Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

Roncar no es solo cosa de hombres

Ramón Sánchez-Ocaña
Roncar no es solo cosa de hombres

Píldoras

 

En principio, sí: roncar es cosa de hombres, pero solo hasta la menopausia. A partir de ese momento, también ellas roncan, aunque suelen ser ronquidos menos potentes y menos pronunciados. En general, puede decirse que casi la mitad de los adultos ronca y muchos lo hacen de forma habitual. Se puede decir que el 65 por 100 de hombres y el 34 por 100 de mujeres ronca por la noche.

Intervienen muchos factores en las causas del ronquido. La gran mayoría ronca por la vibración de los tejidos de la garganta. Normalmente, el ronquido se debe a un aumento del tamaño del velo del paladar. El velo se descuelga y hace vibrar el aire de inspiración y espiración. Es evidente que cuanto más profundo es el sueño, más se relaja ese velo y por tanto, más posibilidades hay de que se produzca el ruido cuando el aire atraviesa esa zona.

La obesidad va unida al ronquido  Y es que la anchura del cuello que la obesidad conlleva comprime las vías respiratorias. Los otros factores que más lo favorecen son el tabaco –por la irritación constante de esas mismas vías– y el alcohol, porque incide en el mecanismo específico que produce el ronquido. El alcohol, no puede olvidarse, es un depresor del sistema nervioso central y una de sus primeras consecuencias es contribuir a la relajación muscular. El velo del paladar se vería más relajado por el alcohol que favorecería así la aparición del ronquido. De hecho son muchos los adultos que roncan solo cuando beben.

Aunque hay mucha diferencia de intensidad, puede decirse que la mitad de la población española padece roncopatía crónica. Parece que los españoles y los orientales tenemos una configuración de la cabeza que favorece la ronquera y el ronquido. Tenemos el paladar, según dicen, de un tamaño superior al normal y ese aumento del velo palatino estrecha el calibre del paso del aire, produciéndose el sonido característico del ronquido.

La consecuencia del ronquido es la dificultad de oxigenación que comporta. Y también puede ser un indicador de que se padece apnea del sueño.

Algo más que una molesta compañía

El 65 por 100 de hombres y el 34 por 100 de mujeres roncan por la noche, según confiesan sus compañeros de cama. Y alrededor del 5 por 100 de los roncadores sufren apnea obstructiva del sueño, es decir, una interrupción de la respiración mientras estamos dormidos y que nos alerta sin despertarnos. El problema, aparte de los que se deriven de la falta de respiración, es que ese alertamiento casi constante, impide un descanso normal. Uno de los síntomas de quien padece apnea es precisamente el sueño que tiene que sufrir a lo largo del día. Quien tiene apnea duerme por la noche, pero no descansa, con lo que padece sueño diurno, durmiéndose en cuanto lee, se sienta o ve la televisión. Conviene consultar, porque tiene solución y el paciente  recupera un sueño normal, lo que le permite tener una vida activa sin ese cansancio crónico que arrastra por las obstrucciones respiratorias. Pero debe advertirse que no todas las personas que roncan padecen esta apnea del sueño.

Por qué se ronca

Intervienen muchos factores en el ronquido, aunque la gran mayoría  ronca por la vibración de los tejidos de la garganta. Normalmente, el ronquido se debe a un aumento del tamaño del velo del paladar. El velo se descuelga y hace vibrar el aire de inspiración y espiración. Es evidente que cuanto más profundo es el sueño, más se relaja ese velo y por tanto, más posibilidades hay de que se produzca el ruido cuando el aire atraviesa esa zona.

También la obesidad va ligada al ronquido, porque la anchura de cuello que la obesidad conlleva comprime las vías respiratorias. También lo favorece el tabaco que irrita las vías respiratorias y el alcohol, porque incide en el mecanismo específico que produce el ronquido. De hecho son muchos los adultos que roncan solo cuando beben.

La solución no es compleja, pero pasa por un estudio del modelo de sueño del individuo.

Cuando es crónico

Con distinta intensidad, la mitad de la población ronca habitualmente. La media mundial se sitúa entre el 15 y el 60 por 100. Parece que los españoles y los orientales tenemos una configuración de la cabeza que favorece la ronquera y el ronquido. Y si a ello unimos la obesidad, tenemos las dos causas principales de roncar. La alimentación también parece tener un efecto causal sobre estas afecciones. Se produce porque el paladar tiene un velo superior al normal. Así se reduce el calibre del paso del aire y tiene menor espacio, con lo que produce el sonido característico del ronquido.

El principal síntoma, además del ronquido, es la dificultad de oxigenación que comporta y puede comprometer la vida del enfermo con problemas cardiorrespiratorios. Según los expertos, aproximadamente el 40 por 100 del tiempo que destinamos al sueño permanecemos sin respirar, es decir, respiramos intermitentemente. De este modo, un roncador que haya llegado a una fase grave suele sufrir entre 200 y 600 paros respiratorios cada noche, con una duración que oscila entre los diez segundos de detención pulmonar -tiempo total inocuo- y los tres minutos, lapso este que puede llegar a provocar la muerte por paro cardio-respiratorio. 

Cómo despertamos

Solo un 6 por 100 de las parejas se despiertan gracias a un beso. El 48 por 100 lo hacen de un codazo en el costado. Un 12 por 100 no empiezan el día todo lo bien que quisieran ya que se despiertan con los gritos del cónyuge que les dice: “¿Te vas a levantar de una vez?”.

La encuesta, que como puede verse es de lo más completo, señala que sólo el 39 por 100 de las personas que son despertadas por su pareja se levantan dócilmente y de buen humor, mientras que los demás o no reaccionan o se vuelven a dormir. Los que peor lo tienen son los componentes del 14 por 100 que se pelean regularmente a la hora de levantarse. Son las víctimas de eso que se llama “mal despertar”.

Sobre el autor:

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) es miembro del Comité Editorial de 65Ymás. Estudió Filosofía y Letras y es licenciado en Ciencias de la Información. Fue jefe de las páginas de Sociedad y Cultura de El País, y profesor del máster de Periodismo que este periódico organiza con la Universidad Autónoma de Madrid. 

En 1971 ingresa en TVE. En una primera etapa se integra en los servicios informativos y presenta el programa 24 horas (1971-1972). Entre 1972 y 1975 continúa en informativos, presentando el Telediario. No obstante, su trayectoria periodística se inclina pronto hacia los espacios de divulgación científica y médica, primero en Horizontes (1977-1979)​ y desde 1979 en el famoso Más vale prevenir, el cual se mantiene ocho años en antena con una enorme aceptación del público.

Tras presentar en la cadena pública otros dos programas divulgativos, Diccionario de la Salud e Hijos del frío, fue fichado por Telecinco para colaborar primero en el espacio Las mañanas de Telecinco y posteriormente en Informativos Telecinco.

Es colaborador habitual de radio, periódicos y revistas, y autor de una veintena de libros, entre los que destacan Alimentación y nutrición, Francisco Grande Covián: la nutrición a su alcance, El cuerpo de tú a tú: guía del cuerpo humano, Guía de la alimentación y Enciclopedia de la nutrición

En 2019 entró en el Comité Editorial del diario digital 65Ymás, en el que colabora actualmente.

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