Mayores

Cómo tratar a los mayores enfermos que sufren hipocondría

Verónica Mollejo

Foto: Bigstockphoto

Lunes 6 de abril de 2020

3 minutos

Se trata de un trastorno mental por el cual el paciente cree que siempre padece alguna enfermedad

Cómo tratar a los mayores enfermos

Aunque parece un trastorno complejo y poco frecuente en la sociedad actual, lo cierto es que la hipocondriasis es más común de lo que creemos. De hecho, debido al avance de las tecnologías, nuevas ramas de esta patología han surgido sin control, afectando a un gran número de personas en nuestro país, el 70% de los españoles según el II Estudio de Salud y Estilo de Vida, elaborado por Aegon Seguros (@aegonseguros) en 2018.

Es el caso de la hipocondría digital, que consiste en una consulta compulsiva a través de Internet para comprobar si se padece alguna enfermedad o autodiagnosticarse. Un acto que no siempre resulta productivo, más bien todo lo contrario, pues la información que aquí reside es muy general y no analiza al paciente de manera individual, generando una ansiedad muy severa.

Pero volviendo a la patología original, la hipocondriasis provoca que el paciente presente, de forma prolongada en el tiempo, "una preocupación intensa por su propia salud, con temor a llegar a tener (o el convencimiento de que tiene) una enfermedad grave. Esta preocupación, o convicción, deriva de una interpretación errónea, no delirante, de una serie de síntomas corporales que el paciente percibe", explican desde la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG @seggeriatria).

Y es que las personas que ya se encuentran en la tercera edad son más propensas a experimentar los signos que caracterizan dicho trastorno, debido a lo delicado de su salud, las afecciones que ya han sido diagnosticadas y, en algunos casos, la soledad en la que viven.

Personas mayores hipocondríacas

Cómo identificar este trastorno en mayores

Además de las señales que resultan efectivas para identificar la hipocondriasis en cualquier paciente, sin importar la edad, como visitar mucho al médico, tener un miedo desmedido al dolor o exagerar los síntomas leves que sí se padecen, esta patología también presenta ciertas diferencias cuando es una persona mayor quien debe ser tratada. Más concretamente, se trata de situaciones que pueden motivar la aparición del trastorno y que deben encender la señal de alarma entre aquellos que le rodean.

En primer lugar, en la tercera edad es habitual experimentar cierto desánimo o depresión ante los cambios que supone el proceso de envejecimiento. Muchas personas se sienten solas y vulnerables, lo que a veces les empuja a preocuparse sobremanera por esos dolores o signos desconocidos que aparecen en su cuerpo. Una hipervigilancia que se multiplica en aquellos que permanecen la mayor parte del día en casa y sin hacer ninguna actividad o tarea.

Por otro lado, la pérdida natural de sus más allegados, debido a la edad, también aumenta ese sentimiento de fragilidad del que hablábamos anteriormente, al igual que la inseguridad de cara a las enfermedades que ya padecen o pueden padecer en el futuro.

Y, finalmente, a esto hay que sumar el pensamiento inflexible que muestran muchas personas mayores, obcecadas en esas ideas obsesivas que caracterizan la hipocondriasis y que costará mucho eliminar de su cabeza. Así, debido a todos estos factores de riesgo y problemas desencadenantes, la aparición de un cuadro hipocondríaco puede deteriorar notablemente la calidad de vida del paciente, mucho más que a cualquier otra edad, de ahí la importancia de abordarlo lo antes posible.

Hipocondríasis en mayores enfermos

Tratamiento contra la hipocondríasis en mayores enfermos

Como es de esperar, el tratamiento de la hipocondriasis no es sencillo, pues la mayoría de pacientes tardan mucho en reconocer que tienen un problema. Y en el caso de las personas mayores este abordaje debe ser mucho más cuidadoso, "dada la frecuencia de presentación atípica de enfermedades, comorbilidades y efectos secundarios de fármacos", explican desde la SEGG. En este sentido, es de vital importancia que el paciente se sienta atendido y comprendido en todo momento, pues "la incomprensión de médicos y familiares no hace más que agravar el sufrimiento del paciente", añaden estos expertos.

Además, de manera paralela a la actuación del médico, puede ser de gran ayuda practicar técnicas de relajación que rebajen la ansiedad vinculada a este trastorno. Así como un trabajo de aprendizaje que le permita interpretar los síntomas y enfrentarse a ellos de forma realista y saludable. Es decir, el paciente debe conseguir desensibilizarse de las situaciones que más teme y enfrentarse mejor a ese miedo descontrolado a la enfermedad.

Todas estas pautas forman parte de una terapia cognitiva-conductal que, en términos generales, "ayuda a tomar conciencia de pensamientos imprecisos o negativos para que puedas visualizar situaciones exigentes con mayor claridad y responder a ellas de forma más efectiva", define la Clínica Mayo (@ClinicaMayo) desde su portal oficial.

Finalmente, "los fármacos pueden ayudar en ocasiones, sobre todo en el control de la ansiedad, depresión o conductas obsesivas concomitantes. Se utilizan diferentes técnicas de intervención, incluidas las de relajación, activación física y rehabilitación, cognitivo-conductuales (evitar acudir a médicos y urgencias, tolerar sensaciones, manejar el miedo a la enfermedad), etcétera", concluyen desde la SEGG.

0

No hay comentarios ¿Te animas?