Sociedad

La cruda realidad de la España Vaciada: 1.840 pueblos, a punto de desaparecer

Pablo Recio

Viernes 14 de febrero de 2020

7 minutos

Los protagonistas que sufren la despoblación cuentan como es su día a día

La cruda realidad de la España Vaciada: 1.840 pueblos, a punto de desaparecer

Los problemas causados por la despoblación, sobre todo en provincias como Teruel y Soria, han pasado a estar en boca de todos. Raro es el partido político que no incluya en su programa un apartado sobre la España Vaciada. Incluso, en esta nueva legislatura ha pasado a formar parte del parlamento una agrupación como Teruel Existe,​ cuya finalidad es acabar con esta situación. A lo que hay que añadir que, a raíz de la conformación del nuevo Gobierno de coalición, se ha creado una vicepresidencia de Transición Ecológica y Reto Demográfico para abordar el asunto. 

Y es que no se trata de un problema menor. A día de hoy y según datos del Instituto Nacional de Estadística, se puede afirmar que en 3.000 pueblos ya no reside nadie y el Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona cifra en 1.840 los pueblos que están a punto de desaparecer en los próximos años. Es más, según las plataformas de la España Vaciada, el 80% de los municipios españoles están en peligro de extinción debido al envejecimiento, la falta de servicios y al progresivo éxodo de sus habitantes a las grandes ciudades. Por esta razón, 65Ymás ha querido saber cómo se vive en el medio rural español y ha entrevistado a algunos de sus protagonistas.

Jubiladas en la España Vaciada

Pilar Casal
Pilar Casal, pensionista, es miembro de la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (Fademur) y vive en Lumbreras de Cameros. 
 

Pilar Casal (65 años), exfuncionaria de la Seguridad Social​ y ganadera, reside en Lumbreras de Cameros, un pequeño municipio de La Rioja a unos 50 km. de Logroño, en el límite con Castilla y León. Aunque oficialmente hay empadronadas unas 160 personas, ya sólo viven 20 durante todo el año. "Antes éramos más, pero muchos han fallecido. Familias con hijos no queda ninguna. Probablemente, yo sea de las más jóvenes", asegura.

Desde que se mudó a Lumbreras, hace 20 años (antes vivía en Madrid), ha visto progresivamente vaciarse el municipio. Y los que permanecen, suelen ser la mayoría "hombres solteros" que se dedican a la ganadería, muchos de los cuales son ya mayores. 

En paralelo, el municipio se ha ido quedando sin servicios. Ya no tienen tienda, ni bar, sólo un local polivalente del Ayuntamiento que "no siempre abre" y que sirve para ambas funciones. 

Para cualquier compra o para ir a la consulta del médico (que según Pilar funciona "bastante bien"), deben ir a pueblos cercanos o desplazarse hasta la capital, que está a una hora en coche o dos en autobús regional. De esta manera, se dan situaciones surrealistas, pero muy comunes, como que en algunos casos deban hacer noche en Logroño, porque hasta el día siguiente no hay forma de volver en transporte público. 

Todo esto hace que el ambiente en el municipio se haya enrarecido. El pueblo se ha vaciado y en rara ocasión se ve gente en la calle. "Salvo cuando traen el pan a las 12h.", matiza. Aun así, esta situación no le afecta tanto a Pilar, como sus vecinos, porque ella sigue conduciendo y baja a menudo con su marido a la capital. "Digamos que procuro tener una vida, aunque sea a costa del coche", apunta.

Sin embargo, para los demás, la historia es muy distinta. "Los hombres se han quedado solteros ya que no hay ambiente. Me decía uno de ellos, que ya no tenía ganas de arreglarse, porque a él, nadie le dice de ir a Logroño como a nosotros. Entonces, se tumba en el sofá, y a la cama", relata.

Además, tampoco se fomenta que los jóvenes se instalen en la localidad. "Mi hijo y su novia se quieren venir pero no tienen casa para alquilar. Ni cara, ni barata, puesto que la gente la tiene para veranear y las que hay del Ayuntamiento, de titularidad pública, no se las han concedido", critica. 

carmiña
Carmen Álvarez, miembro de Fademur, vive en Nullán (Lugo).  

 

Algo parecido le pasa a Carmen Álvarez (71 años). Ella vive en Nullán, un pueblo de la provincia de Lugo, y tiene los mismos problemas que Pilar, pero con un agravante: no conduce. "Hoy fui a la capital a hacerme unas pruebas a 30 y pico kilómetros, y he tenido que coger un taxi. Con unas pensiones de 600 euros, ya no te queda ni para comer", señala y asegura que "para tomar un café" tiene que "irse a 10 km." de distancia. 

En su localidad, residen 30 personas y tampoco cuentan ya con casi ningún servicio. "Antes había parroquia, colegio ('hace 17 años que no nace ningún niño') y muchas viviendas abiertas", recuerda. 

Pese a todo, no es de los pueblos más perjudicados de la zona. "Los hay en los que todo ha cerrado u, otros, en los que sólo vive un matrimonio. En diez años, aquí no va a quedar nadie", se lamenta.

Y la situación le entristece, puesto que esta mujer, que ha vivido gran parte de su vida de la agricultura y trabajando como panadera, no resigna a dejar su pueblo. "Se vive más tranquilo, mejor que en la ciudad y en un entorno natural", señala.

