Fernando Ónega
Opinión

La España vaciada y silenciada

Fernando Ónega
La España vaciada y silenciada
Onega Fogonazos

 

Los árboles de Madrid no nos dejaron ver el bosque de la España paralizada por el temporal. Nos sedujo el espectáculo madrileño por la cantidad de gente que allí vive. Las televisiones nos llenaron de imágenes de esquiadores en la Gran Vía, de atascos, de árboles caídos, de hospitales sin acceso, de muestras de solidaridad y de ministros que pongamos que hablaban de Madrid. El caos de Madrid es muy televisivo y concentrador de poderes. Del rincón en el ángulo oscuro estaba la otra España: la España de los pueblos, que sufrieron el mismo aislamiento; la España de esos alcaldes que se tuvieron que subir a un tractor o agarrarse a una pala para limpiar las calles y socorrer a sus vecinos; la España del apagón eléctrico, que hoy entra en su cuarto día sin luz y muchos hogares sin agua caliente ni calefacción cuando llegan los hielos; la España que se siente afortunada si unos telediarios ebrios de estampas madrileñas les dedican un minutillo. Hay, efectivamente, esas dos Españas. Una requiere todas las atenciones y urgencias porque está bajo los focos. La otra sufre en silencio. Como si no existiera. Y a lo peor, a efectos de atención pública, es que no existe.