Fernando Ónega
Opinión

El rigor y la barbaridad

Fernando Ónega
Congreso de los Diputados

La ley de eutanasia comenzó su andadura parlamentaria. Es el tercer intento, y ahora el gobierno cuenta con mayoría suficiente para sacarla adelante. Como ocurrió hace años con la ley del aborto, los debates prometen ser apasionados y quizá desquiciados. Ayer mismo hemos podido escuchar cómo algún representante político consideraba esta ley como un recorte sanitario. Traducido con horrorosa crueldad, sería como si el gobierno tratase de facilitar la muerte de personas para ahorrar en pensiones y hospitales. El asunto es demasiado serio como para asomarse a él con argumentos irracionales, por no llamarles enloquecidos. Hay una gran parte de la sociedad que siente la necesidad de no someter al enfermo a sufrimientos insoportables cuando su enfermedad es incurable. Y hay otra parte de la sociedad que opina lo contrario. Quizá nunca se pondrán de acuerdo. Pero de nuestra clase política esperamos, cuando menos, el rigor científico y la renuncia a la barbaridad.

 

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