Salud

Convivir con el dolor

65ymás

Viernes 14 de junio de 2019

9 minutos

Cuando se hace crónico, quien lo padece se siente hasta 30 años más viejo

Convivir con el dolor

Todos tenemos una idea clara de lo que es el dolor. Los años, además, nos permiten tener muchas experiencias dolorosas. Los reumatismos, la osteoporosis, o ese que padecemos ya casi todos que es el dolor de pies... Convivimos con el dolor. Ya lo tratamos de tú. Y sin embargo  pocas veces nos detenemos a conocerlo ¿Qué es? ¿Cómo se produce? ¿Por qué ? Vamos a presentárselo. Permítame: aquí, una persona mayor. Aquí, el dolor. No, no diga que encantado, porque no es verdad.

¿Qué es el dolor?

La primera definición de dolor que encontramos es la de una sensación penosa más o menos localizada.

Cuando se produce un hecho doloroso, un grupo de células segrega una serie de sustancias llamadas algógenas (algos = dolor), que transmiten la sensación hacia el cerebro. Los investigadores van hoy mucho más allá. Parece ser que nuestro propio organismo tiene unos receptores del dolor muy determinados. Y que si se excitan o si se bloquean se siente o no se siente dolor. Por eso, por estimulación eléctrica se puede suprimir el dolor, o producir sensación de dolor, según se excite un receptor u otro.

En cualquier caso, en el dolor hay que distinguir dos componentes: el sensorial (el que realmente duele) y el de reacción (que es producto de la educación).

La app Monitor del Dolor y otros avances relacionados con este síntoma

No duele siempre igual

El primer factor que distorsiona el dolor es la atención. El enfermo aburrido o angustiado siente más el dolor. Si además este dolor se produce un sábado y sabe que hasta el lunes no podrá resolverlo, el dolor se hace mayor. Por la noche, como el tono muscular es menor, el dolor aumenta; y también por el miedo o por falta de seguridad.

Y aunque no tengamos una explicación muy racional, hay dos factores reconocidos que hacen que las cosas duelan más: la sensibilidad artística y el nivel cultural. A más cultura más dolor. Y a más sensibilidad, también.

Por otra parte, hay variables que aumentan la tolerancia, que hacen que duela menos. Por ejemplo, un soldado entusiasta con su causa lo soporta mejor. Mientras los ejércitos nazis invadían Europa en los hospitales sólo ingresaban alemanes heridos, muy pocos enfermos y raramente algún simulador. Durante la retirada, casi todos los ingresos fueron por enfermedad o por simulación.

Primer aviso

El dolor es la razón más frecuente de quejas y visitas médicas, porque suele ser el primer aviso de enfermedad. Hasta el punto de que a lo largo de la historia, estar enfermo y padecer dolor tenían la consideración de ser sinónimos, eran conceptos similares. Y quizá esa es la razón -considerarlo inevitable-, por la que nunca, hasta hace muy pocos años, mereció la atención de los investigadores.

Fue en 1973 cuando se descubrieron en el cerebro unos receptores opiáceos, llamados endorfinas que podrían explicar muchas cosas en torno al mecanismo del dolor. Como por ejemplo, por qué unos tienen una menor sensibilidad que otros. Por qué a unos les duele y a otros no, dependiendo del nivel de endorfinas que posean.

El dolor o la depresión pueden ser síntomas previos del párkinson

Tipos

Los expertos distinguen cuatro clases de dolor:

  1. El agudo, de corta duración, reactivo y que puede ser tratado rápidamente.
  2. El dolor crónico es de larga duración, no es reactivo y podría ser el dolor de un reumatismo .
  3. El dolor superficial como podría ser el de una muela o el de un parto.
  4. Y, por último, ese otro dolor profundo mucho más difícil de soportar, como podría ser el de una artritis o un cáncer.

Lo curioso es que también los médicos identifican el dolor según lo confiesa el paciente. Por ejemplo, si habla de dolor profundo, es de huesos; si es de hígado, riñón o digestivo, habla de retortijón; si es de úlcera de estómago, suele referirse a sensación de hambre dolorosa; si se refiere a algún tipo de angina, suele decir que siente constricción; si es un dolor nervioso (neuropático) suele hablar de dolor punzante o con sensación de quemadura...

Cómo se produce

En síntesis, puede decirse que el dolor se produce ante un estímulo en cualquier tejido. Más dolor en aquellos tejidos en donde se acumulan terminaciones nerviosas. Las sustancias, liberadas de pronto, acuden rápidamente al cerebro para avisar que ha ocurrido algo y por tanto que debe haber dolor para disponer después toda la reacción. Esa reacción puede ser un grito, una inflamación...

Pero, y ese ha sido el gran descubrimiento, hay veces que las endorfinas actúan. Y se comportan como una auténtica barrera para la señal dolorosa, y o no llega, o llega de forma atenuada.

