Opinión

El insensato juego de los sillones

Fernando Ónega
Fernando Onega

Hoy escribo como presidente del Comité Editorial de 65ymas.com. En este diario proclamamos nuestra neutralidad ante las inquietantes maniobras de poder producidas durante el día de ayer, pero neutralidad no significa ni puede significar pasividad. Permítanme un brevísimo recuerdo: un partido, Ciudadanos, traiciona al presidente con el que compartía gobierno en la Región de Murcia, se alía con su adversario y presenta una moción de censura; una presidenta de la Comunidad de Madrid teme que le hagan la misma jugada y, para evitarla, mete a esa Comunidad en la aventura de unas elecciones autonómicas; dos partidos, PSOE y Más Madrid, juegan al oportunismo de emergencia y presentan otra moción de censura porque temen que Díaz Ayuso los arrase en las urnas; y una alianza de PSOE y Podemos censura al presidente de Castilla y León simplemente para evitar que convoque elecciones como en Madrid.

Nunca se había visto tal acumulación de traiciones y tal juego –¿habrá que decir indecente?– de asaltos al poder. El resultado es lamentable: se rompe bruscamente el mapa político que surgió de las últimas elecciones; se corta en seco la posibilidad de contar con un centro-derecha capaz de ejercer la oposición que todo sistema democrático requiere; se siembra desconfianza entre los ciudadanos, que tienen nuevos motivos para recelar de la palabra de sus dirigentes, porque todos los pactos rotos ayer habían sido firmados para los cuatro años de la legislatura, y se confirma la odiosa tesis de que la principal prioridad de nuestros representantes políticos es la conquista o el mantenimiento del poder. Las inquietudes y necesidades del pueblo llano quedan en segundo o tercer lugar.

Es muy triste decirlo, pero no nos dejan otra alternativa. Ciudadanos, el Partido Popular, el PSOE, Podemos y hasta Más Madrid han dado un espectáculo de egocentrismo, ambición desmesurada e incluso de odio en algunos casos. Han contribuido al descrédito de la clase política, lo cual es contribuir al descrédito de la democracia que tenemos que defender con uñas y dientes frente a sus enemigos, que ya empiezan a ser muchos y están crecidos recogiendo el beneficio que les cae del cielo.

Señores políticos, deben saber que esta sociedad está pensando en las vacunas y, pasados 70 días de 2021 ni siquiera se consiguió vacunar a todos los mayores de 80 años. Deben ser conscientes de que hay hambre, de que ha vuelto la palabra hambre, y lo confirma el último informe de Cáritas. Alguien les tiene que recordar el número de parados y acogidos a ERTEs y esa gente tiene mucho miedo al futuro y al futuro de sus hijos. Deben conocer el nivel de descontento de la ciudadanía. Y deben recordar que el problema que se está incubando no es el de quién gobierna este país y sus autonomías, sino el de una peligrosísima crisis social. Y muchos de ustedes, insensatos, se ponen a jugar con los sillones. Dan ganas de pedir una dimisión general.

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Fernando Ónega