Fernando Ónega
Opinión

La cara oscura de las vacunas

Fernando Ónega
La cara oscura de las vacunas
Fogonazos

 

Al miedo, a la desolación, al dolor y a la soledad que provocó el coronavirus solo le faltaba esto: que no funcione el Plan Nacional de Vacunación. Y estamos en malos días. Malos y deprimentes. Se están produciendo retrasos. Se está creando incertidumbre. Hay sospechas de que se sirven dosis a los países quienes pagan más por ellas. Se especula económicamente con la salud. Quizá las farmacéuticas fabricantes no tienen capacidad suficiente para satisfacer la demanda. De todo eso hablan los medios informativos y la cuestión está entre la Unión Europea, dispuesta a llegar a los tribunales, y la empresa AstraZeneca. El hecho de que el conflicto sea europeo y de que todos los países de la Unión sufran el mismo problema no nos alivia. Ayer se cumplió un mes del reparto de las vacunas y 30 días después no se llegó siquiera a vacunar a todo el personal sanitario que más urgentemente lo necesita. Madrid suspende dos semanas las inyecciones. Cataluña agota hoy sus reservas. Después del alborozo inicial, la decepción. Y el número de muertos, subiendo. Yo solo sé decir una cosa: no hay derecho.