Sociedad

Mujeres mayores: "Cuando empezamos a salir a trabajar, nos cambió la vida"

Pablo Recio / Marta Jurado / Antonio Castillejo

Sábado 7 de marzo de 2020

8 minutos

Seis mujeres reflexionan sobre los derechos conseguidos y el movimiento feminista actual

Mujeres mayores: "Cuando empezamos a salir a trabajar, nos cambió la vida"
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Las reivindicaciones de las mujeres mayores

Ser mujer supone actualmente en España, aunque la Ley reconozca la igualdad entre sexos, cobrar, en muchos casos, menos que los hombres (la brecha salarial se cifra en un 20%), sufrir micromachismos, encargarse en mayor medida de los cuidados, o ser posible víctima de violencia de género o de agresiones sexuales (cada día se registran cuatro violaciones en nuestro país).   

Sin embargo, hay una parte de este colectivo, del cual se habla menos, y cuyos problemas, si bien son similares, deben ser tenidos en cuenta de forma independiente: las mujeres de más de 65 años. Y es que ser mayor supone para gran parte de este segmento de la población sufrir todas estas brechas y desigualdades, pero de forma aumentada y muchas veces silenciosa.

Prueba de ello, es que según un estudio publicado por el Ministerio de Igualdad, el 40% de las vícitimas de violencia de género mayores la han sufrido durante más de 40 años. U otro buen ejemplo puede ser la brecha de género de las pensiones, que es superior a la salarial y llega, según la Seguridad Social, al 35%.

Por ello, 65Ymás ha conversado con seis mujeres mayores con distintos perfiles socioeconómicos para conocer sus historias, cómo les afecta el machismo y su opinión sobre las reivindicaciones actuales del movimiento en favor de la igualdad, del cual también forman parte.

Pensionista

Carmen
Carmen Sánchez.

 

Algo que tienen en común las seis mujeres entrevistadas es que todas son pensionistas. Incluso, algunas son activistas en defensa del sistema público de pensiones, como Carmen Sánchez (70 años), que pertenece a la Plataforma de Pensionistas de Aluche-La Latina (Madrid), un colectivo que defiende, entre otras cosas, que se acabe con la brecha de género de las pensiones, que a nivel estatal se cifra en un 35%, según la Seguridad Social. 

El caso de Carmen es un claro ejemplo de la desigualdad retributiva entre hombres y mujeres. Tapicera de profesión, aunque también ejerció como "sastre", "modista", "cocinera" e incluso vendió "Termomix", trabajó desde los 11 hasta los 58 años, momento en el que se tuvo que jubilar por "problemas de salud", con una pensión de 665 euros y tres hijos a su cargo. "Cuando trabajaba, los oficiales de tapicería que tenían la misma categoría que yo podrían ganar ocho en vez de tres, que es lo que me pagaban a mí", recuerda. Una situación que, a su parecer, sigue existiendo, y más aún en profesiones en las que se suele "pagar parte en negro". 

Aun así, reconoce, las cosas han mejorado. Lejos quedan los tiempos en los que se necesitaba la aprobación del marido o del padre para "abrir una cuenta". Una época que recuerda con pesar, puesto que sus primeros sueldos los tuvo que ingresar en una cuenta bancaria sobre la que no tenía control. "Imaginad cómo vivía eso", comenta. 

Con todo, Carmen piensa que aún queda mucho por avanzar. "Creo que el fallo está en la educación, de casa y en la sociedad", sostiene. Pero es optimista, sobre todo por el resurgir, en los últimos años, de las movilizaciones del 8 de marzo y por las reivindicaciones de las nuevas generaciones en relación con todo lo que tiene que ver con las libertades sexuales.

Rural

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Manuela Esperón.

 

No en todos los lugares se vive igual el 8 de marzo. Y es que, no es lo mismo pasar este día en una gran ciudad, con su correspondiente manifestación y/o huelga de cuidados, que en el medio rural. Así lo entiende Manuela Esperón, una mujer de 72 años que reside en la parroquia de Carracedo (Pontevedra) y que trabajó en el campo durante casi toda su vida.

