Las próximas generaciones van a ser sordas debido al uso y abuso de los auriculares. Nuestros muchachos no saben que el oído necesita 16 horas de reposo para compensar dos de exposición a altos niveles. Por eso se va reduciendo el umbral de audición y por eso se pone a un volumen cada vez mayor.

Solo un detalle: en un concierto de rock se ha comprobado que a una distancia de tres metros de los altavoces hay un nivel sonoro que supera los 120 decibelios (en la primera fila, hay 110 y en el fondo, hasta 118). Eso, traducido a la práctica, significa que por lo menos uno de cada diez espectadores va a sufrir algún daño irreversible en sus oídos. El 30 por 100 de los profesionales de este tipo de música, tiene pérdidas auditivas por traumatismo acústico y el volumen de muchas discotecas es literalmente ensordecedor.

Hay que explicar claramente que un golpe ruidoso eleva la presión en el cerebro. Así las células se exponen a esa vibración sin  tener tiempo a descansar. No se recuperan y la pérdida de audición es lenta, pero segura. Las células, además, no distinguen si se trata de Mozart o de los Rollings. Solo cuantifican la presión de las vibraciones. Y los expertos hablan de que el oído puede soportar ese volumen unas seis horas por semana, como máximo.

El peligro es múltiple. Pero hay un efecto devastador que debemos conocer. Porque el oído es un órgano que no recibe más energía cuando trabaja más, sino todo lo contrario. Por eso, ante el mismo estímulo, si es fuerte y se repite, ira reaccionando cada vez menos.

Poco a poco, el ruido va produciendo cansancio, fatiga mental y enseguida cobrará su factura con la alteración del sueño. La tensión acumulada impide conciliarlo. Un dato curioso: en El Cairo, que es una de las ciudades más ruidosas del mundo, más del 62 por 100 de la gente toma pastillas para dormir.

De todos modos el trastorno más grave, porque es irreversible, es la pérdida progresiva de la audición. La gran verdad es que el ruido mata el oído, sobre todo si entra directamente por los auriculares.

Sobre el autor:

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña

Ramón Sánchez-Ocaña (Oviedo, 1942) es miembro del Comité Editorial de 65Ymás. Estudió Filosofía y Letras y es licenciado en Ciencias de la Información. Fue jefe de las páginas de Sociedad y Cultura de El País, y profesor del máster de Periodismo que este periódico organiza con la Universidad Autónoma de Madrid. 

En 1971 ingresa en TVE. En una primera etapa se integra en los servicios informativos y presenta el programa 24 horas (1971-1972). Entre 1972 y 1975 continúa en informativos, presentando el Telediario. No obstante, su trayectoria periodística se inclina pronto hacia los espacios de divulgación científica y médica, primero en Horizontes (1977-1979)​ y desde 1979 en el famoso Más vale prevenir, el cual se mantiene ocho años en antena con una enorme aceptación del público.

Tras presentar en la cadena pública otros dos programas divulgativos, Diccionario de la Salud e Hijos del frío, fue fichado por Telecinco para colaborar primero en el espacio Las mañanas de Telecinco y posteriormente en Informativos Telecinco.

Es colaborador habitual de radio, periódicos y revistas, y autor de una veintena de libros, entre los que destacan Alimentación y nutrición, Francisco Grande Covián: la nutrición a su alcance, El cuerpo de tú a tú: guía del cuerpo humano, Guía de la alimentación y Enciclopedia de la nutrición

En 2019 entró en el Comité Editorial del diario digital 65Ymás, en el que colabora actualmente.

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