¿Sirve para algo?

Y aquí está la clave. Descartes decía: “El dolor no es ni más ni menos que un sistema de alarma cuya función es la de señalar una lesión corporal”. Sin embargo, no es así de sencillo. En primer lugar porque hay dolores que no implican peligro alguno, como el caso de los llamados dolores de crecimiento, de parto... Y por el contrario, todo el mundo conoce casos de graves enfermedades que no provocan el más mínimo aviso y cuando se detecta un síntoma cualquiera ya suele ser tarde. Un aviso precoz hubiera sido muy beneficioso.

Y, en otros procesos, el dolor no tiene sentido. Ni es aviso, ni alarma y, además, adquiere una intensidad brutal, como en el caso de los dolores de un miembro amputado, o las conocidas y tremendas neuralgias de trigémino. El dolor en estos casos es absolutamente inútil.

Sin embargo, para los médicos, el dolor no es más que un síntoma molesto, penoso, a veces difícil de suplir, pero que además casi nunca tiene valor real para el diagnóstico. Hoy los investigadores lo afirman rotundamente: el dolor no tienen por qué existir. Y debería suprimirse, siempre que fuera posible.

Paciente con dolor de hombro

Muy frecuente

Diez millones de españoles padecen dolor. Más de la mitad de la población (54,9%) ha padecido dolor en los últimos meses. Si se incluye el dolor de cabeza, el postoperatorio y el oncológico, el porcentaje sube hasta el 61,5.

Entre un 40 y un 80 por 100 de las consultas están relacionadas con el dolor y es el síntoma principal del 42,8% de los pacientes que ingresan en urgencias.

Las mujeres lo padecen más que los hombres y los mayores de 60 años son los que más dolor sufren.

Lo que más duele

Por localización los dolores más frecuentes son la columna lumbar, la rodilla, las cervicales y el hombro. Y la causa más importante es la artrosis y después las afecciones de partes blandas de origen no traumático, como bursitis, tendinitis… La artrosis es mucho más frecuente en mujeres en una proporción de 1 a 3.

En cuanto a la intensidad de los dolores, valorando del 1 al 10, el que logró una mayor intensidad (un 7) fue el del aplastamiento vertebral, consecuencia de la osteoporosis. El segundo lugar fue para la fibromialgia.

Cuando se hace crónico

Por dolor crónico se entiende el que se mantiene por lo menos durante seis meses y con una intensidad notable (entre moderada y grave).

En España no son muy fidedignos los datos de quienes padecen el dolor crónico porque, según los especialistas, nosotros soportamos el dolor porque solemos considerarlo como parte natural de la enfermedad o de los procesos patológicos. Y ahí pueden intervenir factores religiosos y culturales (el valle de lágrimas).

Los españoles que más padecen este dolor tienen una media de 51 años y la causa mayoritaria, según los datos, se achaca a problemas reumáticos o hernias discales.

El tiempo medio del dolor crónico es de más de 9 años. Y el 35% de pacientes vive sufriendo dolor durante toda su vida.

Más de la mitad de los pacientes, el 58%, cree que el tratamiento que sigue para el dolor es inadecuado y que sería posible mejorar su efectividad.

Todo dolor puede cronificarse

El dolor crónico es, en sí mismo, una enfermedad. Y entre los derechos del individuo debe de figurar ya que su dolor sea tratado como una entidad clara independientemente de la razón que lo provoque. Quienes padecen dolor crónico tienen una afectación global de su calidad de vida, que supera a otras enfermedades crónicas, ya que provoca limitaciones físicas y psicosociales; por eso se sostiene que debe considerarse como una enfermedad en sí mismo.

Solemos ignorar que todo dolor -TODO- se puede cronificar de manera que si el tratamiento contra su causa funciona y la causa desaparece, podría no desparecer el dolor. Porque nuestro organismo es tan complejo que, por desgracia, muchas veces los nervios guardan memoria de ese dolor, y por tanto, sin tener una razón orgánica, el sistema nervioso recuerda el dolor y el cerebro siente  ese dolor como presente... Duele como cuando tras la amputación de un miembro, duele ese miembro “fantasma”.

En la mayor parte de los casos, el dolor crónico se debe a enfermedades reumáticas o a la osteoporosis. Es dolor que muchas veces incapacita para poder llevar una vida normal. No se pueden subir escaleras, no se puede ir a la compra... Y uno de los problemas añadidos es que además hasta en un 30 por 100 de casos lleva a la depresión, porque toda la actividad está presidia por el dolor: es quien dicta lo que puedes o no puedes hacer. Por si fuera poco hay una especial incomprensión porque los demás, incluso los del entorno más cercano, no entienden qué es vivir con dolor... Y empiezan con ese “no será para tanto...”.

Consecuencias

En España es en donde se acusa mayor frecuencia de depresión por dolor (casi el 30 por 100), mientras que Dinamarca apenas llega al 11.

