
Lucinda Cañal, afectada por los incendios: "Ha sido un horror"
Testimonios de afectados por los fuegos: "Ha sido un auténtico infierno"

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Los incendios forestales han quemado un total de 362.473 hectáreas en toda España entre el 1 y el 21 de agosto, según datos del Sistema de Información de Incendios Forestales de la Comisión Europea (EFFIS, por sus siglas en inglés) de Copernicus. Así lo ha avanzado este miércoles la vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, Sara Agesen Muñoz, durante su comparecencia en el Senado para informar sobre las medidas adoptadas por su Ministerio ante la grave situación de incendios forestales que afectan a distintos territorios con un impacto severo sobre el medioambiente, la biodiversidad y el ecosistema.
El 97% de la superficie afectada lo ha sido por grandes incendios forestales. En el caso de Galicia, la estimación sería de 158.000 hectáreas quemadas en ese periodo; en Castilla y León, 150.000 hectáreas; en Extremadura, 45.000 hectáreas; en Asturias, 2.405 hectáreas; y en Madrid, 2.338 hectáreas. También hay superficies afectadas en cantidades menores, en el caso de Andalucía, Navarra y Castilla-La Mancha.
Desde un pueblo de León, Lucinda Cañal nos cuenta su historia y cómo ha vivido esta ola de incendios. Tiene 69 años e invirtió todos sus ahorros en una casa en el pueblo de Trabazos de Cabrera Baja, en León, donde poder vivir tras su jubilación. De hecho, desde que dejó atrás su vida laboral reside la mitad del año en este municipio y la otra mitad en Barcelona. El fuego le ha pillado en su casa en Trabazos, provocando momentos de gran "angustia" ante la amenaza que suponía, tanto para ella como para el resto de habitantes.

Lucinda Cañal. Foto: Cedida por la entrevistada.
Lucinda empezó a ver el fuego procedente del incendio que se originó en Yeres (León), y que llegó a afectar a la zona de Las Médulas. Contuvo el aliento ante su avance, sin poder hacer otra cosa que observar mientras el fuego se extendía. "Nosotros estábamos totalmente incomunicados, sin teléfono, sin internet, sin nada de nada de nada", relata en una entrevista a 65YMÁS.
Tanto ella como su madre de 96 años y una tía de 90, que residen también en el pueblo, vivieron esta situación "con una inquietud terrible". "Me faltó que viniera alguien, no sé quién, no sé a quién le corresponde, pero estábamos incomunicados totalmente. Luego ya alguien nos explicó que podíamos subir al alto de Silván y que allí que podíamos comunicarnos. Y para mí eso fue un alivio porque cogíamos el coche, nos íbamos allí y tranquilizábamos a la familia", cuenta.
Con los días, a la inquietud por la incomunicación, se sumó poco después la "incertidumbre de ver qué hacíamos". "Había un humo tremendo, amanecíamos con todo el pueblo oscurecido de ceniza y humo", lo que hizo que "muchísima gente" se marchase. "Era un ambiente irrespirable", recuerda. Lucinda llegó a plantearse también dejar el pueblo y volver a Barcelona, pero decidió esperar "a que alguien nos dijera algo, cómo estaba la cosa", porque, según cuenta, "más que nada nosotros el fuego no llegábamos a verlo, solo era humo", hasta el punto de que "no veíamos el pueblo de abajo que está a dos kilómetros".
Con todo, desde La Baña, otro pueblo cercano, le transmitían "muchísima seguridad". "Me decían: aquí se está controlando con las máquinas y la gente del pueblo", sin embargo, el fuego seguía acercándose. "De repente, estaba extinguido, por las mañanas veías solo un poquito de humo, pero volvía a la tarde".
Para Lucinda, ver pasar coches de la UME hacia La Baña "me tranquilizó mucho". "El domingo pasó bien, pero el lunes ya otra vez el pueblo lleno de cenizas. Cayó ceniza en mi porche, la cogí y quemaba como una cosa mala. Pensé: si esto cae donde haya hierba seca se pone a arder".
Finalmente, la amenaza del fuego provocó que el Centro de Coordinación Operativa Integrado (Cecopi) Provincial de León decidiera en la noche del pasado lunes, 25 de agosto, desalojar ocho localidades de la provincia por los incendios de La Baña —como se denomina al de Porto que entró desde Zamora— y de Garaño por prevención, entre los que se encontraba el pueblo de Lucinda.