Testigo privilegiado de la despoblación

Miguel Blanco.
A la izquierda, el sacerdote Miguel Blanco y sus parroquianos de Pardavedra, un pueblo cercano a Allariz (Orense).
 

Muchas veces, los últimos servicios que quedan en los pueblos son los de la Iglesia. Y el sacerdote Miguel Blanco, que atiende a ocho parroquias de la zona de Allariz, en Orense, es prueba de ello. Además de oficiar misa (de viernes a domingo para llegar a todas las aldeas) y de hacerse cargo, con ayuda de los feligreses, de la restauración y mantenimiento de los templos, este cura realiza una labor diaria de lucha contra la soledad no deseada que padecen muchos de los vecinos.   

Así, coordina actividades para que los lugareños, la mayoría de ellos mayores, lleven a cabo en la medida de sus posibilidades "un envejecimiento activo". Pero no es tarea fácil, puesto que cada vez hay menos sitios donde poder socializar y esto va "progresivamente empobreciendo" al pueblo. "Es una situación que se comenta a menudo y que la gente asume. Al mismo tiempo, los que permanecen aquí son casi como héroes que mantienen su forma de vida, costumbres y tradiciones", afirma. Con todo, sí que logran llevar a cabo talleres y utilizan en ocasiones los antiguos colegios a modo de centro de cultural. 

"Lo vives con un sentimiento ambivalente. En primer lugar, me da pena la despoblación y que haya poca vida. Pero al mismo tiempo, siempre está esa paz de estar con los últimos. Hoy los pobres en esta sociedad europea, o capitalista, son los que viven en los pueblos y los abandonados del tejido social, los que ya no consumen como otros", sostiene. 

Médico de pueblo

Manuel Gimeno
Manolo Gimeno, médico jubilado de la sanidad pública y miembro de Teruel Existe.

 

Los médicos de pueblo, que en muchas ocasiones deben desplazarse a varios municipios en un mismo día para atender a una población rural cada vez más envejecida, son también testigos directos de la despoblación rural. Manolo Gimeno (69 años), doctor jubilado, que hasta que se retiró, trabajaba en el centro de salud de Cedrillas (Teruel) y llevaba tres pueblos (Allepuz, Ababuj y Miravete), asegura que falta personal sanitario en estas zonas de España. "Hay dificultades para que te sustituyan en vacaciones y en enfermería, a veces no se cubren las bajas. Por ejemplo, en época vacacional, cuando la demanda aumenta porque viene gente de fuera, en vez de llevar tres municipios, tienen que dar servicio en seis", denuncia. Además, critica, "te tienes que desplazar con tu propio vehículo y lo que te dan no compensa ni para las ruedas de nieve".

Por otra parte, cuando es el paciente el que debe ir a la capital para hacerse "pruebas complementarias", suelen tener muchos problemas para llegar, por "los problemas que tiene Teruel con las comunicaciones". Y es que para este médico, "las políticas de Estado" en relación con la España Vaciada "han sido puro maquillaje, porque no ha habido un verdadero interés en que salgan realmente adelante". "Queremos tener las oportunidades que nos han robado. Además, pienso que la atención en el medio rural es más barata, ya que en las ciudades hay una serie de enfermedades muy invalidantes que no se dan aquí", sostiene. 

No obstante, Manolo reconoce que, en lo que a atención médica se refiere, han avanzado. Y lo dice con conocimiento de causa, puesto que recuerda que en los 70, cuando empezaba con su carrera como profesional, los médicos de pueblo tenían que tener "disponibilidad de 24 h., los 365 días de año". Asismimo, la mayoría de agricultores no tenían Seguridad Social y tampoco contaban con UVI móvil o helicóptero para emergencias. "A cambio, establecíamos una relación especial con los pacientes. Éramos sus confidentes, amigos, compañeros...", matiza.  

Las nuevas generaciones

Raquel
Raquel Benedi, maestra en Aguaviva (Teruel) y miembro de Teruel Existe. 

 

Otra especie que, de alguna manera, está en peligro de extinción es el maestro de pueblo. Cada día son menos, porque no nacen niños. Y una de ellas, Raquel Benedi, que ejerce en Aguaviva (Teruel), cuenta a este diario que, desde que empezó a trabajar en el colegio del pueblo, han pasado de 55 a 35 niños. "Tengo 11 alumnos en clase. Son de cuarto, quinto y sexto de primaria. Mezclar edades es algo que se lleva mucho hoy y aquí lo tenemos de forma natural", ironiza. 

Aunque desde el punto de vista pedagógico es más agradecido tener menos niños en el aula, puesto que se puede trabajar mejor con ellos, la mujer vive esta situación "con pena". "En un pueblo sin niños no hay alegría. Si se cierra la escuela, se acaba el pueblo. Muchas veces hablamos con las compañeras y decimos: 'No sé si nos jubilaremos aquí'", asegura. Y nada apunta, de momento, a que la situación se vaya a revertir: la gente joven rara vez vuelve. "Muchos dicen: '¡Qué bonito el pueblo!', pero sólo se quedan en fiestas. Los niños vienen, ven a los abuelos y es una inyección de dinero para las tiendas, pero su vida está en otra parte", concluye. 

0

No hay comentarios ¿Te animas?