Nuevo retraso de AstraZeneca: solo entregará a la UE la mitad de las vacunas acordadas. Foto: Europa Press
Fogonazos

 

Los informadores tenemos un importantísimo dilema ético: ¿tranquilizamos a la sociedad ante los posibles riesgos de la vacuna AstraZeneca sin suficientes conocimientos científicos para tener una opinión documentada? ¿Hacemos caso sin más a quienes recomiendan confianza, pero, al mismo tiempo, suspenden temporalmente la vacuna? ¿Nos unimos a quienes aconsejan no dejársela inyectar? ¿Once casos de tromboembolias entre diecisiete millones de vacunados son suficientes para crear alarma? ¿Quién nos asegura que detrás de todo no hay razones políticas o vulgar guerra comercial? Esas son las preguntas que me hago ante una responsabilidad muy superior a mis capacidades de orientación. Personalmente confieso que me libro de AstraZeneca por razones de edad; pero, por antecedentes cardiacos y un lamentable estado de mis arterias, me resistiría a aceptarla, por pocos que sean los casos demostrados. Pero mis miedos son míos y no los puedo trasladar a nadie. El gran problema añadido es que, por ahora, no puedo elegir. Así que, ante la duda, lo que decida la ciencia. Si no confiamos en la ciencia, no tendremos solución.