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¿Cuál es la diferencia entre un TAC y una Resonancia Magnética?

Teresa Rey

Foto: Bigstockphoto

Miércoles 13 de noviembre de 2019

3 minutos

Ambas se basan en un diagnóstico por imagen y no son invasivas, pero funcionan de forma distinta

Cuál es la diferencia entre un TAC y una Resonancia Magnética

A menudo, cuando nos tenemos que someter a algunas pruebas médicas, nos encontramos con que no sabemos muy bien en qué consisten, y tampoco tenemos suficientes nociones para diferenciarlas. Este es el caso de la Tomografía Axial Computarizada (TAC) y la Resonancia Magnética (RM o RMN) que, aunque ambas se basan en un diagnóstico por imagen y no son invasivas, tienen elementos que las distinguen.

En primer lugar, la Tomografía Axial Computarizada obtiene las imágenes del paciente a través del uso de rayos X, mientras que la Resonancia Magnética hace lo propio mediante ondas de radio e imanes. Eso sí, en ambos casos, se emplean como herramientas de gran eficacia para saber a ciencia cierta si el individuo en cuestión padece una enfermedad u otra.

Por otro lado, el TAC "sirve para diagnosticar tumores, lesiones internas como hemorragias, fracturas o traumatismos internos, padecimientos relacionados con la médula espinal e infecciones profundas, entre otros", tal y como explican desde Sanitas (@sanitas). En cambio, la resonancia magnética "puede ayudar con el diagnóstico de anomalías en los vasos sanguíneos, tumores benignos o malignos, cáncer, males congénitos de algún órgano o alteraciones en tejidos internos", añaden.

No obstante, las diferencias entre ambos exámenes van mucho más allá. Bajo esta premisa, ¿en qué consisten estas dos técnicas?

¿TAC o Resonancia Magnética?

Qué es un TAC

Como acabamos de ver, el TAC es un aparato basado en un escáner que utiliza rayos X. Gracias a este método se obtienen fotografías de nuestro cuerpo desde distintos ángulos a través de la absorción que hacen los tejidos a estos rayos. Este sistema ofrece imágenes transversales de diferentes zonas lo que permite detectar tumores o infecciones, además de visualizar con detalles órganos como los pulmones, el hígado o los riñones, entre otros. También se aprecian tejidos blandos y óseos.

En este sentido, un médico puede solicitar la realización de un TAC si sospecha que el paciente sufre alguna hemorragia interna, si padece alguna patología relacionada con la columna vertebral y la médula espinal o incluso para dirigir una intervención más invasiva como, por ejemplo, una biopsia o un dranaje de abcesos.

La radiación ionizante que emite es mínima, por lo que según los expertos el riesgo de padecer cáncer como consecuencia de esta prueba es casi inexistente, aunque se recomienda no abusar de su práctica. Asimismo, la realización del TAC se desaconseja si el paciente tiene alergia al yodo o a los materiales de contraste que se emplean en la prueba. Al igual que a aquellos que padezcan enfermedades del tiroides, pues estas sustancias pueden resultar perjudicales para dicha glándula, las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia.

Antes de realizar la prueba hay que mantener un ayuno de unas horas y suele realizarse en unos diez minutos. De hecho, se puede hacer de forma ambulatoria.

¿TAC o Resonancia Magnética?

Qué es una resonancia magnética

Por otro lado, la resonancia magnética consigue las imágenes de forma diferente a como lo hace un TAC, pues utiliza campos magnéticos, imanes y ondas. El campo magnético que emplea se alterna con impulsos de radio. Esto permite detectar las características magnéticas de los átomos de hidrógeno del cuerpo, de modo que se pueden ver con precisión, por ejemplo, los tejidos blandos que lo recubren.

Se utiliza para detectar problemas en las articulaciones o la columna, lesiones deportivas como desgarros alteraciones en los músculos o ligamentos.

En este caso no se emite ninguna radiación, por lo que es inocua, aunque la resonancia está contraindicada en personas que tienen marcapasos, implantes metálicos, clips vasculares, prótesis ortopédicas e incluso, en algunos casos, tatuajes, pues hace algunos años la tinta empleada tenía trazas de metales. Por otro lado, el paciente también puede experimentar efectos secundarios tras la prueba. Entre estos destacan el dolor de cabeza, la irritación de la piel, el vértigo, las reacciones alérgicas o el aumento de la temporatura corporal, entre otros.

Al igual que en el TAC, la persona debe permanecer sin moverse en el interior del aparato y en posición horizontal dentro de un tubo cilíndrico. La duración es superior, pues la prueba completa se realiza en unos 30 minutos. Afortunadamente, puedes seguir comiendo con normalidad y tomando los medicamentos que forman parte de tu tratamiento.

En el caso de las personas mayores, antes de introducirse en el tubo cilíndrico deberán desprenderse de objetos cotidianos como joyas, audífonos, dentadura postiza, pelucas o anteojos, entre otros. No obstante, el especialista encargado tiene la obligación de asegurarse de este aspecto.

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