realistas y seguir perfiles que muestren procesos completos puede ayudar a proteger el bienestar emocional. También resulta útil registrar los avances, por pequeños que sean, y compararlos con el punto de partida propio, no con lo que aparece en pantalla.
Además, los expertos recuerdan que replantear un objetivo no es fracasar, sino adaptar el camino a una realidad cambiante. Ajustar expectativas suele aliviar gran parte del malestar asociado a los propósitos de año nuevo.
En la mayoría de los casos, la presión disminuye cuando se adopta una mirada más flexible y realista. Aun así, si aparecen síntomas persistentes de ansiedad, bloqueo o desánimo, es recomendable consultar con un profesional para valorar la situación emocional y recibir orientación especializada.


