Los únicos que podemos estar medianamente tranquilos por nosotros mismos somos quienes tenemos 65 y más. Malo sea que quiebre el sistema de pensiones, malo sea que venga una crisis insoportable, malo sea que la destrucción de la tierra alcance tal velocidad que nos lleve a todos por delante. Pero estos días, al ver las catástrofes, miraba a mi hijo pequeño y a mis nietos y su futuro me empezó a dar miedo. Miedo, porque alguien está quemando la tierra de su abuelo, de la que siempre les hablo como refugio. Y miedo porque oigo y leo que desastres como el de la gota fría serán cada vez más frecuentes y devastadores. A esos chicos les están destruyendo su mundo. A esos chicos les están matando su porvenir. Empiezo a pensar que tienen por delante un horizonte desolador. Y hasta sin espacio vital.

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