Es una de esas paradojas en las que no se suele pensar. Pero según datos del Observatorio de Prevención Auditiva para los Músicos (OPAM) al menos la mitad de los músicos pueden sufrir algún problema auditivo. Y es que por su presencia constante en ambientes musicales, están expuestos todos los días a sonidos excesivos, no solo en conciertos sino también en los ensayos.

Los músicos pueden llegar a pasar varias horas diarias entre sonidos que superan los 80 decibelios e incluso pueden llegar a los 110 cerca ya de la barrera del dolor situada en los 120.

Los decibelios miden la intensidad sonora y se cuantifican por una curiosa escala (añadir tres decibelios significa duplicar la intensidad de nivel sonoro). Para dar una idea, digamos que la actividad normal del ser humano provoca un ruido de alrededor de 55 decibelios. A partir de 65 el ruido empieza a ser notable. Una voz fuerte, puede situarse entre 65 y 75 decibelios. En la calle, equivale a un tráfico importante. La conversación ya se hace difícil si tenemos 80  decibelios.

De 80 a 95 encontramos ruidos como los de un comedor escolar, un molinillo eléctrico de café o una máquina segadora. El paso siguiente entre 100 y 110 decibelios ya es mucho más serio. Es el ruido de una discoteca o de una serrería de madera. En la calle se puede traducir por el ruido de una moto sin silenciador a dos metros de distancia. Si se pasa de los 120 decibelios aparece sensación de dolor en los oídos y hay que pedir protección especial. Seria el ruido de un reactor en la pista o el de un avión despegando.

Pues bien: se ha comprobado que a una distancia de tres metros de los altavoces de un concierto de rock hay un nivel sonoro que supera los 120 decibelios. En la primera fila, hay 110 decibelios y en el fondo, hasta 118. Eso, traducido a la práctica, significa que por lo menos uno de cada diez espectadores va a sufrir algún daño irreversible en sus oídos... Y por supuesto, los músicos.

De hecho, un 17% de los que presentan algún problema auditivo tiene pérdidas importantes y pueden llegar a necesitar la adaptación de audífonos. Pero sólo 1 de cada 4 músicos utiliza tapones o algún otro tipo de protección. Un 25% de los analizados por el OPAM también presentan hiperacusia, intolerancia a sonidos de un nivel normal pero que el oído percibe como muy elevados o incluso dolorosos, zumbido de oídos, o diploacusia, o percepción de un ruido de forma diferente en cada oído.

Paradojas de la vida.

Sobre el autor:

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) es miembro del Comité Editorial de 65Ymás. Estudió Filosofía y Letras y es licenciado en Ciencias de la Información. Fue jefe de las páginas de Sociedad y Cultura de El País, y profesor del máster de Periodismo que este periódico organiza con la Universidad Autónoma de Madrid. 

En 1971 ingresa en TVE. En una primera etapa se integra en los servicios informativos y presenta el programa 24 horas (1971-1972). Entre 1972 y 1975 continúa en informativos, presentando el Telediario. No obstante, su trayectoria periodística se inclina pronto hacia los espacios de divulgación científica y médica, primero en Horizontes (1977-1979)​ y desde 1979 en el famoso Más vale prevenir, el cual se mantiene ocho años en antena con una enorme aceptación del público.

Tras presentar en la cadena pública otros dos programas divulgativos, Diccionario de la Salud e Hijos del frío, fue fichado por Telecinco para colaborar primero en el espacio Las mañanas de Telecinco y posteriormente en Informativos Telecinco.

Es colaborador habitual de radio, periódicos y revistas, y autor de una veintena de libros, entre los que destacan Alimentación y nutrición, Francisco Grande Covián: la nutrición a su alcance, El cuerpo de tú a tú: guía del cuerpo humano, Guía de la alimentación y Enciclopedia de la nutrición

En 2019 entró en el Comité Editorial del diario digital 65Ymás, en el que colabora actualmente.

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