Ramón Sánchez-Ocaña
Opinión

El miedo en la noche: pesadillas y terrores nocturnos

Ramón Sánchez-Ocaña
El miedo en la noche: pesadillas y terrores nocturnos
Pildoras

 

– Papá, ¿a que tu no te vas a morir?

Muchas madres, muchos padres han oído esa pregunta de sus hijos cuando apenas contaban siete años. Y es que los miedos tienen su edad. Es hacia esos años cuando empiezan a tener una vaga idea de la muerte y ese temor inunda en algunos momentos toda su mente y la viste de angustia. Temen que sus padres se mueran. O temen, muchísimo, a los ladrones. Todo ello por la misma idea. Los ladrones y la agresión se identifican con la muerte en cientos de películas que la televisión les lleva. En esos casos, debemos tranquilizarles. Nunca reírse de ellos. Procurar que sepan que los padres están cerca, que no pasa nada. También es en esa época cuando empieza el miedo a la oscuridad. Y en este sentido, no puede obviarse que el miedo es una conducta aprendida. Algo se les ha dicho que les hace identificar lo oscuro con algo digno de temor. Lo mejor es acompañarlos e ir demostrando que no hay nada que pueda realmente causarle ni daño ni temor. “¿Ves? No  tienes por que tener miedo. No hay nada, no hay nadie”. Acompañarle, ir con el hacia donde teme para que vea que no existe fundamento para asustarse.

¿Y qué hacer si su hijo se quiere quedar con la luz encendida? Simplemente, dejarla encendida. Pero ayúdele a superar ese miedo. Instale en su habitación una luz piloto. Y si viene hacia usted corriendo y llorando porque ha visto a un hombre de negro, tómelo en brazos y vaya con él a la habitación. Demuéstrele que no hay tal hombre de negro. Pero en ningún caso se ría de él o lo ridiculice. Le puede parecer una traición.

Otra cosa son las pesadillas y los terrores nocturnos. Entre otros motivos, porque suceden a edades todavía más tempranas. Esas pesadillas se manifiestan con un llanto angustioso en pleno sueño. Es la elaboración inconsciente de alguna angustia que el niño guarda. Desde la bruja de Blancanieves, por ejemplo, al lobo de Caperucita, son personajes  cuya crueldad –que la tiene , y mucha– el niño asimila y a su manera, elabora. El niño se despierta amedrentado, lloroso. No sabe muy bien por qué y lo explica con medias palabras, o de manera inconexa. La única opción para los padres es dar la mayor tranquilidad. Y nunca ridiculizarle ni decirle que todo es mentira, que es una forma de dejarle en ese ridículo del que hay que huir. Comprensión, sobre todo, acariciarle y comprobar cómo en un mínimo tiempo se vuelve a dormir.  

Más alarma pueden producir en los padres los terrores nocturnos. Porque el niño  despierta aterrorizado, como sonámbulo, pero sin tener conciencia de lo que ha ocurrido y ni siquiera sabe por qué. Quizá pueda relatar que se caía desde la terraza. Pero dudará. En cuanto pasa, el niño da media vuelta y vuelve a su sueño normal. Al día siguiente no recordará absolutamente nada. Ese es un detalle que no se da en la pesadilla, de la que el niño recuerda por lo menos que algo ocurrió, que soñó algo desagradable, aunque a la hora de contarlo, se encuentre con la falta de coherencia de los escenarios o de los hechos.

En cualquier caso, suele ser más lo que preocupa a los padres que lo que sufre el niño. 

Es curioso también anotar  que hay épocas en que se producen con más frecuencia. Y son precisamente en las que el niño puede estar sometido a mayor estrés, como al comienzo del curso, a la vuelta de vacaciones, o si hay problemas entre hermanos. Si se repiten con frecuencia es el momento de consultar –sin dramatismos– a un especialista.

Sobre el autor:

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) es miembro del Comité Editorial de 65Ymás. Estudió Filosofía y Letras y es licenciado en Ciencias de la Información. Fue jefe de las páginas de Sociedad y Cultura de El País, y profesor del máster de Periodismo que este periódico organiza con la Universidad Autónoma de Madrid. 

En 1971 ingresa en TVE. En una primera etapa se integra en los servicios informativos y presenta el programa 24 horas (1971-1972). Entre 1972 y 1975 continúa en informativos, presentando el Telediario. No obstante, su trayectoria periodística se inclina pronto hacia los espacios de divulgación científica y médica, primero en Horizontes (1977-1979)​ y desde 1979 en el famoso Más vale prevenir, el cual se mantiene ocho años en antena con una enorme aceptación del público.

Tras presentar en la cadena pública otros dos programas divulgativos, Diccionario de la Salud e Hijos del frío, fue fichado por Telecinco para colaborar primero en el espacio Las mañanas de Telecinco y posteriormente en Informativos Telecinco.

Es colaborador habitual de radio, periódicos y revistas, y autor de una veintena de libros, entre los que destacan Alimentación y nutrición, Francisco Grande Covián: la nutrición a su alcance, El cuerpo de tú a tú: guía del cuerpo humano, Guía de la alimentación y Enciclopedia de la nutrición

En 2019 entró en el Comité Editorial del diario digital 65Ymás, en el que colabora actualmente.

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