Fernando Ónega
Opinión

La historia más conmovedora

Fernando Ónega
Muere de cáncer a los 48 años sin lograr una cita presencial con su médico
Onega Fogonazos

 

Lo contó ayer 65ymas.com: se llamaba Sonia Sáinz-Maza. Tenía 48 años de edad. No consiguió una visita presencial a un hospital y falleció tres meses después de pedirla. Solo la atendían por teléfono. Tenía un cáncer con metástasis que por teléfono no se pudo detectar y la llevó a la tumba. Es una de las historias más conmovedoras de la pandemia. O la más conmovedora si nos olvidamos de los ancianos muertos en soledad, sin atención en muchas residencias, o marginados por los protocolos selectivos que decidían quién merecía atención según su esperanza teórica de vida. Pero Sonia es un símbolo. Es la personificación de la insuficiencia sanitaria en una pandemia que hizo crujir a los hospitales y desbordó al personal sanitario. Y se podría decir, para agravar el diagnóstico, que Sonia tuvo suerte, qué sarcasmo. Por lo menos le cogían el teléfono. Otros cientos, quizá miles de ciudadanos, tenían síntomas de Covid y no consiguieron atención telefónica. Estaban en la lista de espera que nunca terminó. Solo expreso un deseo: que el caso de Sonia haya sido el único. Y me temo que no.

 

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