Salud

La exdirectora de Salud de la CE: "Será muy difícil conseguir la inmunidad de grupo en verano"

Pablo Recio

Miércoles 24 de febrero de 2021

12 minutos

Primera entrevista con un medio español de la exdirectiva de la Comisión Europea, Anne Bucher

Anne Bucher exdirectora de Salud de la CE explica si se podrá conseguir la inmunidad
Pablo Recio

Miércoles 24 de febrero de 2021

12 minutos

La exdirectora de Salud y Seguridad Alimentaria de la Comisión Europea y alta funcionaria europea, Anne Bucher (Francia), en el cargo hasta octubre de 2020 y testigo y parte fundamental en todo el proceso de compra de vacunas contra el Covid-19, ha querido conversar con 65Ymás para comentar cómo ve la marcha de la campaña de vacunación, a qué se debe la actual falta de dosis, cuáles cree que son los principales errores y aciertos cometidos por la Unión y qué lecciones han sacado de esta pandemia.

Pregunta - Usted ha sido testigo del proceso de compra de millones de dosis de las vacunas contra el Covid por parte de la Unión Europea. Sabiendo que estas negociaciones se llevan con absoluto secretismo, ¿qué podría desvelarnos sobre este tipo de transacción donde se mueven millones de euros públicos?

Respuesta -  Es un proceso que se hizo de manera inclusiva con los Estados Miembros. A mediados de junio de 2020, todos se pusieron de acuerdo para comprar de forma conjunta y para que la financiación –para "reservar" las dosis– viniese de un fondo de urgencia especial de la Unión Europea. 

Entonces, los países decidieron elegir las vacunas siguiendo varios criterios: debían tener una perspectiva de desarrollo a principios de 2021 –es decir, que sus ensayos clínicos estuviesen avanzados–, tenían que tener una capacidad de producción en Europa –porque la UE utiliza, esencialmente, vacunas que se están produciendo en Europa, con criterios de calidad y seguridad comunes– y también decidieron diversificar los riesgos y que las vacunas utilizasen diferentes tecnologías.

Sobre estas bases, los Estados Miembros seleccionaron seis vacunas a las que, posteriormente, se añadieron otras dos. Y, en ese momento, comenzaron las negociaciones con las empresas.

P.- ¿Cree que la Unión Europea tardó en iniciar el proceso de compra y de negociación de las vacunas (en comparación con otros países como Estado Unidos)?

R.- Es cierto, comparado a los Estados Unidos, que fueron los primeros. Allí, tenían, antes de la pandemia, un dispositivo de gestión de crisis que les permitió financiar la investigación de las vacunas y comprar reservas de dosis ya en febrero de 2020. Empezaron muy pronto. 

Además, es verdad que, a partir del momento en el que Estados Unidos firmó sus contratos, las reglas contractuales que utilizaron sirvieron de referencia para las siguientes negociaciones con otros países.   

P.- ¿Piensa que los fondos europeos destinados para la compra de vacunas fueron suficientes? 

R.- La UE contaba con un instrumento de urgencia, con un presupuesto de 2.700 millones de euros. Era el techo que tenía para realizar las compras. Y si cogemos la totalidad de los acuerdos que se firmaron, se compraron más de 2.300 millones de dosis. Entonces, en términos de volumen, los fondos fueron suficientes. 

Sin embargo, la gran diferencia entre las compras de la UE y la de los Estados Unidos, es que, como los EEUU pagaron en febrero de 2020, también financiaron la investigación y la inversión para aumentar las capacidades de producción. Por ejemplo, si pensamos en los fondos que destinaron ellos –más de 10.000 millones de dólares–, se emplearon, en parte, para ayudar a las empresas a adaptar sus cadenas de producción, y es algo que puede explicar que hayan tenido una capacidad de producción más grande que Europa.  

P.- ¿Por qué la UE no incluyó cláusulas de exclusividad en los contratos con las empresas farmacéuticas para garantizarse dosis?

