Seguimos pendientes de las reivindicaciones de los mayores en el Congreso
Opinión

Bocata de calamares y lágrimas

Blas Esteban
Bocadillo de calamares

Yo ya comía bocatas de calamares en la Plaza Mayor de Madrid por el final de los años 60 del siglo pasado, cuando esperaba a mi novia, que estudiaba el secretariado en la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, una entidad de carácter benéfico y cultural, sin ánimo de lucro, fundada por Carlos II y que tenía sus aulas en la misma Plaza. Eso sí, siempre que no había dinero compartíamos uno entre los dos.

En Madrid, estos ricos bocatas se han convertido en un reclamo turístico y en un arma de propaganda. Recientemente lo hemos visto en IFEMA. Los medios nos mostraron las colas formadas para recibirlos de mano de los políticos preferidos del partido ¿Quién dice que no a un bocata a medio día? Los que somos mayores ya hemos visto como los partidos políticos han utilizado a lo largo del tiempo diversos regalos: gorras, bolígrafos, pines, bocadillos y viaje en autocar gratis para acudir a los mítines. Creíamos que era una práctica olvidada. Bueno, ahora se llama “merchandising” y los bocatas se dan envueltos.

Otras tardes, cuando hacíamos pellas/novillos de alguna clase, nos íbamos al cine Monumental -ahora es sede de la Orquesta de RTVE- para ver películas de indios y americanos, religiosas, de amores imposibles, de romanos, y bélicas. A mi novia le gustaba Marcelino Pan y Vino, La Hermana San Sulpicio, ¿Dónde vas Alfonso XXI?, Quo Vadis… en algunas de sus secuencias se le saltaban las lágrimas, y con algunos finales salía sollozando. A mí las pelis de acción, como Doce del Patíbulo o Lawrence de Arabia. Es decir, se llora con gran facilidad, como se emociona uno por muchas cosas que pasan en la vida.

Tenemos constancia de políticos que lloran o se les quiebra la voz con cierta frecuencia. Tenemos buenos ejemplos: el señor Iglesias llora de emoción tras la mayoría conseguida en el Parlamento, a la señora Ayuso se le caen las lágrimas en la Almudena en un funeral, y recientemente al Señor Albiol, al tomar la vara de Alcalde de Badalona. Hace poco Juan Pedro Sevillano, psicólogo clínico, ha explicado “que estas reacciones nos sorprenden al no estar "acostumbrados": es algo que "no hemos integrado en la imagen que tenemos" de los políticos y tampoco ellos lo han "incorporado a la "imagen que transmiten a la sociedad" de forma habitual.

Señoras y señores políticos, lloren en privado o en público, pero lloren de verdad. Ahora tienen la oportunidad para llorar por los más de 27.000 fallecidos por el Covid-19, con un porcentaje altísimo de mayores.

Con la edad, los mayores como yo, nos emocionamos y se nos quebranta la voz con cierta frecuencia: se nos caen las lágrimas, lloramos a moco tendido cuando se pierde a un ser querido o cuando vemos las tremendas injusticias que se producen en nuestra sociedad. Seamos más humanos y lloremos ahora por todos los fallecidos por el Covid-19. Y menos espectáculos políticos.


Blas Esteban Barranco, es presidente CEATE y miembro del Comité Asesor de 65Ymás

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