Fernando Ónega
Opinión

La lección del general

Fernando Ónega
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Onega Fogonazos

 

Se llama Miguel Ángel Villarroya y hasta este fin de semana era Jefe del Estado Mayor de la Defensa, el jefe de los Ejércitos. Un buen soldado. Fue el hombre que dio la cara por las Fuerzas Armadas en las ruedas de prensa de la pandemia durante meses enteros. En colaboración con Margarita Robles hizo que esas Fuerzas Armadas desarrollaran un papel fundamental en la lucha contra el virus, con la instalación de hospitales de emergencia, ayuda en residencias de mayores y presencia en los lugares donde se las necesitó. Y un error que quizá no sea suyo le obligó a presentar su dimisión: cayó en el pecado de otros servidores públicos para “saltarse la fila” de las vacunaciones. Yo estoy seguro de que, si el general Villarroya hizo eso, es por algún error de información o de interpretación de las normas. No lo veo como representante de la nueva picaresca nacional. Pero lo arrastró la riada. No podía seguir en su puesto por ejemplaridad e imagen del Ejército. He aquí cómo el error de un minuto puede arruinar la brillantez de una carrera y manchar una hoja de servicios. Que sirva de lección.