Fernando Ónega

El último follón político se llama “cloacas del Estado”. Reaparecieron porque Pablo Iglesias decidió explotar el espionaje que sufrió su partido por la “policía patriótica”. Reaccionó bien Grande-Marlaska al asegurar que ya no existen porque él las desmanteló. Propongo una reflexión: seríamos ingenuos si pensásemos que un Estado no tiene cloacas. Las tuvo, las tiene y las tendrá por seguridad y para labores “impresentables” que no se tratan ni en la Comisión de Secretos Oficiales. ¿Qué es lo ilícito? Que no solo espíen, sino que inventen informes falsos; que usen su poder para destruir honras y derribar partidos; es decir, que se conviertan en bandas mafiosas. Las mafias son el peligro. Las cloacas, una necesidad.