Bombero observando el incendio forestal, a 24 de agosto de 2025, en La Baña, Encinedo, La Cabrera, León, (Castilla y León). Foto: Carlos Castro (Europa Press).
Contó con la ayuda de la Guardia Civil, a quienes Lucinda agradece su ayuda para trasladar a su madre y a su tía. "Tenemos un coche pequeño y claro, si metía a mi madre no podía meter a mi tía. Entonces ellos lo primero que intentaron fue buscar una ambulancia para trasladar a mi madre. Pero no encontraban. Después hablaron de un taxi, porque claro estábamos mi pareja y yo, mi madre, mi tía y la cuidadora, pero tampoco encontraban. Y no se lo pensaron dos veces, cogieron un coche suyo y nos llevaron".
Lucinda y su familia fueron trasladados a La Bañeza. "Allí nos esperaba el alcalde y ya tenía buscada una residencia para mi madre y para mi tía", mientras que Lucinda ha podido quedarse en el polideportivo del municipio, donde ha recibido la atención de la Cruz Roja. "Se han volcado con nosotros, facilitando que pudiera estar comunicada con mi madre, preocupándose de la comida, de lo emocional, de tenernos acompañados. El alcalde también viene cada día a ver cómo estamos. Solo puedo decir cosas buenas del trato que hemos recibido aquí en La Bañeza. Es una gente increíble. Nos han cuidado muchísimo" y "nos han hecho vivirlo de una manera mucho más llevadera".
Con todo, los habitantes de Trabazos han tenido la suerte de que el fuego no ha alcanzado su pueblo, por lo que no han tenido que lamentar ninguna pérdida de ningún tipo. "Lo que pasa es que tuvimos la impresión de que sí, porque claro, nos subimos a un alto, era de noche, veíamos las llamas y daba la sensación que estaban cerca. Ahora me dicen que no estaban tan cerca, pero la visión era de horror". Cabe destacar que Lucinda ya vivió el incendio de 2017, también con su madre.
Lucinda, que espera volver pronto a su casa, donde tuvo que dejar a sus animales, sí que lamenta la pérdida que ha supuesto la quema de la naturaleza que los rodea. "El monte se ha quemado. Son mis paisajes del alma y que se me hayan quemado me matan", asegura.
Se trata de una situación que ha vivido "con mucha angustia. Yo la primera noche no pude dormir pensando en que todos mis ahorros los invertí en rehabilitarme una casa en el pueblo toda bonita para mi jubilación, para pasarme los veranos aquí, y digo eso se va al traste porque habíamos visto aquel fuego tan dantesco desde lo alto. Y también sufriendo por los que se habían quedado. Pensando que igual era muy arriesgado".
Ahora solo espera volver cuanto antes, "tratar de estar lo mejor posible y dar ánimo a la gente", y es que, destaca, no hay que olvidar que "la vida continúa, no nos queda otra".
Lucinda, quien ya ha podido regresar a su casa, es optimista y no cree que algo así vuelva a pasar. "Creo que van a estar más atentos", afirma. En cualquier caso, asegura que "no quiero vivir con miedo. Yo soy del género optimista. Yo no quiero irme. Quiero continuar la vida aquí que tenía proyectada". Además, señala, "la naturaleza también es muy rica y muy sabia, porque en nuestro pueblo hay una montaña de piedra que tenía unos robles magníficos y en el 2017 todo eso se quemó. Y yo decía: yo ya no vuelvo a ver la fraga que no sea una mole negra de piedra. Y resulta que vuelve a estar verde. Entonces yo confío que todo esto en un tiempo volverá. No será igual, será distinto, pero yo no puedo pensar de otra manera".
La situación en Castilla y León, a fecha de este viernes 29 de agosto, es de cinco incendios con un Índice de Gravedad Potencial (IGR) 2, cuatro de ellos en la provincia de León y uno en Zamora; otros tantos de nivel 1, de los cuales cuatro se circunscriben también a la parte leonesa y uno a Palencia, así como otros cinco de grado 0 y un total de 16 ya controlados, según la información facilitada por Inforcyl y recogida por Europa Press. En el caso de los más graves, permanecen en el índice más grave en León los de Fasgar, La Baña, Colinas del Campo de Martín Moro, Berlanga del Bierzo, el último surgido en la tarde del día anterior que obligó al desalojo de su población, así como el de Porto (Zamora), mientras que en nivel 1 se encuentran Anllares del Sil, Llamas de Cabrera, Barniedo de la Reina y Garaño, igualmente todos en la provincia de León, y el de Cardaño de Arriba, en Palencia.
"El fuego parecía una bestia"
El caso de Patricia Velasco (39 años) es similar, y su historia sobrecoge al igual que la de muchos otros afectados por esta ola de incendios. Ha vivido el acercamiento de las llamas al pueblo donde se encuentra, Retorta, una localidad que pertenece al Ayuntamiento de Laza (Ourense). Suele residir en la ciudad de Ourense, sin embargo, entre los meses de julio y agosto se traslada a este pueblo, donde ha vivido "un auténtico infierno".

