Consejos

Trucos para ser los perfectos anfitriones ( y que tus invitados no se quieran ir)

Victoria Herrero

Martes 10 de diciembre de 2019

2 minutos

Además de una comida y una mesa estupendas, procura que se sientan como en su propia casa

Trucos para ser los perfectos anfitriones (bigstock)

No hay nada como estar con amigos y familia en casa y pasar una estupenda velada alrededor de una mesa. Sobre todo, en los días más fríos. Un agradable momento que los dueños de la casa disfrutan mucho antes con los preparativos de esta comida o cena.

Así, si eres de los que les gusta recibir a gente en casa no deberías pasar por alto estas claves para ser el perfecto anfitrión. Tus invitados querrán volver a repetir... y ni marcharse.

Hazles sentir que no molestan

No hay nada peor que ir a una casa como invitado y observar detalles y "feos" que hacen que tengamos ganas de marcharnos, sin ni siquiera probar el primer aperitivo. Y es que la primera regla de oro del perfecto anfitrión, incluso casi más que una comida digna del mejor chef, es hacer sentir a la gente tan cómoda que piensen que se encuentran en su propio hogar. 

Olvídate de alegorías culinarias

No es el mejor momento para atreverte a hacer alta cocina, y mucho menos si no eres muy diestro en la materia. Lo mejor es que optes por platos sencillos y ricos que todo el mundo sabrá apreciar. Incluso si no te ves muy ágil en los fogones puedes encargar la comida a un establecimiento de platos ya preparados. Si guardas el secreto, y escondes bien los envoltorios, nadie se dará cuenta. 

Importante a la hora de elegir el menú de ese día. Ten siempre presente a los invitados, tanto en sus gustos como si sufren algún tipo de intolerancia alimentaria. No querrás acabar en urgencias. 

Además, si la reunión es por la noche lo mejor son propuestas más ligeras dejando los platos más contundentes para un almuerzo al mediodía. 

Un buen recibimiento

Salvo contadas ocasiones, lo normal es que los invitados vayan llegando poco a poco, respetando una cierta puntualidad. Por tanto, mientras esperamos a ese amigo que se hace de rogar, no tengas al resto de invitados sin nada que llevarse a la boca. Ofréceles una copa de vino, o lo que prefieran, y un pequeño aperitivo para ir matando el hambre y entrando en conversación. Una tabla de quesos nunca falla.  

Un día es un día

No pasa nada, pero no queda muy bonito que, si se trata de una velada especial, saques la vajilla y los cubiertos con los que comes de forma habitual. Aprovecha. Es el momento de sacar esa antigua mantelería de herencia familiar o esa vajilla que te regalaron en tu boda. No te preocupes, por un día no se estropearán y siempre viene bien sacarlas de vez en cuando del armario donde llevan años guardadas. 

Simpre atento

En todo momento, tanto en la comida como en la sobremesa, muéstrate amable y servicial ofreciendo bebida, café, dulces...Y, sobre todo, y como regla final, disfruta y haz disfrutar en tu hogar. 

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