R.- Es cierto que Trump siempre dijo que las vacunas que se produjeran en Estados Unidos se quedarían en su país. Pero para Europa es difícil imponer este tipo de cláusulas. Primero, porque hay una enorme capacidad de producción y empresas como AstraZeneca, por ejemplo, ya habían firmado contratos con países como Canadá, pensando que la producción europea podría llegar también para ese país. Así que ya existían compromisos anteriores por parte de las empresas.

Luego, Europa también había indicado que participaría en el esfuerzo internacional de proveer de dosis al conjunto de países con el fondo COVAX y, por ello, no iba a imponer cláusulas de exclusividad. 

El 80% de españoles se vacunaría de la Covid-19 si ayudase a proteger a los mayores

 

P.- ¿Por qué los contratos firmados con las farmacéuticas son secretos?

R.- Hay que saber que esto responde a una regla internacional. En los mercados donde participan organismos públicos hay acuerdos abiertos y otros negociados y, en este segundo de los casos, existen reglas de confidencialidad para proteger la competencia y la información industrial y comercial. Todos los contratos farmacéuticos son de este segundo tipo.

Entonces, tanto en la UE como en los acuerdos firmados por el Reino Unido o EEUU, existen clausulas de confidencialidad y, para publicar algo, hace falta la autorización de los firmantes. Por eso la UE pudo publicar –tras las peticiones de los medios y del Parlamento Europeo– una versión de los contratos con AstraZeneca, eliminando las partes que la empresa no deseaba dar a conocer. 

P.- ¿Por qué razón están llegando de forma más lenta las dosis a la Unión Europea que a otros países como Reino Unido o Israel?

R.- Los problemas que la UE ha tenido respecto a las entregas de las vacunas a principios de 2021 son de diferente tipo. Pero creo que el mayor de todos fue con AstraZeneca, que está distribuyendo muchas menos dosis de las anunciadas, cerca del 40%.

El Reino Unido tomó la delantera en este caso. No tanto con la firma de los contratos con la empresa ni imponiendo cláusulas de exclusividad, sino que autorizó la vacuna antes que la UE y, entonces, empezó en diciembre, mientras que la UE tardó hasta enero.

P.- ¿Piensa que fue acertada la estrategia de adelantar dinero a las farmacéuticas en verano de 2020 antes de que produjesen las dosis, sin saber si realmente tenían la capacidad de producirlas en el tiempo esperado?

R.- Estos contratos en los que los estados reservan futuras dosis son muy habituales. Por ejemplo, se hacen con las vacunas de la gripe. Y también a nivel internacional, como con la iniciativa COVAX.   

Eso sí, lo que hubiese sido deseable es que la UE –aunque no tiene las competencias para hacerlo– hubiese seleccionado las vacunas con más antelación, financiado la investigación y ayudado a las empresas a aumentar sus capacidades de producción. Quizá no creando nuevas plantas, que es algo que tarda años, pero sí trabajando con subcontratas para que estén dispuestas adaptar sus líneas para producir la vacuna a gran escala. Y eso, no lo hemos hecho, porque la UE no tiene las competencias.

Con todo, la Unión tiene ahora una propuesta en ese sentido y pretende crear una agencia similar a la que existe en los Estados Unidos, que se llamaría HERA (Health Emergency Response Authority), y que tendría las competencias y el presupuesto para preparar la respuesta a otras pandemias de la industria de las vacunas. 

P.- ¿Piensa que la industria farmacéutica está a la altura y cumple adecuadamente con sus compromisos visto las dosis que están llegando?