Manuela reconoce que muchas pasan esa jornada, que en principio debería ser reivindicativa, "encerradas en su casa", y lo viven como un día normal. No obstante, su caso personal es diferente: participa desde hace años en las movilizaciones y además forma parte de la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (@fademur). 

Para Manuela, queda mucho por hacer en el medio rural para lograr la igualdad. Aunque, reconoce, se han hecho avances, comparando el tiempo actual con un pasado, que ella misma vivió, en el que el machismo estaba presente en todos los ámbitos de la sociedad. "Los hombres estaban a lo suyo y las mujeres a lo de todos. Unos en el bar y otras en casa", critica.

Y no fue hasta los años 70, cuando implementaron el "seguro de agrario", que la situación de muchas mejoró considerablemente. "La mujer empezó a salir a trabajar, también algunas fueron a las conserveras, y tenían su propio dinero. Eso nos cambió la vida", señala. Pese a todo, "los hombres siguieron llevando la voz cantante", denuncia. Por ello, ve como positivo el resurgir del movimiento feminista, aunque piensa que de momento les "hacen poco caso". 

Profesional sin hijos 

EuropaPress 1680216 Rosa María Calaf afirma que las posverdades han terminado por debilitar el modelo del periodismo tradicional
Rosa María Calaf.

 

Muchas veces se suele relacionar ser mujer mayor con la condición de abuela. Pero es algo que no hace justicia a muchas mujeres que, como la veterana periodista y miembro del Comité Editorial de este diario, Rosa María Calaf (74 años), decidieron no tener descendencia directa. Pionera en muchos ámbitos como una de las primeras reporteras de guerra o corresponsal en el extranjero, reconoce las dificultades que supuso decir abiertamente que no quería tener hijos. “No fue fácil, pero no por falta de apoyo familiar ni del círculo más cercano, que afortunadamente lo entendió perfectamente; sino por la presión social externa”, explica a 65Ymás.

“Siempre existía una desconfianza de: '¿Qué le pasará a ésta? ¿Por qué es tan rara?' Esa sensación, te produce, un cierto desagrado. Y en algún momento, te planteas si eres normal o no. Porque yo lo veía muy claro, pero a lo mejor estaba equivocada. Sinceramente, no fue fácil”, recuerda. “Ahora creo que está más aceptado, en general, a nivel social. Pero sigue habiendo una mirada de duda, de por qué. Se sospecha de que pueda ser una decisión personal, sin ninguna lectura traumática. Es decir, es una opción de vida y nada más. En cambio en un hombre, eso no se discute”, opina Calaf.

Y sobre las reivindicaciones del movimiento feminista y todo lo conseguido tras años de lucha sostiene: "Considerando lo mucho que se ha avanzado en otros ámbitos, en cuanto a igualdad de derechos entre hombre y mujeres se ha avanzado, pero muy poco. Existen permanentes resistencias. Se avanzan tres pasos, pero las resistencias hacen que se retrocedan otros dos. Por lo tanto, permanentemente, a lo largo de toda la historia de avances y de saltos, se consolida la mitad de lo conseguido. Se retrocede y se vuelve a arrancar para ponerse en de nuevo en el punto de salida. No se puede bajar la guardia".

Cuidadora

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Manuela Acevedo.

 

Otra de las tareas que suelen asumir por lo general las mujeres, y en mayor medida, las de más edad, son los cuidados. "Sigue recayendo en nosotras. Los hombres continúan diciendo: 'Es que no sé hacerlo bien, a ti se te da mejor' o 'Yo la traigo y la llevo'. Y al final, el cuidado o el dejar de trabajar, lo asumimos nosotras", explica Manuela Acevedo (65 años), miembro del movimiento 8M de Getafe y que, hasta hace unos meses, cuidaba en su casa de su madre de 97 años y trabajaba al mismo tiempo. Además, sus hermanas no podían ayudarle en las tareas de cuidado, por estar una viviendo en una residencia y, la otra, "operada".

El hacerse cargo ella sola de su madre es algo que, asegura, "tiene consecuencias": fue diagnosticada de diabetes y, "según los médicos, era por razones emocionales". Y añade: "Supone mucha ansiedad, porque luego tienes que vivir también con que no quiere estar en una residencia". Un lugar, al que ha tenido que llevar a su madre finalmente, y al que acude cada día para verla. 