Patricia Velasco. Foto: Cedida por la entrevistada.
"Todo empezó el 17 de agosto en el pueblo donde residimos. El fuego venía de otro pueblo que está como a unos 20 kilómetros y hemos visto cómo ha ido avanzando pueblo a pueblo hasta que un día llegó al de al lado. Es decir, lo estábamos esperando. Hasta que ese domingo 17 por la noche llegó al nuestro", cuenta en una entrevista a este diario.
Patricia recuerda que ese día fue "terrible", y es que su pueblo se encuentra en un valle, por lo que el monte los rodeaba y estaba cerca de las casas. "Estuvimos viendo cómo avanzaba el fuego esa mañana. Ya estaban preparados los bomberos forestales, porque venía de dos focos, uno de un lado y otro de otro. Entonces, claro, si esos focos avanzaban rodearían el pueblo. Así que desde las 10 de la mañana empezaron a trabajar. En ese momento, los helicópteros no podían todavía volar por el exceso de humo", recuerda.

Vista de Retorta. Foto: Cedida por la entrevistada.
Uno de los focos pudo ser controlado "bastante bien", sin embargo, no hubo tanta suerte con el otro. "Los bomberos se tuvieron que ir para otro sitio porque en la provincia estábamos todos igual. Hay muchos medios, pero claro, hay también mucho a dónde ir. Entonces, ese otro foco que no quedó bien controlado, a las 7 de la tarde se activó y fue un descontrol total y absoluto". El aire no ayudó y, de que se dieron cuenta, el fuego se encontraba "al lado de las casas. Parecía una bestia".
El fuego alcanzó el pueblo, de hecho, llegó hasta el jardín de la casa de Patricia. "Era una línea que abarcaba el perímetro de mi casa y las seis siguientes, y venía a lo bestia hacia las casas".

El esfuerzo de trabajadores y personas voluntarias, que realizaron "una labor bestial en una hora", consiguió detener el avance del fuego. "Era tan grande, las llamas de fuego podrían tener 20 metros", recuerda. "Limpiaron todo para intentar hacer un contrafuego lo más arriba y alejado posible de las casas. Ahí fue el único momento en que lo dieron por frenado".
"Salió bien y se salvaron las casas. Si no, iban las cinco primeras casas en fila porque ya no había más espacio ni había manera de apagarlo, ni con agua ni con nada", explica Patricia con evidente alivio. Llegaron a desalojarla de su casa, y otros vecinos incluso sacaron sus coches de las casas y los llevaron al río, así como animales, tractores y maquinaria. "Se llevó todo", afirma. "Hubo un momento que miramos y empezó a arder del otro lado. Es mucho más lejos, es al otro lado del río, pero empezó a arder también. Entonces, hubo un momento que ardía de los dos lados y fue una angustia. Hay que vivirlo para saber lo que es".
El trabajo para hacer frente al fuego continuó "toda la noche", y aunque consiguieron reducir las llamas, Patricia explica que siguieron la semana siguiente "todos los días de vigilancia, día y noche, porque hubo un pino que estaba quemado, pero empezó a arder la copa y echaba chispas. Estuvimos durante toda la semana con las mangueras tiradas, regando, humedeciendo todas las zonas, porque hizo mucho calor, no llovió y estuvimos toda la semana apagando pequeños rescoldos. Estuvimos en vilo toda la semana". Una vez controlado, también ayudaron al pueblo vecino.
Patricia y sus vecinos no han tenido que lamentar ninguna gran pérdida, aunque, señala, "hubo quienes vieron arder sus colmenas, fincas, bueno cosas que no es nada como una vivienda ni daño a personas, pero el paisaje es terrible. Pero hay que dar gracias porque lo que es lo importante, que somos las personas y las viviendas, están en perfecto estado".
Tras todo lo ocurrido, Patricia apela a la concienciación de la gente. "Tienen que tener sus zonas limpias y cuidadas al lado de las casas, para que cuando pasen este tipo de cosas, el riesgo de que pase algo mayor sea el mínimo", explica.
La ola de incendios que desde hace más de dos semanas azota Galicia parece acercarse a su fin, puesto que por primera vez desde su inicio, a fecha de este jueves 28 de agosto, no se notifica ningún foco activo en toda la comunidad. La Consellería de Medio Rural así lo recoge en su último parte, con datos recabados hasta las 14:45 horas de este jueves.