R.- No quiero entrar a juzgar lo que pasó en las discusiones cuando tuvimos noticias, tan decepcionantes, sobre los retrasos en las entregas de dosis. Para mí, está claro que era complicado firmar contratos en verano de 2020, cuando no se sabía si las vacunas iban a desarrollarse ni cuándo tendrían la autorización ni cuántas dosis se pedirían. Había mucha incertidumbre que hacía difícil la planificación de la producción. Por ello, sabíamos que en el primer trimestre de 2021 habría riesgos, pero también que, ciertamente, en el segundo y tercero, las entregas se harían a pleno ritmo.

En segundo lugar, hay que decir también que las nuevas vacunas que tenemos, como las de BioNTech y Moderna, no las producen grandes empresas, por lo que tienen que buscar acuerdos y eso es algo que demora en hacerse.

Además, hubo compañías, como AstraZeneca, que no eran fabricantes de vacunas y tuvieron que buscar subcontratas. 

Y en ese punto, hay algo que los Estado Unidos hicieron y que Europa podría hacer –en el futuro–, y es que, cuando se hicieron estos acuerdos, los Estados podían apostar y ayudar para ir hacia una colaboración público-privada, porque los Gobiernos conocen bien a todos los actores que existen y que pueden encargarse de las distintas partes del proceso de producción.

Por ello, podrían haber organizado todo este ecosistema para que las líneas de producción estuviesen disponibles y así facilitar los acuerdos entre los laboratorios farmacéuticos. 

P.- ¿Hubiese sido deseable la creación previa a la pandemia de un Airbus (empresa con capital de muchos países europeos, incluidos los propios Estados) del sector farmacéutico? ¿Habrían llegado antes las dosis?

R.- Es la idea que tenemos con la HERA. Cuando se cree, la agencia podría organizar, conseguir financiación, pedir a la industria que innove y construya para tener la suficiente capacidad de producción, poner en contacto a las subcontratas y asegurarse que tienen todo lo que necesitan para producir las vacunas. Todo ello, para que se pueda dar una respuesta adecuada en caso de crisis.  

EuropaPress 3320999 investigadora trabajando laboratorio vacuna rusa contra coronavirus sputnik

 

P.- Actualmente, con la escasez de dosis que hay, y a la espera de que en primavera y verano puedan llegar más, ¿se podría plantear la compra de vacunas producidas en otros países como Rusia o China? ¿España podría autorizar esta vacuna por su cuenta, como hizo Hungría?

R.- A nivel europeo, y esto forma parte del acuerdo que se firmó cuando se hicieron los contratos, los Estados Miembros se comprometen a esperar la autorización de la Agencia del Medicamento Europea (EMA), sabiendo que está aplicando un procedimiento acelerado.

Sin embargo, cada país, y esto es una competencia nacional, puede solicitar una autorización propia de urgencia para fármacos que no han sido aprobados por la EMA. Y ese mecanismo fue el que usó el Reino Unido en noviembre y diciembre con las vacunas de BioNTech/Pfizer y AstraZeneca –hay que recordar que en ese momento los británicos estaban obligados todavía a cumplir con las normas del mercado común–.

Y también lo usó Hungría, por eso, puede vacunar con las dosis rusas. Así que España, como Estado Miembro, tendría la posibilidad de tomar la misma decisión, mediante este procedimiento de urgencia, a nivel nacional. 

Eso sí, en ese caso, si hay un problema con esa vacuna, sería el Gobierno el que tendría la responsabilidad. Hay que ser conscientes de las implicaciones que tiene esta decisión. 

P.- ¿Cuándo estima que alcanzaremos la inmunidad de grupo en la Unión Europea? 

R.- Existe un objetivo, que la Comisión Europea ha recomendado: que se vacune, de aquí al verano de 2021, al 80% de la población. Es una meta muy ambiciosa. Aunque, probablemente, será muy difícil de conseguir la inmunidad de grupo en verano.

P.- ¿Tendremos un pasaporte inmunitario europeo en verano?

R.- No tengo opinión sobre esto. A nivel internacional, existe uno para la fiebre amarilla, que es una enfermedad muy mortal y nunca se han creado para otras enfermedades. 

