Carmen de Grado
Opinión

La madre, arquetipo primordial

Carmen de Grado

Miércoles 3 de agosto de 2022

3 minutos

Santa Ana, la Virgen, Jesús y Juan Bautista, de Leonardo Da Vinci.

Miércoles 3 de agosto de 2022

3 minutos

Santa Ana, la Virgen, Jesús y Juan Bautista, de Leonardo Da Vinci.

Santa Ana, la Virgen, Jesús y Juan Bautista, de Leonardo Da Vinci.

 

Esta obra fue realizada en 1507-8 con carbonilla y tiza blanca sobre papel. Tiene 142 por 106 cm. y comprende ocho hojas pegadas juntas. Es una de las piezas más valoradas y frágiles de la Galería Nacional de Londres.

Santa Ana es central en la obra, eje en torno al cual giran los otros personajes. Su dedo índice hacia arriba, marcando el camino al cielo. Mira a su hija transmitiéndole su mensaje. María está sentada hacia un costado sobre la falda de su madre. Ambos rostros aparecen simétricos, a la misma altura, de manera especular.

Hay un hilo conductor que une las miradas entre todo este grupo humano: de la mayor a la más joven, de ésta a Jesús; él levanta su mano derecha en señal de dar la bendición a su primo Juan Bautista, mientras que con la izquierda le toca la perilla, ambos se miran.

La bendición dada por el más pequeño da cuenta de su jerarquía en el orden espiritual. En el Cristianismo se trata del Mesías, del Hijo de Dios hecho hombre, Salvador de la humanidad. Ello encierra el drama de la crucifixión que devendrá.  El lugar de Santa Ana es el de la Madre Protectora que señala el sendero de la perfección, de la búsqueda del bien y del amor.

Existen grandes obras pictóricas que muestran a  una mujer  mayor con otra más joven en una relación especular. Los pintores han sido muy sensibles a este tema profundamente humano de la transmisión entre mujeres, particularmente de lo que una mayor puede transmitirle a otra más joven. Las miradas, las posiciones, los gestos, la disposición de estas figuras humanas en la obra concentran nuestra  atención al observarlas. Naturalmente nuestro espíritu se siente movido por la fuerza expresiva de las imágenes. La fe religiosa puede alentar a algunos o el conocimiento de los textos referidos por la escena, ilustrar a otros. Hay, sin embargo, una universalidad que trasciende estas cuestiones doctrinales de fe o de información sobre los hechos relatados.

Hay en ellas, una alusión implícita a la madre como matriz constitutiva en su función de transmisora.

La madre como arquetipo primordial, como elemento tutelar que sirve de amparo a nuestra profunda necesidad de otro que nos constituye como humanos; amparo a la condición de invalidez, compartida por los seres de todas las razas y culturas. Situación primigenia que pone al hombre, por su condición de serlo, a merced de las fantasías de la madre y de la civilización y época en la que nace.

Existe en esta obra de Leonardo la expresión de lo femenino como manifestación básica del ser. La urdimbre primigenia es femenina. Se basa en la fusión  sensible emocional que será renovada y recreada en sucesivas y  múltiples relaciones del sujeto con otro a lo largo del curso de la vida. 

El elemento femenino en la base, expresión del sentir y lo masculino, del hacer.

El sujeto lleva en sí los dos elementos: femenino en su base y masculino en su desarrollo. Es expresión de la dualidad femenina masculina. El ser impregnando el hacer y el hacer expresión del ser.

Tal vez, la supervivencia se logre no por el rasgo humano de fuerza y agresividad generalmente atribuido a lo masculino, sino por el de tener más capacidad de adaptación y de creatividad. Ello supone un intercambio temprano de gran complejidad ejercitado a lo largo del curso de la vida en el que es la condición de cuidar, basada en la empatía, aquella que contribuye a resolver los problemas nuevos que se nos plantean.

Sobre el autor:

Carmen de Grado

Carmen de Grado

Carmen de Grado es Licenciada en Psicología, Máster en Psicogerontología y profesora en la Universidad Maimónides de Buenos Aires (Argentina).

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