Por ello, critica que las instituciones no ayuden a las mujeres cuidadoras. "Es un ahorro para el Estado", denuncia. Y propone que se pueda remunerar a los familiares, para que puedan valorar la opción de dejar su trabajo y dedicarse a los cuidados, para que no se vean obligados a hacer las dos cosas al mismo tiempo. 

Abuela, madre y militante feminista

Mariqueta
Mariqueta Vázquez.

 

Coruñesa, 78 años, dos hijos y cinco nietos, Mariqueta Vázquez, que estudió Historia en Madrid, se dedicó a la política y fue durante 20 años, desde que se formaron los primeros ayuntamientos democráticos, concejala en el municipio madrileño de Collado Villalba, para finalmente trabajar en un centro de salud de atención primaria. Pero, sobre todo, Mariqueta es una feminista convencida y lleva militando en favor de los derechos de la mujer más de 40 años.

Esta antigua concejala suele explicar que las mujeres de su edad son “una generación puente, hijas de aquellas mujeres que se acostaron con todos los derechos y se levantaron sin ninguno". "Somos las que empezamos a luchar por aquellos derechos que se perdieron. Desde el silencio, fuimos capaces de luchar, porque los hombres tenían todos los derechos y nosotras ninguno”, recuerda.

No obstante, apunta, gracias a la movilización social, la situación de la mujer ha cambiado. “Ahora es diferente, hemos avanzado muchísimo porque hemos luchado y educado a nuestras hijas, que pudieron estudiar e ir a la universidad, como mujeres libres e independientes que pueden trabajar y también separarse de sus parejas cuando quieran", afirma. Mientras que su generación, asegura, "trabajó sólo para el prójimo fregando, cosiendo, lavando, cuidando… una labor que nunca fue reconocida ni tampoco se cotizó en la Seguridad Social".  

LGTBI

Lorenza.
Lorenza Martín, a la izda.

 

Finalmente, otro colectivo olvidado son las mujeres mayores LGTBI. Lorenza Martín, actriz y escritora jubilada de 74 años, que salió del armario a los 60, tras una vida de más de 40 años junto a su marido e hijos, considera que se ha avanzado mucho desde el primer encuentro feminista en el que participó en los años 70, en Fuerteventura.

“Este 8M volveré al mismo lugar para pronunciar un discurso en el que se tenga en cuenta la diversidad, y que queramos a quien queramos y seamos del género que seamos, tengamos igualdad de derechos, ni más ni menos”, cuenta a este diario. “Yo que siempre he defendido los derechos humanos desde diferentes colectivos, ahora lo hago con más razón. Se trata de una lucha por vivir con dignidad, quererse y sentirse apoyado por otros sin ser una excepción, sin ser alguien que llame la atención", opina.

“Ahora mismo lo que corre más prisa entre los mayores LGTBI es que tengamos residencias en las que podamos vivir nuestra identidad, sin agresiones y sin avergonzarnos”, señala Lorenza en relación a que muchas personas del colectivo se ven abocadas a “volver al armario” una vez que ingresan en un centro residencial de mayores. “No hay nada más triste que no poder ser uno mismo”, recalca Lorenza, quien será homenajeada esta semana en Canarias con la apertura de una biblioteca de mujeres con una placa a su nombre y su colaboración en la exposición Mujeres que desean a mujeres, organizada por el Cabildo de Gran Canaria.

Hay otro asunto que afecta especialmente a las mujeres mayores LGTBI, concluye Lorenza, y es que no siempre cuentan con pensiones dignas. “No es mi caso, pero muchas personas han tenido dificultades para tener acceso al mercado laboral, sobre todo las trans, y se han visto abocadas a la prostitución. También al no ser legal el matrimonio homosexual, muchas no cuentan con pensiones de viudedad”, recuerda. “Pienso en otras señoras que no tienen ni sueldo, ni pagas, por lo que una de las luchas es dignificar estas situaciones. Pero esto sólo se conseguirá si desde las escuelitas se enseña que podamos ser libres y nosotros mismos”. 

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