Pilar Cernuda
Opinión

Los patios de Córdoba

Pilar Cernuda
Pilar Cernuda: Los patios de Córdoba
Cernuda Setenta y

Empieza mayo y los patios de Córdoba están a reventar. A reventar de bonitos, de espectaculares, de color, de imaginación. No se puede ir nadie de este mundo sin visitar Córdoba en mayo al menos una vez. En estas semanas tristes, grises, trágicas, dolorosas y desesperanzadoras en algún momento, Córdoba y sus patios están al pie del cañón y aunque no recibirán visitantes, ni se les ha pasado por la cabeza renunciar a sus flores, sus macetas, rejas, cántaros, azulejos e imágenes que esperan mayo para ofrecerse en todo su esplendor. 

Pilar Cernuda: Los patios de Córdoba

 

No habrá celebraciones en los patios con muchos vecinos, discusiones sobre los que merecen el premio, desconocidos a los que se invita a una copita mientras se les explica que es un esfuerzo de años y de todo el año. De años porque cuidar los patios como deben cuidarse es algo que se transmite de generación en generación, para que luego digan que todo lo bueno lo inventan los jóvenes. En este caso los jóvenes participan de la sabiduría que recibieron de sus abuelos, y sus abuelos de sus propios abuelos, y no hay quien no tenga referencias de cómo estaba su patio en tiempos pasados e incluso enseñan fotografías en blanco y negro, de épocas en las que no había fotos en color. Se imagina uno los colores, y a los bisabuelos cuidando esquejes, compartiendo tareas con los mismos vecinos de toda la vida, reponiendo macetas, subiéndose a escaleras de madera para llegar a los rincones más altos,  porque ni un metro de pared o de alféizar puede quedar sin sus flores.

Pilar Cernuda: Los patios de Córdoba

 

Uno de los años que fui a Córdoba, en un patio de la calle San Basilio una mujer con flor en el pelo se empeñó en presentarme a su abuela, sentada en una silla  de anea, pintada de colores sobre un fondo rojo. Era la mejor, me contó, aunque hacía tiempo que no intervenía en la preparación del patio. “Pero no pierde ojo, estaba ahí callada mirando todo lo que hacíamos estos días. Y en cuanto nos pillaba en falta nos gritaba: “Niña, ese geranio colócalo más abajo; en el pozo siempre ha habido gitanillas, y no olvides traer del pasillo el macetero de la abuela, nunca ha faltado en el patio en el mes de mayo. Ponlo al lado de la escalera”.

Qué sería de las tradiciones sin abuelos…

Pilar Cernuda: Los patios de Córdoba

 

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