Fernando Ónega
Opinión

Vientos de frivolidad

Fernando Ónega
Vientos de frivolidad
Fogonazos

 

En la precampaña electoral de Madrid han ocurrido dos episodios mínimos, pero ilustrativos sobre nuestra clase política. El primero fue que don Pablo Iglesias tenía previsto permanecer en la vicepresidencia hasta el comienzo oficial de la campaña. Si un sociólogo privado, de la compañía Metroscopia, no hubiera descubierto que la ley electoral obliga a dimitir antes de la proclamación de candidatos, el señor Iglesias estaría ocupando ilegalmente su cargo durante tres semanas y podría verse obligado a retirar su candidatura. El ridículo sería monumental. En el otro bando, el del PP, el señor Toni Cantó fue presentado como gran fichaje para la lista de Díaz Ayuso. Tuvieron que ser también medios privados quienes descubrieron lo que dice la ley: que hay que estar empadronado en el territorio electoral desde el 1 de enero para poder ser candidato, y Cantó se empadronó cuando le hicieron la oferta. Se estuvo a punto de otro ridículo. Ya digo que son episodios menores. Pero quienes aspiran a ser el poder legislativo de una comunidad lo menos que pueden hacer es conocer su legislación. Si no lo hacen, no queda más remedio que pensar que todo es de una inmensa frivolidad.