Diego Fernández
Opinión

Baile de mascarillas

Diego Fernández
Baile de mascarillas

El Gobierno por fin dictó protocolo de vestimenta. La invitación para los paseos y las compras quedó publicada en el BOE y en ella, la etiqueta exige que llevemos mascarillas. Tenemos que ir ataviados con ella en el transporte público, en lugares cerrados y también en la calle si no podemos garantizar la distancia de seguridad. 

Desde que comenzó la crisis del coronavirus hemos vivido un ‘baile de mascarillas’. Han pasado de ser recomendables solo para sintomáticos a recomendables para toda la población y finalmente obligatorias. El confesor mayor del reino, Fernando Simón, lo reconoció. En su ya familiar rueda de prensa, dijo que las mascarillas, en realidad, no habían sido antes obligatorias  porque no se podía garantizar que hubiese para todos. No se quería provocar una demanda excesiva, ya que incluso escaseaban para el personal médico. 

Una verdad que detrás del bien común de la población, al fin y al cabo, escondía una mentira. Una manipulación piadosa que hace sospechar. ¿Hasta qué punto una mentira por el bien de la población la convierte en lícita? ¿Dónde está la frontera?

Ahora que la mascarilla nos va a acompañar hasta que se acabe la temporada del coronavirus, surge un problema: su coste. El precio medio de una mascarilla quirúrgica es de unos noventa céntimos. Su uso es de unas cuatro horas. Si una persona acude a su puesto de trabajo ocho horas al día debe utilizar al menos dos mascarillas. Al mes sería un coste aproximado de 40 euros por individuo, sin tener en cuenta las mascarillas que se puedan gastar para salir a pasear, comprar o tomar algo. Imaginen un hogar de un matrimonio y dos niños. El gasto podría superar los 120 euros. También piensen en esos pensionistas que ya era población de riesgo por la escasez de recursos, antes de que se les denominase así por el coronavirus. En los tiempos que corren, el ‘poderoso caballero Don Dinero’ no se deja ver demasiado por muchas casas del país que le otorgó su título. Este es un gasto necesario, pero muy difícil de soportar en cada vez más casas.

 

Abastecimiento de mascarillas. Foto: Europa Press

 

Por eso, voy a sugerir una idea, aunque se me tache de demagogo. No hace demasiados meses mi casa se llenó de nuevo de cartas con caras. Era la tercera vez en 2019. En ellas salían políticos pidiéndome mi voto. Quizá esos mismos autodenominados líderes de diferente color quieran gastarse de nuevo el dinero. Esta vez, no por el provecho propagandístico propio, sino por el del pueblo. Pueden mandar de nuevo cartas para dar las gracias a los españoles por su colaboración para superar la pandemia. En cada una de ellas podrían incluir un par de mascarillas. Como el bipartidismo hace unos añitos pasó a la historia, el número de cartas será mayor. Toda la población podrá tener un cierto número de mascarillas en casa. 

¿Y por qué deben pagarnos las mascarillas?, pensarán algunos. Es cierto que para circular en moto es obligatorio un casco y nadie se lo paga a los motoristas. Pero en este caso estamos hablando de una crisis sanitaria y humanitaria, no de una circunstancia. Y a los que nos gobiernan les pagamos para que nos den soluciones. Si la idea cala, por favor, no le pongan a las mascarillas banderas o algún tipo de publicidad o estampado. Que todo esto se pase, corre prisa. No estamos para perder el tiempo.


Diego Fernández es periodista en La Sexta Columna (La Sexta)

 

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