En cuanto a la apertura de fronteras, existen indicaciones que dicen que se pueden abrir si se aplican controles. Pero es más una cuestión de test, que de vacunas. Y es que, aunque estemos vacunados, podemos ser portadores del virus. Y, por ahora, aunque ciertas informaciones indican que la vacuna protege de la infección, todavía no se ha demostrado científicamente. 

Pero es verdad que hay un gran debate político sobre este tema, pero prefiero no entrar. 

P.- ¿Cree que estamos preparados como Unión Europea para hacer frente a siguientes pandemias? ¿Estaremos a la altura esta vez? ¿Seremos capaces de dar una respuesta única?

R.- Hay varias lecciones que se han sacado de la experiencia con el Covid que han derivado en propuestas. Claramente, hay que reforzar la vigilancia epidemiológica y asegurarse de que, en tiempos de pandemia, tenemos más información de salud pública –que sea comparable entre países– respecto a la mortalidad, los casos o todo lo que hemos hablado sobre el refuerzo para la preparación de vacunas de forma rápida o en relación con tener test preparados para identificar variantes a nivel europeo o internacional. Es decir, que se refuercen las conexiones entre los laboratorios y las autoridades sanitarias a nivel europeo y que se fomente la investigación y los vínculos con la industria para todo lo que sean diagnósticos, terapias y vacunas. 

También los países de la UE tuvieron mucha escasez de equipos de protección y de medicinas. Y eso exige que se haga una vigilancia mejor del mercado, para ver cuáles tienen riesgo de no estar disponibles, porque, fuera de las pandemias, también hay escasez de algunos medicamentos. Y hay propuestas para que se refuercen las competencias de la EMA en esas cuestiones. 

Por otra parte, respecto a los equipos de protección, se ha valorado que se asegure: o que haya un stock que se organice a nivel europeo o empresas innovadoras dentro de la Unión que puedan producirlos en función de la necesidad.

Sin embargo, todo esto no son medidas aplicadas, todavía se están sopesando. 

EuropaPress 3446952 investigadora trabajando desarrollo vacuna sputnik

 

P.- ¿Cree que nos podremos encontrar con otra pandemia en los próximos meses pero de casos de trastornos psicológicos por el aislamiento al que se han sometido muchos colectivos como, por ejemplo, los mayores que viven en residencias?

R.- Creo que es algo que todos los Gobiernos se preguntan. Le ocurre a los mayores, que han estado separados de sus familias, a los jóvenes, a los que se les ha privado de las experiencias de socialización propias de la juventud y, también, a las generaciones de edad adulta, que han perdido su empleo. Es un problema, sobre el que cada día estamos más concienciados. Y no se tiene, realmente, una respuesta a nivel europeo, es algo que deben tratar los Estados, en colaboración con las autoridades locales. 

Y otra gran cuestión que queda por resolver es que, durante la pandemia, hemos dejado de lado otras enfermedades como el cáncer. Y todos los sistemas de Salud se van a encontrar con una carga muy importante de enfemedades que no fueron diagnosticadas durante este periodo. Así que tenemos unos desafíos muy importantes para después de la crisis.  

Sobre el autor:

Pablo Recio

Pablo Recio

Pablo Recio es periodista especializado en sociedad y salud, es graduado en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid y comenzó su carrera profesional en el diario El Mundo cubriendo información cultural y económica. 

En 65Ymás, ha contado el drama vivido en las residencias durante la pandemia y ha sacado diferentes exclusivas de impacto como 81 menús de residencias de mayores, a examen: "Baja calidad nutricional y abuso de procesados"que fue citado en una comisión de investigación en la Asamblea de Madrid. 

Además, es cofundador de la radio online Irradiando y cuenta con un máster en Gobernanza y Derechos Humanos por la Universidad Autónoma de Madrid y otro en Periodismo por el CEU San Pablo/Unidad Editorial. 

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