Medicina preventiva

Arritmias: la importancia de detectarlas y tratarlas para prevenir la insuficiencia cardiaca

Mariola Báez

Miércoles 15 de mayo de 2019

2 minutos

Personas mayores, hipertensos y pacientes con arritmias son grupos de riesgo ante esta enfermedad

Arritmias: detectarlas y tratarlas (bigstock)

La Fundación Española del Corazón recuerda que la insuficiencia cardiaca es una patología que se puede combatir con un diagnóstico precoz. Nuestro corazón es una “máquina” casi perfecta, que se encarga de bombear la sangre para que llegue a todos nuestros órganos vitales realizando dos movimientos: uno de contracción (sístole) y uno de relajación (diástole). Lo hace a un ritmo constante, tal como explican expertos cardiólogos, entre 60 y 100 veces por minuto en un adulto sano y en estado de reposo. Cuando esa pauta en el movimiento se altera, estamos ante una arritmia.

Los tipos de arritmia

Es normal que nuestros latidos se alteren en momentos puntuales. El corazón no impulsa el flujo sanguíneo a la misma velocidad cuando hacemos ejercicio, sufrimos una situación de estrés o, por el contrario, estamos relajados y descansando… pero si no hay una causa que lo justifique, las arritmias frecuentes han de ser siempre motivo de consulta médica, especialmente en el caso de personas mayores, más aún si existen patologías cardiacas previas y/o problemas de tensión arterial alta.

Existen distintos tipos de arritmia. Una clasificación genérica y básica establece dos grupos: aquellas en las que el corazón se “desacelera”, disminuyendo las pulsaciones, denominadas bradicardias y las que, por el contrario, provocan que el ritmo cardiaco en reposo supere los 100 latidos por minuto, en cuyo caso se habla de taquicardia. Ambas pueden producirse de manera esporádica o resultar persistentes.

En ocasiones, las arritmias son asintomáticas y no se detectan sin pruebas específicas que deberá determinar el cardiólogo. En otros casos, la sensación de que el corazón late muy deprisa es evidente y resulta bastante preocupante, aunque no siempre son un motivo real de alarma. Mareos, cansancio repentino, palpitaciones, dolor en el pecho o incluso pérdida de consciencia en las situaciones más graves, pueden ser síntomas de una arritmia que debe ser debidamente tratada.

Una detección precoz

Los médicos insisten en la importancia de una detección precoz que permita establecer el tratamiento necesario para corregir la patología que provoca la alteración del ritmo del corazón y permita reducir el riesgo de insuficiencia cardiaca. Realizar un electrocardiograma, recurrir a un monitor “portátil” Holder (para hacer un seguimiento del ritmo cardiaco durante 24 horas) o llevar a cabo una prueba de esfuerzo son algunas de las medidas que puede indicar el especialista para detectar con exactitud una arritmia y su tipología.

En cuanto a los tratamientos, dependerán de cada patología concreta, desde fármacos específicos que estabilicen los movimientos del corazón, hasta radiofrecuencia o técnicas avanzadas como la cardioversión eléctrica.

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