Las consecuencias más destacadas del dolor crónico son la pérdida de trabajo (22 por 100) y la depresión. Se ha demostrado, por ejemplo, que las probabilidades de abandonar un puesto de trabajo a causa de una enfermedad son siete veces mayor entre los individuos con problemas de dolor crónico que entre los que no.

La mayoría de los pacientes suelen quejarse de que el médico se preocupa más por curar su enfermedad que por aliviar el dolor.

De todos modos, un 65 por 100 sigue un tratamiento y consume más de dos pastillas diarias.

Los especialistas sostienen que en España se utilizan muy poco los opiáceos para aliviar el dolor, seguramente por miedo a la adicción y por la falta de información.

51 años y con reuma

Los españoles que más padecen este dolor tienen una media de 51 años y la causa mayoritaria se achaca a problemas reumáticos o hernias discales. El dolor crónico no distingue sexos. Y parece que nosotros soportamos mejor el dolor que en otros países, porque, según los especialistas estamos acostumbrados a considerarlo como parte natural de la enfermedad o de los procesos patológicos. Y ahí pueden intervenir factores  religiosos y culturales.

Pero añade otros problemas. Las limitaciones que el dolor crónico produce en la vida cotidiana, hace que el individuo se sienta 30 años mayor de la edad real que tiene. Además, no afecta sólo al paciente, sino que influye en las relaciones familiares y con los amigos. Y disminuye, entre un 15 y un 20 por 100 las relaciones sexuales. Un 8 por 100 tuvieron que abandonar un cargo de responsabilidad profesional.

Es uno de los síntomas que peor se lleva porque, aparte de ser una señal que recuerda constantemente la enfermedad, afecta de manera individual, familiar y social. A pesar de ello, la aceptación del sufrimiento es especialmente alta y se asume como algo inevitable e inherente a la enfermedad. Este grado de conformidad influye a su vez en que no se preste la atención necesaria para este problema.

Mujeres: 7 de cada 10

Los primeros resultados indican que el dolor crónico se manifiesta mucho más en mujeres que en hombres en una proporción de 7 a 3; es decir de cada cien pacientes, 70 son mujeres. Por si fuera poco, el 54% de las mujeres que lo padecen son amas de casa y la cuarta parte de ellas están jubiladas. La mayoría pertenecen a un nivel socioeconómico medio y bajo.

El dolor más frecuente sigue siendo el osteoarticular (huesos y articulaciones) que afecta a más del 60%. Le sigue en incidencia el dolor neuropático que afecta al 49%.

Mujer dolor crónico en la mano (bigstock)

El neuropático

Se trata de un dolor crónico provocado por daños o trastornos del sistema nervioso. Este dolor se define como punzante, constante, intenso, como una descarga eléctrica, que se debe a una lesión del sistema nervioso y no suele responder a los analgésicos. Puede surgir por inflamación, o por uso excesivo de una articulación.

Uno de los más frecuentes es la llamada neuropatía periférica diabética, que es una complicación de la diabetes que afecta al tejido nervioso. Quizá el más conocido sea el de la neuralgia después de haber padecido un herpes zoster (la zona afectada, desaparecidas ya las secuelas del herpes, siguen doliendo).

Del mismo modo puede seguir como un dolor constante, como en voz baja, la neuralgia de trigémino, una vez pasada la fase aguda.

Muchos amputados conocen el llamado “dolor del miembro fantasma”, que no es otra cosa que un dolor fuerte, muchas veces insoportable, que se produce en las terminaciones nerviosas del miembro que ya no existe.

El problema más grave de este dolor es que no responde a las terapias habituales: ni los analgésicos, ni los antiinflamatorios logran mejoría, lo que lleva a la frustración no sólo de los pacientes, sino también de muchos médicos.

Dolor nociplástico

Y el "nociplástico"

Es un concepto reciente y trata de nominar a ese dolor al que no se le encuentra el origen. No es de huesos, ni siquiera de una zona determinada. Por ejemplo, como el de la fibromialgia, o dolor de vísceras o casos en que se justificaría un dolor leve, pero que aparece con una intensidad desproporcionada. Podría hablarse del dolor sin lesión, lo que llevaría a un tratamiento fundamentalmente psicológico.

El "susto" del prospecto

Los médicos ya son conscientes de que deben informar exhaustivamente al paciente con dolor. Decirle qué le recetan o cómo actúa el fármaco que le proporcionan. Porque normalmente, el enfermo lee con avidez el prospecto y, como es habitual, la simple enumeración de los efectos secundarios, le pone los pelos de punta. O cuando comprueba que el medicamento que le han prescrito no parece tener una relación directa con el dolor y sí, por ejemplo, con la depresión, o que su indicación principal es para evitar convulsiones. Las posibles contraindicaciones son otra señal de alarma que el paciente debería de conocer con antelación.

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